«Levamos meses dicindo aos nenos que non deben compartir as súas cousas», avisan desde Aseduc

La asociación, con sede en Oleiros, constata un inquietante cambio de comportamiento entre los menores a causa de la pandemia


Oleiros / La Voz

¿Cómo se enseña a tratar las emociones a través de una videoconferencia? ¿Cómo se percibe la comunicación no verbal de los jóvenes en la plataforma Zoom mientras se les habla de asuntos que les preocupan? ¿Cómo se custodia un punto de encuentro en medio de una pandemia? Ninguna respuesta es sencilla, pero todos los días tienen que buscarle respuestas desde la Asociación Socio Educativa para la Educación (Aseduc), con sede en A Coruña y Oleiros.

En el local de Santa Cruz nos reunimos con dos de sus coordinadoras, Viviana Varela y Noelia García. Ellas y su equipo intentan dar continuidad a una labor indispensable para muchas familias, resolver problemas que se han agudizado con el covid y a los que el propio coronavirus pone ahora más trabas para solucionar.

Nacida en el año 2006 como una asociación para la prevención de drogodependencia, Aseduc ha evolucionado hasta acaparar un amplio espectro de problemáticas sociales. No solo resuelven conflictos familiares o de menores en colegios, también han entrado en la prisión de Teixeiro para trabajar con reclusos de tercer grado.

Y cuando la curva de la pandemia repunta, la mayor parte del trabajo y los contactos personales se reducen a una pantalla de ordenador todo el día. «E iso é esgotador, para todas as partes, é imposible manter a atención dos alumnos e estar explicando ao cen por cen», coinciden. «Antes de que chegara a pandemia traballabamos de xeito presencial, gústanos o contacto, e agora estamos perdendo a linguaxe non verbal, era un traballo moi cercano á xente pero agora...», explica Varela mientras se encoge de hombros. Ganarse a los jóvenes forma parte del éxito de sus métodos, y mantener su atención a través del ordenador resulta difícil y poco edificante.

En los días duros de la tercera ola tuvieron que hacer frente a algún proyecto que acaba resultando paradójico. «Impartimos un curso de formación emocional en tempos de covid-19 para profesionais que traballan con menores», dice Viviana con gesto de haber hecho lo se pudo a través de los canales telemáticos.

Pero la parte más preocupante de estas nuevas normas de trabajo ocurre con los jóvenes, el germen que motivó el nacimiento de Aseduc. «Agora todo o mundo ten que estar no seu espazo, quieto. Agora menores, adolescentes e familia traballamos vía on line, e menos veces en aula con vinte e pico rapaces. Pero como nos afecta isto? Temos que dedicarlles menos tempo», explican. Cuando las restricciones se relajan y pueden llevar a cabo su labor de forma presencial, «intentamos que as familias non coincidan entre si, e o repartimos máis ao longo do tempo».

En prisión

En el caso de la prisión de Teixeiro, donde desarrollan programas de competencias sociales y educativas con los reclusos, han tenido que mudarse a un aula más grande al tiempo que ven reducir el número de usuarios presenciales. Así que hay que sacrificar a algunos y decirles que, de momento, no pueden asistir al programa. «O noso criterio para seleccionar é os que están educativamente peor, con analfabetismo, problemas de control de ira, de emocións, porque traballamos tamén problemas sociais, non so lingua ou matemáticas».

Viviana y Noelia están en primera línea para conocer los cambios de comportamiento que provoca una situación tan extraña y brutal como la pandemia. Volvemos a hablar de menores. «En primaria, o que estou notando é un gran egoísmo, levamos meses dicíndolle aos nenos e nenas que as súas cousas son súas e non se poden compartir. Logo ves que alguén pide unha goma de borrar e nace un conflito. Teremos problemas se continuamos así», explica Viviana.

«Os de secundaria estanse acostumando a estar na casa. Iso das gañas de saír, non, máis ben ao contrario, conectan entre eles a través das redes e os videoxogos. Incluso xustifican que non lles deixan facer deporte, cando individualmente si se pode. Xustifican a pasividade», añade Noelia García, quien recogió de varias jóvenes un comentario que tampoco invita al optimismo. «Moitas me dicían: ‘‘Lo que nos salvó de la cuarentena fue el Tik Tok'', en fin, resulta pouco alentador».

Su compañera prevé que esa falta de contacto social, esa acomodación al espacio doméstico, podría acabar generando problemas sociales, de identidad sexual, de ira. «Agora os adolescentes, e tamén aos adultos, se lles da mellor aclarar as cousas por WhatsApp que cara a cara. E tamén se están soltando algo máis grazas á mascarilla, porque seguen recluidos en si mesmos», señala Viviana.

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«Levamos meses dicindo aos nenos que non deben compartir as súas cousas», avisan desde Aseduc