Miño/ LA Voz

Tantos meses encerrados y las lenguas de fuego de San Xoán acabaron sufriendo la misma suerte. Las llamas no ardieron por el suelo público, sea este arena, adoquín o asfalto con baches. Fue la suma de muchos fuegos particulares. El confinamiento de las hogueras.

Y como si hubieran decretado un estado de alarma para las hogueras, estas salieron en estampida a refugiarse en las casas del rural, viviendas con finca, con un buen trozo de parcela. Como la hoguera de la imagen, retratada por Marcos Míguez en Candá de Arriba, lugar de Leiro, municipio de Miño. Estamos en la casa de Marta, donde ella y sus amigas lanzaron al fuego trozos de papel escritos con deseos futuros muy diferentes a las realidades recientes. A veces el fuego repelía el papel. Pero la misma mano lo devolvía a la hoguera hasta que los escrito se hacía ceniza.

Casas como la de Marta y Jorge se estrenaron ayer en una evento así. «Todos los años, desde niño, encendíamos la hoguera en la playa de la Ribera (también conocida como Miño Pequeño», señala Marta. «Se echa de menos el mar, pero también se está bien aquí, es algo nuevo para nosotros, y más cómodo».

El silencio del tráfico junto a su casa, en la N-651, delata que toda la comarca está celebrando la noche de las noches. Pero pocos sitios tan cálidos como este. Pasada la medianoche, el termómetro del móvil dice que hay 16 grados. Pero ignora la columna de fuego que se alza en este punto de Candás de Arriba. Los rostros -entre ellos asoma el del alcalde de Miño, Manuel Vázquez Faraldo- enrojecen en los mofletes. Alguien alimenta el fuego con una silla de madera y la hoguera da otro estirón hacia una noche que aún no se puede calificar de «cerrada».

Un joven se marcha («mañana madrugo») y los presentes mueven sus coches para deshacer el tetris del aparcamiento en la entrada. Porque en la noche de ayer, como en el confinamiento del maldito covid, todos buscaban casas como las de Marta, parcelas al aire libre donde pasear cuando está prohibido salir. Donde celebrar la amistad plantando un fuego a los muebles viejos. Previa petición al Concello, claro. Con las playas cerradas, fueron muchos los particulares que, como Marta, optaron por la finca particular. En Culleredo se concedió permiso de hoguera a 267 casas, más del doble que el año pasado. Y en Abegondo, con 135 fuegos en el 2019, las ganas de reunión y de celebración ha multiplicado las hogueras por 4: 550 se plantaron ayer en este municipio que, como todos los del rural, volvieron a tener ventaja sobre los pisos de las zonas urbanas.

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El confinamiento de las hogueras de San Xoán