Mal sitio para amarrar

En verano del 2006 el bergantín ruso «Avos» encallaba en el puerto de Mera


No era la primera vez que el pintoresco Avos visitaba Galicia. Cuatro años antes, en medio de un temporal, se había refugiado en Burela. El decimonónico bergantín, reflotado de las profundidades del lago Baikal en 1989 -según su tripulación-, recorría desde los noventa las costas europeas al mando de Valery Gladkov, un ingeniero que se pasaba seis meses al año trabajando en su Rusia natal y otros seis surcando los mares en compañía de su familia y vendiendo en cada puerto insignias soviéticas y toda clase de cachivaches.

Tras recalar en A Coruña para efectuar reparaciones, Gladkov decidía amarrar en Mera antes de partir hacia Lisboa, pero debía de habérsele olvidado en San Petersburgo el portulano de Oleiros, porque desconocía el escaso calado del muelle. Hasta que con la bajamar el Avos se escoraba y embarcaba toneladas de agua por la borda.

Reflotado el velero, el capitán decidía fondear cerca, pero con suficiente mar bajo la quilla. Sin embargo, una semana después se acercaría otra vez al muelle y volvería a encallar en la misma arena.

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