Agustín Gimeno: «Sin nosotros, 80 familias del entorno de Santa Cruz vivirían en la miseria»

El responsable de Cáritas de Liáns conoce la realidad más dura de uno de los municipios más ricos del país


Oleiros / La Voz

Bajo la renta per cápita de Oleiros, una de las más altas de Galicia, se esconde una realidad que no aflora en jardines cuidados ni en promociones de viviendas de lujo. Agustín Gimeno (La Almunia, Zaragoza, 1950) dirige desde hace diez años una de las tres Cáritas que desarrollan su labor en el municipio. A la suya confluye gente del entorno de Santa Cruz, Liáns, Arillo y el núcleo del municipio.

-Cuesta vincular Oleiros con problemas de pobreza.

-Oleiros es un bluf.

-¿Un bluf?

-El alcalde es muy hábil y vende muy bien Oleiros, pero si luego profundizas... Los servicios sociales son buenos, pero tienen limitaciones de tipo burocrático que hace que no puedan atender a toda la gente, que son los que acaban viniendo a nosotros. Y no son pocos. Sin cubrir todo el municipio y, entre otras muchas cosas, repartimos 30.000 kilos de comida al año.

-¿Cuándo comenzó en esta labor?

-Al jubilarme me planteé que quería devolver a la sociedad un poquito de lo que me habían dado a mí, y creo que Cáritas es la mejor opción. Fue en el 2010. Empezamos tres personas con un almacén ridículo, atendiendo a menos de diez familias. Fue una época dura pero bonita porque nos quedábamos pronto sin nada, había que buscar debajo de las piedras.

«Repartimos más de 30.000 kilos de comida al año»

Luego vinieron muchos voluntarios, hay personas que aguantan el tirón y otras no, porque aunque es una labor satisfactoria tampoco es agradable ver siempre las miserias de la gente. Necesitamos gente joven, nosotros ya estamos muy usados. Hoy somos 15, unos 10 habituales y otros que van y vienen. El voluntariado es difícil.

-Diez familias en los inicios. ¿Y a cuántas atienden hoy?

-Calculo que alrededor de unas ochenta solo de Santa Cruz y su entorno. Sin nosotros, vivirían en la miseria.

-¿Qué perfil tienen?

-Unos sesenta son habituales. Un tercio son jubilados con pensiones pequeñitas, o de la Risga, personas que deben afrontar unos 300 euros de alquiler. Van al Concello y les dan alguna ayuda pero no soluciona. También nos piden para afrontar las facturas de la luz o el butano. Otro tercio son familias sudamericanas que intentan legalizar su situación, les tenemos que atender porque vienen con lo justo. Y el resto son personas que fluctúan, con trabajos precarios. Y muchas madres sin pareja.

«A nuestro ropero le llaman El Corte Inglés de la parroquia»

Cáritas mantiene unos protocolos de actuación con cada caso que llama a su puerta. «Lo primero que hacemos es una acogida y un acompañamiento, escuchamos lo que les pasa e intentamos darle solución, a veces basta con recomendarles ir a tal o cual Administración. Antes teníamos dos psicólogas, pero la labor de voluntariado no es sencilla, y cuando se ven tantas necesidades, te quemas.

-¿Hay pobreza vergonzante en Oleiros?

-Al principio sí que les costaba. Procuramos tratarlos con cariño y corrección. Hay un par de chicos que sí se pueden considerar como pobreza vergonzante pero se han recuperado.

-¿Cómo surten su ropero?

-Tenemos un servicio de ropero muy amplio, la gente dona tantas cosas y de tanta calidad que dos veces al mes desviamos ropa a otros sitios fuera de Oleiros.

-Por ropa no es.

-No, no es. Los que vienen le llaman El Corte Inglés de la parroquia. Las chicas que están allí les atienden siempre con mucho cariño.

-¿Se coordinan con el Ayuntamiento de Oleiros?

-No, con la Ley de Protección de Datos es muy difícil coordinarse, no se puede transmitir información.

-También prestan ayudas para el alquiler. ¿El bum urbanístico está expulsando población autóctona y a los menos favorecidos?

-No, porque hay zonas en Perillo y Santa Cruz con casas que se alquilan por 300 euros, aunque ahora están empezando a subir y no sé lo que pasará. Se han formado guetos donde viven los pobres de Oleiros.

-Sigue al frente de esta Cáritas a pesar de sus problemas de salud.

-Me toca acudir a diálisis. El año pasado estuve a punto de recibir un riñón, pero la operación se complicó y estoy vivo de milagro. Estoy limitado, pero sigo, en parte porque tengo enormes compañeros.

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