«En Santa Cruz se pescan lubinas de dos kilos»

María José y José Antonio son una pareja que pasa buena parte de su tiempo en la isla, buscando las mejores zonas donde tirar la caña


Oleiros

María José López vive en Santa Cruz desde hace cuatro años. Fue vigilante de seguridad y cocinera pero, por circunstancias de la vida, lleva mucho tiempo en paro, «y sin cobrar», puntualiza. Dice que encuentra trabajo en lo que puede; «más bien, en lo que me dejan», explica. Pero los ratos libres los disfruta siempre junto al mar, dando rienda suelta a una afición que le contagió su padre: la pesca

Dice que fuera de la época estival, cuando Santa Cruz se llena de turistas, el entorno del castillo es un verdadero paraíso para echar la caña. «Aquí tengo cogido lubinas de un kilo y medio y de dos kilos. Lo normal es pescar piezas más pequeñas, pero... sí, sí que pican», confirma. Y no solo lubinas. También pintos, maragotas, fanecas, sargos... «De noche siempre es mejor. De día las capturas son más bien escasas, a no ser que el mar esté muy picado y los peces vengan a refugiarse más cerca de la costa», explica.

Su marido, José Antonio Mañana, también pasa el tiempo pescando en el entorno de la isla de Santa Cruz, probando suerte en diferentes puntos. «¿Ves aquella zona, donde está el Trisquel? -señala hacia la mitad del muelle, donde está la cafetería-. Pues allí pescamos hace quince días, más o menos, cuatro lubinas en el margen de una hora. Fue increíble. Hacía buen tiempo. Así da gusto», se felicita. Y María José asiente: «Pero no siempre es así. A veces te pasas el día yendo de un lado para otro de Santa Cruz, sin pescar nada, casi por deporte», relata mientras recoge el sedal de la caña y lo vuelve a lanzar. Ella se toma su tiempo para poner el cebo: «Esto es mangón, que no es lo mismo que la senrada porque se coge en el mar y no en tierra. También uso longueirón, navaja, chipirón... Lo que haya cada vez», explica mientras maneja el sedal y el anzuelo con gran destreza, a pesar de unas largas uñas decoradas al detalle.

Sobre las mejores zonas para pescar María José lo tiene claro. «Antes iba mucho a Suevos, en Arteixo, porque vivía allí y acompañaba a mi padre. Esa es la mejor zona, desde mi punto de vista. Allí hemos cogido piezas enormes de lubina y de dorada. De varios kilos de peso...», explica. Y aunque reconoce que la costa de Oleiros es buena zona para los amantes de la pesca, puntualiza que ya no es lo que era: «En Santa Cristina antes se pescaba muy bien. En la zona del antiguo embarcadero y frente al hotel. Ahora poco hay, sobre todo desde que hicieron el nuevo muelle», se lamenta. Y su marido explica que las capturas también han bajado porque algunos marineros echan los aparejos muy cerca de la costa, «cuando tendrían que hacerlo mar adentro», se queja. 

Una tradición familiar

María José dice que lo del mar y la pesca le viene desde pequeña. «Aprendí de mi padre. Y yo enseñé a mi hermano cuando él tan solo tenía 2 años. Mi padre no es marinero, pero es muy aficionado», explica. Y sobre las capturas aclara que suelen acabar en el horno o la sartén. «¡Claro que nos las llevamos para casa! A veces se las regalamos a una tía, pero normalmente llevamos las capturas a casa para cocinarlas.». Y, como buena cocinera, ella apuesta por la lubina al horno: «Entera. Es como sale más jugosa». Y confirma que están buenas. Muy buenas: «Es que no tienen nada que ver con las de piscifactoría», dice.

María José y José Antonio son de los pocos que durante el invierno se aventuran a pescar con caña en la costa de Santa Cruz. Cuando azota el temporal lo hacen en la parte más resguardada o en el puente, pero en días soleados salen hacia el exterior de la isla. «En verano no se puede pescar cerca de la playa porque están los bañistas, así que solemos ponernos por el otro lado, hacia el mar abierto. Aunque no lo parezca, aquí si hay temporal el mar es peligroso. De hecho, si fuera hay olas de diez o doce metros, aquí entran con ocho metros de altura. Hace un par de años se rompió la parte de atrás del castillo y a nosotros nos destrozó una barca que teníamos aquí fondeada. ¿Ves donde están esos árboles? -señala la parte inferior de las murallas del castillo junto al embarcadero -Pues en alguna ocasión las olas llegaron a cubrir esta zona», recuerda con gestos de impresión. «Y a veces tenemos que advertir del peligro a los paseantes para que no crucen el puente», añade.

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