60 años juntos, 110 días separados

Desde el 14 de febrero Florencio no puede visitar a su mujer en la residencia pública de Oleiros. Pero ya tiene fecha: mañana


Oleiros / La Voz

El azar quiso que el último San Valentín fuese también el último día en que Florencio estuvo con el amor de su vida. El 8 de enero de este año, su mujer, Montserrat Matarán, ingresó en la residencia pública de Oleiros a causa de una demencia cuyos primeros síntomas asomaron hace siete años. Así que Florencio se desplazaba todos los días desde su casa de Iñás hasta la residencia para estar con ella. «Desde las once hasta la hora de comer, luego me bajaba al bar y volvía con ella hasta la merienda», recuerda Florencio, un hombre de 92 años perfectamente escondidos en un aspecto físico envidiable.

«El 14 de febrero me dijeron que ya no volviera, que iban a cerrar por el coronavirus, y desde entonces llamo todos los días», dice Florencio, oriundo de Soñeiro (Sada), y quien ha acompañado a Montserrat, natural de O Barco de Valdeorras, en los últimos 60 años. «Yo era viajante de ropa, ella tenía un comercio en un pueblo de Ourense y así empezó todo, luego nos vinimos a un piso en Cuatro Caminos», cuenta. Ahora, lo que le toca contar son los días que llevan separados. «107 o 108 días sin verla», dice. Técnicamente no es exacto, porque durante todo el confinamiento, que ha pasado en compañía de uno de sus dos nietos, ha podido verla a través de dos videoconferencias. La primera le alegró la vida. Pero la segunda… «Ahí la vi muy desmejorada, me quedé preocupado, me dijeron que le cuesta comer», agrega Florencio ante la finca de Iñás que durante muchos años fue un vivero de plantas. Por eso en cada llamada diaria siempre se repite la pregunta del apetito, que si come, que si coge fuerzas, porque ya sabe que lo otro, lo de la demencia, no tiene arreglo.

Achaca la involución de su mujer a que no pasea al ritmo que él le exigía. «Conmigo siempre caminaba mucho, la hacía moverse, y supongo que ahora, aunque está muy bien atendida, no es fácil que siempre esté alguien con ella las 24 horas, por eso estaba yo a punto de ingresar».

-¿Usted? ¿Iba a ingresar en la residencia?

-Sí, si no hubiera venido la pandemia a finales de febrero yo ya habría ingresado.

-Pero se le ve muy bien para estar en una residencia.

-Pero ya tengo 92 años y ella está allí, ¿me comprendes? Y donde esté ella, tengo que estar yo.

Se llevan 13 años de diferencia. Y el coronavirus tampoco ha permitido celebrar sus cumpleaños, dos fechas tan entrelazadas como su cariño. «Ella cumple el 24 de marzo, yo el 25», dice.

La mejor noticia

Apenas tres horas después de entrevistarse con La Voz, Florencio recibe una llamada de la residencia como si abrieran los cielos. «Me han dicho que este miércoles a las diez y media la voy a ver…», dice emocionado. Pasará un estricto protocolo donde se le colocará un equipo de protección y podrá compartir unos minutos con la que es su mujer desde hace casi 60 años. «Volveré a ser su enfermero».

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