Las lágrimas de la reina de las cebollas


A esta mujer no la para un John Deere. Sus brazos y piernas parecen de Husqvarna. Pero fue incapaz de contener las lágrimas. Durante unos instantes la reina de las cebollas rompió a llorar como una niña. Y a todos los que estábamos presentes se nos humedecieron los ojos. Les sitúo. Se llama Cristina Bañobre y es la fundadora y propietaria de Daterra y Horta Daterra, firmas de productos ecológicos con sede en Miño y que cuentan con el respaldo de la reserva de la biosfera Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo. Se dedican a las patatas kennebec, a los grelos y a la cebolla chata, una achatada maravilla de la zona. Desde la Gastroteca del hotel NH Centro le propusieron realizar de manera conjunta las jornadas Patacas & Grelos de las que les hablé la semana pasada. Pero esta cita gastronómica incluía a mayores una mesa redonda sobre la sabrosa materia. El espacio habilitado en el hotel anfitrión se quedó pequeño. Hubo lleno absoluto. Tras más de dos horas de debate, y cuando los pinchos asomaban por la puerta, se levantó una persona del público y avanzó hacia el escenario. Cogió el micrófono y se dirigió a los presentes (ponentes y público). «No sé si hago bien, pero lo voy a decir. Me llamo José Vicente Martínez Rico, soy el presidente de la entidad benéfica Hogar de Sor Eusebia y quiero darle las gracias a Cristina por su colaboración, por todos los productos que nos manda», dijo el interviniente-sorpresa. Fue entonces cuando esta mujer con más capas que las cebollas no pudo contener la emoción.

Al margen de este momento emotivo, la puesta en común sobre estos productos tan nuestros resultó gratificante. Elena Cartea, la viguesa que es directora de la Misión Biolóxica de Galicia, impresionó a todos con detalles técnicos sobre el grelo. Y el moderador, que al final fue el que más habló, Alejandro Sánchez de Dios, no pudo reprimirse a la hora de demostrar su vasto conocimiento del tema. Podría citar a otros, pero me quedo sin sitio. Me encantó asistir y, aunque apenas pude unir cuatro palabras, lo cierto es que había gente con muchas más cosas que decir que yo. Me ocurrió algo parecido en otra mesa redonda, en este caso sobre comunicación, a la que fui invitado por el colegio de las Esclavas de A Coruña. Tuve la fortuna de compartir espacio con el juez José Antonio Vázquez Taín, que siempre cautiva con su estilo desenfadado y ácido al mismo tiempo, o con Antonio Aparicio de Zúñiga, subdirector del centro de menores Concepción Arenal de la Fundación Camiña Social. Hablaron de la relación entre los padres y los hijos, de la realidad de las redes sociales, de problemas de convivencia... De cuestiones que quitan el sueño y a veces hacen llorar a muchas familias sin necesidad de cebolla.

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