¿Cómo crear un Tíbet en Oleiros?

Daniel López Parada utilizó la técnica de hipoxia junto a su entrenador José Manuel Cardesín para recrear la falta de oxígeno a la que se enfrentará en Tour de Qinghai, una carrera que se desarrolla a alturas que rozan los 4.000 metros

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El entrenamiento de Dani López Parada con hipoxia para la Vuelta al lago Qinghai El entrenamiento de Dani López Parada con hipoxia para la Vuelta al lago Qinghai

Casi 5.000 kilómetros separan la casa de Dani López Parada (A Coruña, 1995) del lago Qinghai, en China. Eso en horizontal, porque en vertical la distancia tampoco es despreciable. El ciclista del BH Burgos, un corredor que empezó a pedalear en una ciudad que besa el Atlántico, se enfrentará a partir de mañana a alturas que se aproximarán a los 4.000 metros. Lo hará por territorio chino, a lo largo de las 13 etapas de la Vuelta al lago Qinghai, la prueba -de categoría UCI Continental- en la que el año pasado logró su primera victoria como profesional y adonde vuelve con ilusiones renovadas. «Intentaremos que este año caiga más de una etapa. Una estaría bien, ¡eh! La firmaríamos ya ahora, pero vamos a intentar que sean más», asegura ambicioso. Aquel triunfo llegó muy lejos de Galicia, en unas condiciones que poco o nada tienen que ver con el suave clima oceánico gallego. A través de las provincias chinas de Qinghai y Gansu, y de la Región Autónoma de Ningxia, -la zona más próxima al Tíbet del país- Dani López Parada se medirá a situaciones extremas. Porque si una altitud en la que se hace difícil poder llenar los pulmones de oxígeno fuese poco, la carrera recorrerá también zonas desérticas. Una de las metas será en el desierto de Tengger, 36.700 kilómetros cuadrados de arena a más de 1.200 metros de altura.

El reto es grande y Dani López Parada ha recurrido a algunos de los que más saben para tratar de recrear este infierno desde un pequeño despacho de la facultad de INEF en Oleiros y completar su preparación. Para eso contactó con José Manuel Cardesín, doctor en ciencias del deporte y, desde hace tres meses, también entrenador del ciclista gallego. Cardesín coordina un equipo que incluye especialistas en biomecánica, fisiología y en las nuevas tecnologías que están transformando los entrenamientos de los atletas profesionales optimizando la cascada de datos de los que los avances permiten hoy en día disponer. Todo con un objetivo que consiste, básicamente y en un lenguaje sencillo, en lograr que Dani pueda respirar mejor a esa altura.

Tratan de lograrlo a través de la hipoxia. Una palabra que cada vez suena con más fuerza en el deporte de élite. «Es una técnica bastante innovadora y que está bastante de moda en el ciclismo actual. La estamos utilizando para adaptarnos a una carrera con etapas por encima de los 3.000 metros e incluso alguna que pasa de los 4.000. Debemos hacer una preparación específica y adaptada a la altura y la ausencia de oxígeno. Sobre todo para alguien como yo que vive al nivel del mar».

Dani López Parada se conecta a esta máquina a través de una mascarilla mientras trabaja sobre el rodillo, pedaleando y cuidándose para no pasarse. También realiza entrenamientos pasivos, es decir, sentado y en reposo mientras respira. «La máscara lo que te provoca es una deficiencia de oxígeno. Todo debe ser muy bien controlado», advierte. «Notas la ausencia de oxígeno en cuanto haces algún gesto o cualquier movimiento, cuando te levantas. Es una excitación para el cuerpo que al final no está acostumbrado. Es lo que se busca», asegura Dani que mañana pondrá a prueba su preparación muy lejos de casa en un pelotón en el que se reencontrará con otro gallego y excompañero en el BH Burgos, Pablo Torres.

Una técnica que nació en la Unión Soviética para entrenar a pilotos de aviones 

«En la década de los cincuenta y los sesenta, los rusos comenzaron a utilizar la hipoxia. Por entonces las cabinas de los aviones no estaban presurizadas y por eso los entrenaban para que, en caso de problemas en el vuelo, pudiesen reaccionar», explica José Manuel Cardesín sobre una técnica que se popularizó en el deporte después de los Juegos Olímpicos de México de 1968.

«Al principio la hipoxia se utilizó mucho en deportes de resistencia para mejorar la hematología, descartando las disciplinas anaeróbicas. Eso ha cambiado y se ha descubierto que la hipoxia también funciona para otro tipos de deportes», asegura el entrenador personal de Daniel López Parada al tiempo que recuerda una fotografía de la selección de fútbol de Brasil que se hizo popular hace algún tiempo en la que se veía a los astros de la canarinha conectados a botellas de oxígeno tras jugar en Bolivia.

Ciclista y entrenador confían en que esta técnica dé resultado a Daniel y que sea una piedra de toque antes de la Vuelta cicilista a España, donde el corredor quiere estar una vez se ha confirmado la presencia del BH Burgos en el pelotón.

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