La última de la aldea

Muchos lugares se mantienen con vida con una única persona. Visitamos dos núcleos de la antigua Cesuras

A la aldea de Emilia le queda tanto de vida como a ella. El día que Emilia muera, morirá este núcleo de casas en el que esta mujer es la única que resiste. Pese a la marcha de los hijos. Pese a la dura viudedad, que se remonta ya a 14 años. Emilia es un átomo solitario en medio del rural gallego. Mientras ella respire aquí, un lugar de Oza-Cesuras seguirá con vida. Después...

Pero falta mucho para ese día. Emilia tiene 82 años y un humor que aleja todos los problemas y los males de la soledad, en esta parroquia de Filgueira de Barranca. También la risa le ayuda a sobrellevar el reciente susto de un hombre que se hizo pasar por chatarrero. «Colleu unha barra de ferro e veu ata a porta, pechei como puiden e marchou», recuerda. Ocurrió hace dos meses y el concejal Andrés Taboada, presente en la charla, alude a ladrones rumanos que intentan engañar a las vecinas indefensas y solitarias. «Eu nunca fun medosa, pero dende ese día ando con máis ollo», apostilla Emilia mientras señala con nostalgia las otras dos casas del lugar, de cuando estaban habitadas, de cuando había un mínimo de vida social al cruzar el umbral de casa. «Sempre nos levamos moi ben, nunca rifamos, nunca, nunca».

-E agora?

-Agora falo coas fillas por teléfono [tiene cuatro; un hijo varón murió con 49 años] e coa televisión. É a miña compañía.

Eso en un día normal, de lunes a viernes, porque los fines de semana recibe visitas de su amplia descendencia con siete nietos y, ojo a esto, once bisnietos. A excepción de unos cuatro años después de su boda, cuando vivió en la parroquia de Fisteus, Emilia siempre residió en esta casa, que ella misma reconstruyó con su modesta paga de pensionista. Por eso le perdona esa barrera incómoda de escalones hacia la habitación, que ponen a prueba cada noche su artrosis. «Chégame moito». Su hermana María la ha invitado a su casa de Fene, pero Emilia siempre declina. Es un tercero sin ascensor.

.Emilia reside en un lugar de Filgueira de Barranca (Oza-Cesuras, A Coruña). Junto con Enriqueta, que habita en otro lugar diferente, es la única habitante de todo el núcleo
Emilia reside en un lugar de Filgueira de Barranca (Oza-Cesuras, A Coruña). Junto con Enriqueta, que habita en otro lugar diferente, es la única habitante de todo el núcleo

A cierta distancia, pero en la misma parroquia, Enriqueta López, de 67 años, también mantiene los latidos de otro lugar de cuatro casas. Tiene tres vacas, tres perros, innumerables gatos y una burra. «Hai días que falo cos animais, con quen vou falar?».

Laika es una perra marrón que la sigue allí adonde va. Es su sombra. Pero por aquí también pasan bípedos. «Teño boa relación con todos os que pasan por aquí». Los dos repartidores de pan. O el de la camioneta que transporta medio ultramarinos. Y también con la taxista, María, la favorita de todas estas mujeres a la hora de acudir a Curtis a hacer la compra. Enriqueta tiene dos hijos que también están pendientes de ella.

Viuda (y sola) desde el 2012

Su marido murió hace seis años y ella lo cuenta como si de un episodio de realismo mágico se tratase: «O meu home tiña un amigo do que non se separaba. Os dous enfermaron. E os dous morreron o mesmo día, o mesmo día».

¿Alguna vez se ha planteado dejar este sitio para vivir en compañía de más personas? «Moitas veces me acordou iso, pero non vou empezar agora a matar os animais, teño que coidalos»

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