Nuevo susto en los antiguos embarcaderos de O Seixo, en Oleiros

OLEIROS

ANGEL MANSO

Un niño de 9 años se cayó ayer en el mismo lugar en el que hace dos semanas un vecino de Cambre sufrió un accidente

23 sep 2018 . Actualizado a las 12:26 h.

Un niño de 9 años se cayó ayer por la mañana en uno de los antiguos embarcaderos de O Seixo. El accidente ocurrió sobre las 11.30 horas de la mañana cuando el menor daba un paseo en bicicleta por la zona acompañado de su tío.

El adulto iba por delante del niño por lo que tardó unos minutos en darse cuenta de que su sobrino no estaba detrás de él. Al darse la vuelta comprobó que el joven se había precipitado por el agujero del foso de uno de los antiguos embarcaderos, el mismo en el que se cayó hace dos semanas un vecino de Cambre.

Tras percatarse del incidente el tío del niño corrió hasta el lugar de la caída para comprobar el estado del menor que se quedó unos segundos inconsciente. Inmediatamente avisó a los padres del pequeño que llevaron a su hijo a urgencias del PAC de Santa Cruz en donde les indicaron que padecía un traumatismo craneoncefálico leve a consecuencia de la caída.

Indignación entre los vecinos

El viernes se cumplían dos semanas del accidente que sufrió Luis Fernández, vecino de O Temple, al caerse en uno de los antiguos embarcaderos de O Seixo. A pesar de que se llevan pidiendo medidas de seguridad en la zona desde hace diez años, ni la Demarcación de Costas -a quien corresponde el terreno- ni el Concello de Oleiros -encargado de su mantenimiento- han respondido a las peticiones de los vecinos. «Esto es una vergüenza. No entiendo por qué no hacen nada. Poner una valla no cuesta tanto», dice Concepción Ventureira. Esta vecina de O Seixo pasea a diario con sus dos perros por los embarcaderos de O Seixo. Se trata de un espacio verde muy amplio por el que los canes pueden jugar sin molestar a la gente. «Esto está muy abandonado. La pasarela de cemento entre el muro y el agujero está agrietada, cualquier día va a haber otra desgracia», advierte. «Las barandillas están podridas, tengo miedo de que se caigan mis perros», añade Modesto Fernández.

Antonio Sánchez viene a pasear todos los días al lado de los tres embarcaderos que hay en ese parque. Para él no tiene sentido que sigan estando ahí «si ya no se usan. ¿Que utilidad tienen? Solo valen para que se produzcan accidentes», opina.

La poca visibilidad y la falta de señalización son las otras dos grandes deficiencias de estas construcciones. «Hay mucha arboleda y hasta que ya estás encima no ves los embarcaderos», dice María Magdalena Arias. Señala que además se trata de una zona muy concurrida por los vecinos que llevan a pasear a sus perros. «Es un peligro tanto para las personas como para los animales», añade.

Por la noche la situación empeora porque no hay farolas que iluminen esa zona, por lo que no se ven los agujeros del embarcadero. Los alrededores están en pendiente y es fácil resbalar y caer, más si ha llovido y el suelo está mojado. «Aun conociendo el parque, venir de noche es muy peligroso. No hay ni señales que avisen del peligro ni un camino de piedra bien conservado para pasear», explica Jorge Morandeira. «Yo ya dije en otras ocasiones que esto era un peligro. De día aún bueno, pero de noche es que es imposible ir por ahí con cuidado. No se ve nada y no hay barreras de ningún tipo», añade Nerea Cespón.