«Hoy es inevitable no temer incomodar a alguien con cualquier cosa»

Volcado en el personaje que creó como un regalo de Navidad para su mujer, Xabier López Mateos anuncia tres títulos del exitoso Cancodrilo y un nuevo proyecto

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a coruña / la voz

Cancodrilo nació el día que Xabier López Mateos, entonces un niño de Sarria que tocaba el clarinete en la banda de Paradela, acudió a una actuación en O Barco de Valdeorras y en la ribera del río buscó inútilmente un animal misterioso que anunciaban con un bombo extraordinario. «‘¡El cancodrilo! ¡Allí! ¡Se está moviendo! ¡Allí, allí! ¿Lo veis?’, nos decían los mayores. Y había de todo». Algunos niños, recuerda Xabier López, respondían que sí, tal era la sugestión, y él por más que miraba nunca veía nada. Hasta que pasaron unos cuantos años y una Navidad, viviendo ya en A Coruña, el hombre en que se había convertido aquel niño clarinetista decidió regalarle a su mujer algo construido con sus manos. Pensó en un cuento ilustrado, se puso a dibujar y sobre el papel se fue asomando un personaje estrafalario, mitad perro, mitad cocodrilo, «alargado y bajito», que pronto lo arrastraría en una formidable aventura al inesperado mundo de la literatura infantil y a su propia historia familiar.

-¿Cómo da el salto de escribir un cuento a mano para su mujer a publicar en una editorial de poesía como Linteo?

-Después del cuento intenté hacer unos dibujos animados. Fui a la Escuela de Arte Ramón Falcón de Lugo, hablé con la profesora Ángela Morales y conseguimos hacer un cortometraje con el que luego fui presentando la historia de Cancodrilo a los productores. Pero era una mala época, en plena crisis, y el proyecto no cuajó. Después, un reponsable de Filmax me sugirió que lo replantease como cuento y cambié.

-Sin experiencia, porque usted trabaja con discapacitados intelectuales. ¿Cómo?

-Sí, yo empecé estudiando Ingeniería Forestal pero desde hace trece años trabajo en Aspadisol, en Oleiros. Me gusta mi trabajo; de hecho, estoy estudiando Educación Social en la UNED para seguir formándome. Con los cuentos hicimos un estudio inicial en ocho colegios para ver qué les parecía el personaje a los niños. Vimos que les gustaba y que querían jugar con él, decían que Cancodrilo era bueno y que les gustaría ser amigos. Y a partir de ahí fuimos modificando cosas, le quitamos las garras, dejó de comer gallinas [se ríe], creamos otros personajes... Mi idea, desde luego, era que no los asustara y que aportara valores pedagógicos.

-¿Trabajaba ya con los ilustradores?

-Sí, con Javier Rey, que curiosamente también trabaja con discapacitados intelectuales en Monterroso, y con Sandra González. Creamos a Ourizopicón y a cuatro amigos humanos para que los niños pudieran identificarse: dos amigas que están inspiradas en mis hijas, Adela y Laura, y dos amigos que son mis sobrinos Brais y Nico, que también aparecen porque se quejaban de que las niñas salían y ellos no. Tengo que meter a mis otras sobrinas.

-Su mujer, sus hijas, sus sobrinos... Está escribiendo la historia de su familia.

-Bueno... Ahora va a aparecer un niño en silla de ruedas, porque quiero que las historias sean inclusivas, y se va a llamar Suso en homenaje a mi padre.

-¿Es más sencillo crear historias cuanto más pequeños sean los niños?

-No lo sé, Cancodrilo es para niños de hasta 6 o 7 años y cuesta hacerlo, la verdad es que fácil no es. Es complicado porque tienen que ser básicos, pero al mismo tiempo pedagógicos. También ocurre que cuando los niños son tan pequeños los cambios que experimentan según van creciendo son mucho más grandes que cuando son mayores. Y luego que hoy en día es inevitable no temer incomodar a alguien con cualquier cosa. Piensas, a ver si voy a meter la pata con esto...

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