Este mes se cumplen 12 años del destrozo de los apartamentos Solymar, el primer aviso serio del cambio climático en la comarca
23 mar 2026 . Actualizado a las 09:04 h.Donde hoy posa Marta Seijo para La Voz hace pocos años se levantaban unos apartamentos veraniegos junto a la entrada principal de la playa Grande de Miño. Llevaban medio siglo en este tranquilo arenal. Pero el edificio fue devorado en el 2014 por los continuos embates del mar. Aquella imagen que asomó en todas las cadenas de televisión fue uno de los primeros avisos serios del cambio climático en el área metropolitana de A Coruña. «Me encontré a mi madre llorando, fueron muchos años atendiendo este negocio y le frustraba ver cómo el mar se los arrebataba», señala Marta. El temporal que dio la estocada final se llamaba Cristina.
Así que de ocho apartamentos pasaron a cinco, ubicados lejos de la pleamar. Fue una cadena de temporales la que acabó no solo con el edificio encalado, sino también con parte del paseo marítimo, donde aún hoy se aprecia la marca de la reparación. En marzo del 2014 la valla estaba derrumbada, con varias farolas. Los apartamentos aguantaron varios meses desde las primeras grietas. «Pero el mar parecía que crecía con cada temporal», señala Marta, quien también achaca a la construcción del muelle deportivo de Sada el cambio de las corrientes que afectó a esta parte de la playa Grande de Miño.
«El mar fue excavando poco a poco los cimientos hasta que tiró el muro, que era anchísimo, aún recuerdo a mi tío decir que era imposible que el mar se lo pudiera llevar. Pero no...», añade Marta.
Cuando la pérdida era irreversible, la familia se dedicó a vaciar los enseres de los apartamentos. El Concello de Miño hizo de puente entre la familia afectada y la Demarcación de Costas, que se encargó del derribo de los apartamentos. El gobierno local le pidió el terreno para continuar el paseo marítimo, que hoy acaba a pocos metros contra unas rocas, y a cambio les construyeron una especie de talud entre el acceso pedestre y la finca del Solymar. Entonces aún se conservaban unos pinos en el frontal, pero el Ayuntamiento optó por cortarlos para evitar la caída de piñas sobre los veraneantes. Como consecuencia, el terreno perdió consistencia y en el Solymar sufrieron desplazamientos del talud, que comprometían su perímetro.
Jesús Veiga gobernó Miño solo durante dos años y a él le tocó afrontar este desastre natural. «Nunca antes había visto algo así. Me impresionó mucho. Otras veces el mar se llevaba la arena, y luego la devolvía, pero la violencia contra la costa como aquel año, nunca se vio», insiste el exregidor del PP. Hoy agradece la colaboración de la familia y la rapidez de Costas para actuar.
Solo dos meses después del derribo, se acometió un amplio relleno de arena en toda la playa miñesa, una medida muy protestada por la oposición debido al color de la nueva aportación, mucho más oscura. El paso del tiempo acabó haciendo uniforme la tonalidad de la playa y las quejas se apagaron.
El del Solymar fue el episodio más violento, pero son varias las zonas del litoral de la comarca coruñesa que viven pendientes de la erosión de la costa empujada por el cambio climático. Así ocurre con varias viviendas de la playa de O Regueiro, donde el mar las ha colocado al borde de un precipicio.
De nuevo en Miño, en la zona de Perbes, un vecino ha visto este mismo mes cómo su casa se ha deslizado por un corrimiento de tierra en la fachada de la playa de Lago. A la casa no le queda más opción que el derribo. Los daños han afectado incluso a la carretera provincial que atraviesa la zona, con grandes grietas.