Tras varios días sin agua, los vecinos recelan del servicio, repuesto con cisternas de dudosa higiene
06 ago 2026 . Actualizado a las 19:04 h.Cesuras sigue siendo el hermano pobre del concello fusionado hace 13 años. Numerosos vecinos llevan días arrastrando graves problemas con el servicio de agua, primero interrumpido, pero luego repuesto en unas condiciones de muy dudosa calidad. «Todo Cesuras olía a purín», sentencia Verónica, portavoz espontánea de los damnificados, repartidos por varias zonas del municipio de Oza Cesuras. «Ahora mismo tenemos agua, pero es de un blanco efervescente, como si hubieran abusado de productos químicos para su restablecimiento», indica esta vecina de Bragade.
El corte se produjo el pasado jueves 30 de julio, y en algunas casas incluso el 28. El domingo por la noche el agua regresó a parte de los grifos de Cesuras, pero, además de desembocar con un color marrón e incluso negro, despedía un fortísimo olor a purín.
Hasta el anuncio del Concello estuvo mal parido. «Informaron de que volvía el servicio por la cuenta de Instagram, cuando muchos vecinos, especialmente los más mayores, no tienen redes sociales», apuntan los residentes, que se alarmaron a los dos días cuando vieron llegar las cisternas con las que se llenaba el depósito de Cesuras. «Eran cisternas que se usan para el traslado de purines», denuncian. Así las cosas, llegaron incluso a plantarse ante los vehículos para impedir el llenado del depósito. Critican la actitud de uno de los conductores, que llegó a rozar a los manifestantes, y la del alcalde, porque nadie avisó de que el agua no era apta. Solo el sentido común de los propios vecinos ante el olor y el color evitó graves problemas de salud.
Hoy siguen desconfiando del agua que llega a sus casas, porque «incluso tiene burbujas». «Yo tengo que hacer 20 kilómetros para ducharme en casa de unos familiares, nuestras tuberías tienen que estar impregnadas de bacterias de purín de los primeros días, esto es un desastre», añade Verónica. Este grave episodio también ha afectado a negocios como restaurantes y casas rurales, que se han visto obligados a cerrar o improvisar costosas soluciones.
El alcalde, Pablo González Cacheiro, señaló que hará una valoración de lo ocurrido estos días. Este mismo jueves la concesionaria Espina y Delfín emitió un bando asegurando que el agua ya es apta para el consumo tras las últimas analíticas. Pero los vecinos ya no se fían después de sentirse abandonados durante una semana.