Suso, el Gaucho Díaz: «Me cansé del churrasco, ahora como pescado»


Es el auténtico. «En Argentina era el Gallego y aquí Suso, el Gaucho», comenta con buen humor. Tiene 81 años «para 82», precisa. Me cuenta su historia vital y hostelera. De cuando «la gente se peleaba por comer en mi restaurante. Se volvía loca por el churrasco. Había colas. Yo siempre estuve en la parrilla y hubo domingos al mediodía en que asé carne para más de 600 personas. Llegué a tener 25 empleados en el local de Oleiros, el de al lado de la Guardia Civil», relata Jesús Díaz Santos, que se jubiló con 75 años. «Mi trabajo fue trabajar», sentencia. «Llegaba a casa oliendo a humo, carne y tabaco, que entonces se fumaba. Me duchaba tres veces al día», recuerda. Charlamos en la cafetería Estadio, de Manuel Murguía, donde lo saludan con cariño. Viste de manera impecable. Un reloj de lujo en su muñeca derecha, americana... Luce un color saludable. «Me gusta mucho viajar. Mis destinos son Canarias, Benidorm, Málaga, Alicante... En casa estoy poco. Nado y voy a la sauna y al gimnasio a la Casa del Agua. Y me encanta bailar. Dicen que lo hago bastante bien y mi médico, el doctor Viso, asegura que es una actividad recomendable», afirma Suso, el auténtico Gaucho Díaz. «También tengo bici estática en casa». 

Mecánico de coches

Pero el hombre al que todo el mundo asocia con una parrilla tardó bastante en dedicarse a la cocina. Natural de Berdeogas, Dumbría, a los 17 años emigró a Brasil y más tarde se instaló en Argentina. «Estuve de mecánico en la Fiat y en la Volkswagen. Como vi que casi todos los gallegos de allí se dedicaban a la hostelería, decidí montar mi primer negocio en Buenos Aires. Se llamaba La Barranquita. No tenía ni idea y nunca había tenido en mi mano un trozo de carne. Recuerdo que los clientes me iban aconsejando», rememora. Hubo una frase que le quedó grabada a fuego: «Gallego, no bajes tanto la parrilla que se te quema la carne». En 1975, ya de regreso en A Coruña, abrió en Francisco Añón la cafetería El Porteño. Hizo sus pinitos como mecánico en Arteixo hasta que inauguró la parrillada Gardel, que sigue funcionando aunque con otros dueños. Después llegó el primer Gaucho en O Graxal, el de la carretera de O Burgo, el de la N-VI... «Fui traspasando todos los negocios. El único con el que tengo relación es con el Gaucho Díaz de la calle Alcalde Electo Carballo, de Fonteculler, que lo lleva un hijo». Suso, viudo de su segunda mujer, tiene dos hijos de 55 y 52 años. Pero, aunque está retirado, le brillan los ojos cuando habla de un nuevo proyecto. «El restaurante Paso de los Toros es mío. Le puse ese nombre por una tónica argentina que se llama así. Lo deja el inquilino y lo vamos a transformar en un asador Gaucho Díaz con mesón y cervecería», avanza con ilusión.

Un hombre atrevido

«Tengo la sensación de que la carne de antes era mejor que la de ahora. El ganado tenía más pasto», reflexiona Suso. Reconoce que «me cansé del churrasco. Ahora como pescado. Fueron muchos años de Dios. Hombre, una milanesa o un entrecot lo tomo. Era el jefe, pero siempre estuve en la parrilla y comía con el personal. Era muy feliz con mis obreros [sic]. Me gustaba ver a la gente contenta. Eso sí, siempre querían comer churrasco y, claro, me cansé», apunta sonriente. Nos levantamos. Ni loco me deja pagar los cafés. Saca los billetes unidos por una especia de clip grande. «Siempre fui un tipo atrevido y afortunadamente me fue bien», resume Suso, el auténtico Gaucho Díaz.

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