Las bufandas de Consuelo protegen los árboles de Oleiros en invierno y verano

Esta vecina de San Pedro teje prendas de abrigo para los árboles que están delante de la casa de su hijo


Consuelo Mato tiene 90 años. Es una de esas mujeres que llenó su vida con el trabajo y la familia y que, ahora, a esta edad, no puede prescindir ni de uno ni de otra. Aunque el oído no lo conserva muy bien y al hablar con ella hay que acercarse y alzar la voz, la vista la tiene casi como la de una chiquilla. «Bueno, bueno... en realidad no ve como antes, lo que pasa es que como cosió durante tantos años ya no le hace falta mirar si lo está haciendo bien». Su hijo se refiere a la última afición de su madre: tejer bufandas para árboles. «Es un entretenimiento para ella. Le compramos unos ovillos de lana en los chinos, se sienta en el sofá y tejiendo se le pasa el tiempo», explica. Consuelo dice que ella prefiere la aguja de coser, pero ahora no atina a enhebrar o a marcar un dobladillo. «Así que se pasó a las agujas de calcetar», justifica José Mato. El caso es que desde la Navidad del 2016, Consuelo se dedica a calcetar abrigos y bufandas para los árboles que están delante de la casa de su hijo. «Mi mujer se lo propuso como distracción. A ella le gustó, le hizo mucha gracia, y con algunos restos de lana que había por casa hizo el primero. Después le compramos más ovillos y continuó haciendo las bufandas para el resto de árboles». José dice que su madre tendrá que retocar algunas de estas prendas tan especiales porque la lluvia y el viento las ha ido estropeando. «Pero bueno, la mayoría están desde el 2016 y aguantan bastante bien», explica. También reconoce que las vestimentas llaman la atención a todo el que pasa: «Sí, sí, más de una persona nos ha preguntado. La verdad es que es curioso y llama la atención. Y estarán ahí hasta que duren», comenta. 

Consuelo nació en un pequeño pueblo de Mesía y durante muchos años ejerció como modista. «La aguja siempre fue lo suyo», recalca su hijo. Por ello la familia la colma de encargos, regalos y trabajos relacionados con las manualidades. «Es una manera de que esté entretenida», aclara. José explica que a pesar de que Consuelo ya es muy mayor y que tiene algunas dificultades de movimiento, «no es una carga; todo lo contrario, nos aporta mucho, pero es verdad que el cuidado de una persona mayor condiciona a todos los que viven en una casa». Por ellos él y su hermana, que reside en A Coruña, se turnan en el cuidado de la nonagenaria. «Un mes está con nosotros y otro mes está con mi hermana, que vive cerca de la Casa de los Peces». Y cuando llega a la vivienda situada en la calle San Bartolomé de las Casas, en Oleiros, lo primero que hace casi siempre es ver si los árboles situados frente al número 40 están bien abrigados. No vaya a ser que una brisa de aire los resfríe...

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