Mariscadoras de Rañobre: «A nosa vida foi fame e traballo»

Estas mujeres se dedicaron durante años a extraer percebe en la costa de Arteixo


a coruña / la voz

Si estar confinado por el coronavirus le resulta duro, imagínese lo que fue la vida de las mariscadoras de Rañobre. Cuando no había ni juguetes, pero estaban en la edad de tenerlos, ya iban a por los percebes «cun cesto e cunha rapa», y luego, rumbo a la ciudad para venderlos.

«Con once anos iba andando a Coruña en zocos», recuerda María Dans Buño (en adelante, Maruja). «Andábamos a vendelos pola rúa dos viños e ata a praza de María Pita. Daquela os homes saían dos bancos ou das oficiñas e compraban a mazo. Moito nos compraban...! E logo, á leira, á casa, e todo era pouco. A nosa vida foi fame e traballo». Y lo repite remarcando bien las palabras. «Fame e traballo. Sempre coa espalda doblada na marea, ou coa venda na cabeza, ou coas vacas». Así era la vida de estas octogenarias que fueron homenajeadas por el Concello de Arteixo con motivo del último Día de la Mujer. Y la vida de Maruja, todavía más cruda, puesto que a su marido se lo tragó el mar hace veinte años. Su cuerpo apareció días después cerca del puerto exterior. 

Escapando de los guardias

Toca recordar aquellos tiempos en los que, a falta de un papel que acreditase su figura, les tocó escapar, en numerosas ocasiones, de los guardias. «Eramos cinco irmás e, ademais de faenar como percebeiras en toda canta pedra hai dende Valcobo ata a torre de Hércules, nunhas furnas moi perigosas, estivemos indo a mariscar á ría do Burgo moito tempo. E ningunha sabiamos nadar», cuenta una de las hermanas Alvedro. «Si, en Rañobre todas as mulleres iamos ao mar», añade Blandina Naya. Se suma Fina Alvedro a la conversación. «E logo aínda iamos sachar, sacar o esterco da corte, o toxo e de todo. Os homes ian traballar, pero nós estabamos cos fillos e tiñamos que facer a labor duns e doutros. Aínda agora fago todo».

Las anécdotas se agolpan. Como aquella vez en la que los agentes les confiscaron los percebes y todas sus pertenencias. «Collías unha piña de percebes e sempre aparecía a mesma. Os bos sempre por arriba!», reconocen entre risas. «Ou metiámolos nun cubo de auga doce, inchabámolos, e logo iamos vendelos ao día seguinte para que foran máis grandes», comenta Blandina Naya. El hambre agudizaba el ingenio.

Eran tiempos duros, en los que tocaba buscarse la vida para salir adelante. Y vaya que lo hacían. «Pasabamos o día enteiro enchoupadas. A verdade é que todas nós pasámolas canutas», añade. «Si, a nosa vida era moi esclava. Sempre cargadiñas como mulas ou apañando as pedras polo monte para facer a casa», relata Carmen Alvedro.

Una vida muy esclava: «Sempre coa venda na cabeza ou dobladas no mar ou na leira ou coas vacas», dice una de las percebeiras.

Mulleres do Ano: El Concello de Arteixo acaba de otorgarles ese galardón en el Día da Muller como forma de homenaje a la mujer trabajadora.

«O quilo de percebe pagábase mellor antes»

Las antiguas percebeiras de Rañobre recibieron un homenaje, organizado por el Concello de Arteixo con motivo del Día Internacional de la Mujer, en el Centro Tecnolóxico del municipio. Por sacar adelante a sus familias -tal y como lo hicieron, trabajando duro- estas mujeres nos abrieron el camino a las demás. Por eso merecen nuestro reconocimiento. Aunque en su caso fue, en muchas ocasiones, al borde de la ley. Podríamos decir que estas mujeres fueron las pioneras del furtivismo. 

La historia favorita

«Os guardias viñeron un montón de veces tras de min», reconoce Rosario Sanjurjo, que todavía se ríe recordando las peripecias que vivieron. «Un día meteron o coche polo areal de Sabón e patináballes, ha, ha, ha...». En otra ocasión en que lograron interceptarla, su compañera Josefina Alvedro utilizó la siguiente estratagema, que se ha convertido en la anécdota preferida de sus seres queridos: «Viñeron os guardias, pilláronme a bañera e botaron os percebes nunha bolsa. Pois fun onda eles, estragueille a bolsa e caeron todos! Logo engancháronme entre os dous e, de camiño, tireime ó chan, dicindo: “Que me romperon un brazo!”», y lo cuenta así, ahora que lo puede hacer, con tantos años que han pasado desde aquello. 

50 euros de percebes de antes

Cientos de historias se agolpan en sus cabezas. Cuentan que acabaron yendo al percebe por obligación, pero que al final se enamoraron de la profesión. Y que ahora todo ha cambiado, por ejemplo, los precios. «O percebe de 50 euros de agora é moito mellor ca o que vendíamos nós a ese precio. O quilo de percebe pagábase mellor antes», rememora María Dans. Y eso que ella es más de mejillones. Pero el percebe fue su vida.

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