Queda en libertad el hombre que se atrincheró en Oleiros e hirió a un agente

El exinspector de la Policía Nacional, de 83 años, podría sufrir algún trastorno psiquiátrico y es investigado por un delito de atentado cualificado, lesiones y violencia de género


A Coruña

El hombre que el pasado viernes se atrincheró en su domicilio de Oleiros durante 12 horas tras amenazar de muerte a una expareja y disparó hasta en tres ocasiones contra agentes de la Guardia Civil quedó en libertad. El juzgado de Instrucción número 4 de A Coruña le tomó este lunes declaración y decidió que regresara a su domicilio. Eso sí, con las armas intervenidas. No obstante, quedó como investigado por dos delitos de intento de homicidio y uno de violencia de género

Una vez que el amotinado se entregó de forma voluntaria a la Guardia Civil el sábado a primera hora tras ser convencido por un agente desde la calle mientras el hombre se asomaba a la ventana, fue trasladado de inmediato a un centro médico para evaluar su estado. Poco trascendió del informe más allá de que el ahora encarcelado padece algún tipo de trastorno psiquiátrico. Ya los vecinos sospechaban de que la actitud del investigado «no era normal». Hablan de que había tenido enfrentamientos con varios de ellos debido a su «obsesión» por las zonas de aparcamiento; si bien nunca pasó de las palabras. Un médico forense le realizará un informe psiquiátrico para comprobar si puede o no ser imputado.

Una vez que declaró ante el juez por los hechos sucedidos en Oleiros, se iba a enfrentar a un juicio rápido por el presunto delito de violencia de género. Pero el juzgado decidió abrir diligencias previas y también decretó su libertad.

Todo comenzó el viernes a primera hora de la tarde, cuando amenazó a una mujer con la que años atrás había mantenido una corta relación. la víctima acudió acompañada al cuartel de la Guardia Civil de Oleiros para presentar la correspondiente denuncia. De inmediato, sobre las 17.00 horas, una patrulla se desplazó a la casa del acusado. No contestó. Regresaron más tarde, y tampoco. Hasta que en una tercera visita, sobre las 22.30 horas del viernes, los agentes volvieron a llamar a esa puerta del bajo del número 17 de la Rúa dos Niños (un conjunto residencial frente a la playa de Bastiagueiro) y el hombre, sin llegar a abrir la puerta, disparó desde el interior con una escopeta de caza, de la que tenía licencia en vigor. Los guardias se cubrieron en la calle, frente a su ventana y volvió a disparar contra ellos. Esta vez fueron dos tiros, alcanzando a uno de ellos con una esquirla en el cuello. Le rozó, por lo que, afortunadamente, resultó con una herida leve. A partir de ahí, la zona se llenó de agentes. Acudieron unidades de seguridad ciudadana y de la Policía Judicial de la Comandancia de A Coruña, que se desplegaron por el edificio, calles aledañas y hasta en los tejados, que se llenaron de francotiradores. 

Intentaron que depusiera su actitud, pero el ex policía jubilado se opuso. Los agentes fueron puerta a puerta exigiendo a los vecinos que no salieran de sus hogares y cerrasen a cal y canto ventanas y persianas. «No pegué ojo en toda la noche. Tuve mucho miedo», dijo uno de ellos. Ya a las diez de la mañana, un agente a cara descubierta arriesgó su vida para intentar alcanzar un acuerdo con el atrincherado. Lo hizo desde la calle, desde la parte trasera del edificio. El hombre se asomó y en cuestión de dos minutos abrió la puerta y salió desarmado.

El atrincherado de Oleiros se entrega después de doce horas y tras herir a un agente

Emiliano Mouzo / Alberto Mahía

Recibió a la Guardia Civil a tiros cuando acudía a detenerlo por un supuesto caso de violencia machista e hirió de carácter leve a uno de los agentes, que recibió la esquirla de un proyectil en el cuello

Fueron 12 horas de infarto. Hasta que todo terminó cuando un agente a cara descubierta, desprotegido para dar confianza al hombre armado de 83 años, le hizo ver desde la calle que lo mejor que podía hacer era entregarse y no empeorar todavía más las cosas. Por su bien y por el de todos los vecinos, que habían pasado la noche encerrados a cal y canto en sus casas  El atrincherado, asomado a la ventana, junto a un gran cuadro de la Virgen María, escuchó los consejos y en minutos abrió la puerta y se dejó esposar sin más. Ocurrió en Oleiros, en la rúa dos Niños, un conjunto residencial con buenas vistas a la playa de Bastiagueiro.

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