Velutinas, Manuel os está vigilando

A los 81 años, este vecino de Oza dos Ríos estudia el comportamiento de las avispas para elaborar las trampas

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Oza-Cesuras / La Voz

Las velutinas no están teniendo fácil la colonización de Oza-Cesuras. Y Manuel es el culpable. Tiene 81 años, todo el tiempo libre del mundo, y ha decidido dedicarlo a eliminar esta plaga imposible que está comprometiendo sus colmenas de abejas. Ha salido en su defensa con un arma muy difícil de combatir: la paciencia. «Levo dous anos estudando o seu comportamento», dice en su casa da Regueira, a pie de la carretera AC-840. Recientemente llevó a las dependencias del Ayuntamiento varios botes con trescientas reinas capturadas. «E agora xa vou por máis de 400». Solo hay que multiplicar esta cifra por 2.000 para calcular el número de avispas que Manuel Pedreira ha evitado al entorno, cerca de un millón de avispas asiáticas. ¡Un millón!

Todo comenzó como una especie de serendipia, una observación casual que le llamó la atención. Vio cómo una avispa se colaba en el muro sur de su finca. Cada cinco minutos entraba y salía. Así se quedó mirando un buen rato -ventajas de la jubilación- y por la noche tapió el agujero. Esperó pacientemente una semana y posteriormente retiró un pequeño nido «que xa tiña larvas ben grandes».

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Paralelamente, la miel de sus colmenas se reducía de forma drástica. «As abellas non podían saír, estaban rodeadas polas velutinas, igual que agora, mira...». A tres palmos se observa. Es martes 10 de julio al mediodía, un sol que multiplica los zumbidos. Y sí, varias velutinas bloquean la salida de las abejas. Si no salen no hay miel. «Teño visto ás veces varias abellas trincando a unha vespa...». Pero son las menos de las veces. Contactó con Lolo Andrade, uno de los mayores especialistas de Galicia en la eliminación de la velutina, pero Manuel antepone sus propias experiencias a los consejos del experto. «Dixo que colgaramos as trampas nas camelias, que ás velutinas lles gustaba moito... pero nada», explica Manuel Pedreira, cuya esposa, Asunción, le animó a profundizar en la investigación de estos insectos. En lugar de colgar las trampas, Manuel opta por colocarlos encima de bidones por el medio del huerto. Atención a la mezcla: «Arándano, cervexa negra e viño branco». Y aclara: «O viño vale do barato, tampouco hai que arruinarse». Y así, cada día, así como otros van al gallinero a recoger huevos recién puestos, Pedreira se repasa las trampas retirando avispas para volcarlas en un bote de cristal que se va llenando con el paso de los días y cuya visión le anima a no desistir.

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Pero en esta finca particular no se improvisa. Manuel anota el número de cada captura y la temperatura de esa jornada. Estrenó las trampas el 12 de abril de este año. «O primeiro día, só unha raíña en oito trampas...». Pero después fue un no parar. Hasta las más de 400 reinas y miles más de clase llana.

En el camino de regreso a la casa muestra un panel abierto con restos de insectos descuartizados. «Son velutinas», sentencia. Realmente está presentado al periodista otro tipo de trampa ideada por él. «Boteille mel e púxena un día de calor cerca das colmeas». La intención era despistarlas y dejarle el paso libre a sus abejas. Y ya de paso, se las cargó. «Collín isto (isto es una espumadera) e machaquei nelas, nun só día, 1.800».

-Nunca lle picou unha velutina?

-Un día, si. Foi dándolle un puñetazo. Ao machacala xa notei a picada,... pero ela levou a peor parte.

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