José Antonio Lagares: El hombre de Donín que disfrutaba su profesión


Las paredes de la casa de José Antonio Lagares Pico estaban forradas con numerosos diplomas. Porque para él su formación profesional era tan sagrada como su familia. Inspector veterinario de salud pública, José Antonio dejó una profunda huella entre sus colegas de profesión, bien desde su labor en el matadero de Montellos (Betanzos), o en labores más administrativas y de formación para la Consellería. «Gustáballe tanto o seu traballo que deu moitas charlas de xeito gratuíto», recordaba ayer el presidente en funciones del Colegio de Veterinarios de A Coruña, Xoán Ramón Díaz Saavedra, quien destaca el importante papel del finado cuando apareció el primer caso de vacas locas en España. «El tiña ollo clínico, a súa implicación foi decisiva naquela diagnose», recuerda. El relato lo continúa Gerardo, uno de los dos hijos de José Antonio: «Recibió muchísima presión cuando descubrió aquel caso, pasó noches sin dormir, mucha gente de la Administración se le echó encima pero mi padre solo estaba preocupado de la salud de las personas».

A José Antonio Lagares le costaba alejarse del campo. Donín, una aldea de Paderne, era su centro vital, el lugar donde seguía vinculado a la naturaleza a través del ganado, su caballo o las incansables horas en la huerta. En Donín nació y en Donín pasó los últimos días de su vida, cortada abruptamente a los 58 años por la complicación de una larga enfermedad.

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