Ismael Rodríguez: «Todo el mundo tiene algo que ofrecer a nivel creativo o artístico»

Emprende nuevos proyectos en los que utiliza el arte como herramienta terapéutica


A Coruña / La Voz

En su Uruguay natal hizo Bellas Artes y Publicidad. Pero la vida ha llevado a Ismael Rodríguez a especializarse en arteterapia y a recalar en Galicia, más concretamente en Oleiros, donde ha regentado la cantina del Club de Regatas Perillo durante seis meses, lo que tardó en desarrollar un proyecto social que ha dado como fruto un mural elaborado por los socios del club.

-¿Qué lleva a un uruguayo a terminar ayudando a la gente en Galicia?

-Vine como cualquiera, a emprender un viaje, y por ahora he parado por aquí. Pero más que a ayudar me gustaría decir que vine a acompañar. Acompaño en procesos a personas que se ayudan realmente a sí mismas a desarrollarse personalmente.

-¿Cómo surgió lo del Club de Regatas Perillo?

-Un amigo iba a dejar el puesto, y vi que ahí había una oportunidad de hacer algo. Vivo en Oleiros, y me pareció interesante intentar generar un ámbito más social en el club, que los chavales de la zona se acercasen y lo viviesen de otra manera. Para eso cogimos la cantina y pusimos en marcha ese proyecto de hacer un mural con todos los que acudían al club.

-¿Qué pretendía con este mural?

-Lo principal era que sintieran el club como suyo. Si yo participo de algo, lo siento más mío, así que intentaré cuidarlo y me implicaré de otra manera. Fue una experiencia social muy bonita, y ahí queda el mural, como recuerdo.

-¿Y descubrió algún talento artístico?

-Todo el mundo tiene algo que ofrecer a nivel creativo o artístico. La primera limitación es la que se impone uno mismo. Cuando empiezas a trabajar y poco a poco vas viendo que puedes hacerlo, que va saliendo, se descubre un potencial humano bestial. Es el poder de saber que uno puede, que es lo que nos mueve a todos.

-Y ahora otras obligaciones le llevan a dejar el club.

-Desde el principio sabía que iba a ser algo limitado, que serían unos seis meses y que después tendría que seguir con otros proyectos. Me han surgido otras obligaciones en ayuntamientos como Santiago y Vilagarcía con personas en riesgo de exclusión. En Santiago con temas de drogodependencia y en Vilagarcía en un proyecto de violencia de género.

-Utiliza el arte en sus terapias.

-Vamos trabajando a la persona a través de procesos creativos, y va consiguiendo ubicarse a sí mismo para poder desarrollarse. El proceso requiere mucha observación. Primero hay que determinar qué es lo que trae sano esa persona que viene con un problema o un desequilibrio.

-¿Y cómo es el proceso?

-Trabajamos en tres ámbitos distintos, el pensar, el sentir y la voluntad. Y el arte nos brinda distintas herramientas para hacerlo. Por ejemplo, para el pensar necesitamos definición, así que utilizaríamos el dibujo; la parte emocional se relaciona sin embargo más con el color, mientras que la voluntad se trabaja con el modelado, con la fuerza. Pero no hay una tabla o un registro de cómo hacerlo. Poco a poco se va dando un crecimiento, se va dando cuenta de que puede con distintas cosas. Pero siempre sin crear expectativas, porque estas generan frustración de antemano. Hay que ir día a día.

«Cada persona con la que interactúas te deja algo que va forjando tu personalidad»

Ismael Rodríguez trabaja ahora en dos proyectos relacionados con la drogodependencia y la violencia de género.

-Se trata de dos ámbitos muy diferenciados.

-Pero parten de lo mismo, realmente, y el fin también es semejante. En el caso de los drogodependientes pretendemos llegar a un estado prelaboral en el que puedan desenvolver actividades que les permitan salir a la sociedad. Y con las víctimas de violencia de género trabajamos por el empoderamiento para normalizar su situación, hacerlas conscientes de sus capacidades y posibilidades para salir de esa situación anómala. Siempre apoyados por los servicios sociales de los ayuntamientos.

-¿Y pueden tratarse ambas problemáticas desde el arte?

-Son cosas distintas, pero las herramientas son válidas en ambas situaciones. Más que nada porque cada caso es único y el terapeuta tiene que ir viendo las necesidades da cada uno y su manera de progresar. Estamos estereotipados porque tenemos pastillas para esto, lo otro y lo de más allá. Pero eso no quita que, aunque la dolencia sea la misma, el abordaje sea totalmente diferente para cada persona. Eso tiene que verlo y decidirlo el terapeuta. El ser humano no viene con un libro de instrucciones, cada uno es un mundo.

-En Oleiros deja un recuerdo físico, el mural. Pero, ¿es consciente de la huella que deja en las personas con las que trabaja?

-Es algo recíproco. Cada individuo con el que interactúas te deja algo indeleble, algo importante que va forjando tu personalidad, que te hace ser como eres. Las experiencias no son malas o buenas, son hechos sin más y cada hecho nos va construyendo como personas.

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