«La actitud de los vecinos durante el temporal fue extraordinaria»

El desbordamiento del río Miño provocó que los bomberos actuasen 25 veces en un día


ourense

«El temporal más lluvioso de este siglo inunda toda Galicia». Este fue el titular que se leyó en la portada de La Voz de Galicia el 8 de diciembre del 2000. Exactamente un día después de que ese temporal al que hacía referencia provocase el desbordamiento del río Miño en las inmediaciones del embalse de Velle. Algo que terminó traduciéndose en el corte de la N-120, en garajes anegados o el proyecto termal en Eirasvedras totalmente sumergido por el agua, entre otras consecuencias. Una situación crítica y excepcional que fue el resultado de llevar varios días sufriendo lluvias y rachas de viento, catalogadas en aquel momento como las más intensas de los últimos 123 años.

De todo ello se acuerda con exactitud Juan Antonio Cid Boo, uno de los bomberos del equipo de la ciudad que aquel día, y los dos siguientes, tuvieron que trabajar a destajo para conseguir restaurar los problemas ocasionados por las fuertes inundaciones a las que se enfrentaba Ourense. «Fue una anegación masiva de la parte de la ciudad más próxima al río, posiblemente la más grande que podamos recordar todos los que trabajamos aquellos días», explica. Cid recuerda que entró a las ocho y media de la mañana a trabajar, aquel 7 de diciembre del 2000, y que la previsión meteorológica ya auguraba complicaciones para las siguientes horas: «El cauce del Miño no paraba de aumentar su nivel y cada poco nos alertaba de ello Protección Civil, tanto la estatal como la autonómica». El primer paso fue cortar la N-120, exactamente el tramo de la carretera que cruza la ciudad en dirección a Monforte, después de que el desbordamiento cubriese las piscinas de Oira por completo. A raíz de eso, los siniestros comenzaron a sucederse. «Solo ese día registramos unos 25 movimientos para los que hizo falta duplicar el número de bomberos trabajando. Recuerdo perfectamente algunos de ellos», dice. Y comienza a relatar: «Tuvimos que sacar más de una decena de coches de los garajes del edificio Solaina -frente al colegio Salesianos- porque el Barbaña no era capaz de desaguar en el Miño y por tanto, se convirtió en otra entrada de agua en la ciudad. También me acuerdo de como, por la zona de Oira se nos iban las casetas por el río abajo. Pequeñas construcciones que la gente que trabajaba en el campo tenía para guardar sus herramientas y demás utensilios, eran arrastradas por la corriente sin que pudiésemos hacer nada».

De la inundación al incendio

Estos no fueron los únicos sucesos que tuvieron lugar a consecuencia del temporal que asoló toda la provincia, y Galicia en general, durante aquellos días del mes de diciembre. El puente del Milenio, que por aquel entonces se encontraba en plena construcción, perdía uno de los dos soportes metálicos -cimbras- que se encargaban de mantenerlo en pie y aunque se temió, la estructura no se vio resentida finalmente. «Aquel mismo día hubo dos incendios, posiblemente generados por cortocircuitos», comenta Cid. Él no acudió personalmente a ninguno de los dos, pero La Voz sí que relató especialmente lo ocurrido en uno de ellos: «Se trata del incendio de una chabola construida en las inmediaciones de la desembocadura del río Loña, lo que supuso un contrasentido. Ver el fuego en la parte superior de la construcción y el agua cubriendo a su vez los enseres del ocupante de la misma». Fueron sin duda llamativos los rescates de animales que se quedaron a la intemperie, atrapados por la crecida del río. Un cerdo, dos perros, conejos y gallinas que los empleados del servicio municipal pudieron rescatar. Árboles caídos en la carretera de Barra de Miño o en la de Rairo provocaron la intervención de los bomberos.

La importancia de aunar fuerzas

Para solventar todos los problemas que surgieron como consecuencia del fuerte temporal y consiguiente inundación de parte de la ciudad, fue necesaria la actuación conjunta de Protección Civil, el equipo de emergencias, los bomberos y la Policía Local. «Fue una situación tremenda que llegó a superarnos a todos los que colaboramos para ponerle fin, sin ser del todo capaces de frenarla. No nos era posible hacernos cargo de todo lo que estaba pasando en un mismo momento de ahí que nos centrásemos en lo que tenía mayor acucia, así hasta llegar a cumplir con la última incidencia», cuenta Cid. El bombero ourensano hace especial hincapié en la importancia vital que tuvo también la actuación de la ciudadanía, que aquellos días se volcó con lo que estaba ocurriendo. «La actitud de los vecinos fue extraordinaria y eso ayudó mucho. Todo el mundo sabía que la prioridad estaba en ponerse a salvo, olvidando los bienes materiales que pudiesen tener, y eso facilitó muchísimo nuestro trabajo. Ourense, y Galicia, demostramos cada vez que nos ocurre una desgracia que somos capaces de funcionar como un equipo y un todo y eso es increíblemente bueno. Aquel día, y los siguientes, todos realizamos un gran esfuerzo», termina.

El resto de la provincia también sufrió el temporal. En Verín, la crecida del río Támega fue la más intensa desde el año 1955, llegando a levantar muros de contención en la zona de la Alameda. En Xinzo, vecinos de pueblos como Rebordechá o Paredes vieron sus bajos inundados y sus rebaños de ovejas atrapados. El Sil se desbordó en Valdeorras, en Ribadavia tuvieron que desalojar varias viviendas y en la zona de Trives hubo desprendimientos y cortes de luz.

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