Vicky Vega: «Todavía me preguntan dónde están los mecánicos»

Es la única mujer gerente de un taller de coches en la zona de A Coruña


A Coruña / la voz

Un retrato enorme de Audrey Hepburn recibe a los clientes del taller mecánico Vega. «Quería que se viera que esto está en manos de una chica», dice la gerente, Vicky Vega. Las paredes lucen un blanco impoluto, no hay manchas de aceite por el suelo y todo parece estar ordenado.

-Tampoco hay almanaques con mujeres ligeras de ropa.

-Vino uno una vez con un calendario de esos y no volvió. ¿Sabe qué le dije? El día que me traigas un calendario de tíos en bolas, lo pongo. O el de los bomberos, que también me vale [ríe]. Se nota que el taller está de la mano de una chica. Eso lo dicen todos los clientes.

-¿En qué se nota más?

-En que está limpio, porque te puedes apoyar y no te manchas, porque las paredes son blancas, porque está ordenado… Aunque lo del orden es por Joaquín, mi marido, ¡eh!

-Mujer, y encima la jefa, en un mundo de hombres.

-Tal cual. Al principio fue duro, pero ahora lo llevo bien. Es verdad que este es un mundo muy machista, pero salimos adelante. Los proveedores me empezaron a conocer y empecé a caerles en gracia, porque saben que soy muy negociadora con ellos.

-¿Cuesta hacerse respetar?

-Cuesta que te crean. Cuesta que se crean que sí que sabes. Ahora ya no tanto, pero al principio... Todavía hay algún cliente al que le cuento lo que le pasa a su coche y me pregunta dónde están los mecánicos.

-¿Y ahora? ¿Sigue habiendo miradas de desconfianza?

-Sí, sobre todo de la gente con más edad. Los hombres mayores están acostumbrados a un hombre mecánico. Mi gran ilusión es tener una mecánica en el taller. Ahora mismo no puedo coger a otra persona, pero me encantaría.

-¿Y es fácil encontrarlas?

-No. Conozco a una que está en la ITV y que te dice que para taller no viene, porque allí le tienen respeto. En un taller te digo que pongo una mecánica y nadie va a hablar con ella, fijo.

-¿Cuál es la avería más típica?

-A lo que más vienen es a cambiar el aceite.

-Que luego acaba siendo cualquier otra cosa, claro.

-El miedo que tiene el cliente es al engaño, porque no sabe dónde se mete. Nuestro lema es «Quién no quiere un amigo mecánico».

-Hay miedo a que acabe saliendo la cosa por un pico.

-Para los clientes más desconfiados tenemos un programa que te dice exactamente lo que le toca hacerle al coche.

-¿Se juega mucho al racaneo?

-Sí, te dicen si pueden cambiar solo el aceite pero el filtro, no. ¡Eso es como si pones la ropa limpia dentro de la lavadora sucia! No tiene mucho sentido [ríe].

-¿Quién le pelea más el servicio?

-El chico que cree que es mecánico y que tiene pasta. En realidad, el del cochazo es el que más te mira la pasta, y el del Peugeot o Xantia de toda la vida, el que menos. Y los que más se preocupan son los que tienen familia.

-¿La frase que más escucha?

-¡Me hace un ruido! No sé dónde.

-¿Cuáles son los coches que más se estropean?

-Los más modernos, por los fallos eléctricos.

-Y eso que mucho coche eléctrico no creo que le entre todavía.

-No, el coche eléctrico todavía está muy parado.

Cómo es ella: Muy sonriente y valiente. «En mi vida me han pasado muchas cosas, pero siempre he salido adelante», dice Vicky Vega.

Fan de los «networkings»: «Empezar con estos grupos fue mi despegue total. ¡Estoy en cuarenta mil networkings! [ríe]. Y he aprendido muchísimo».

«Nuestro espray huele a Nenuco. Ellas dicen: ‘¡Qué bien!’ y ellos: ‘¿Pero qué me echaste?’»

Vicky Vega llega a la cita con cinco minutos de retraso por unas gestiones en la Xunta y en el Concello que la han retenido más tiempo del esperado. Mientras hablamos, no paran de sonarle el móvil y el fijo.

-¿Quien lleva el coche al taller?

-Muchas veces llegan ellos con el coche de la mujer, pero también me vienen mujeres empoderadas que quieren traerlo ellas.

-Para que un coche dure más…

-Hay que llevar las revisiones al día. Los coches que están de nuestra mano nunca se llevan disgustos con la factura.

-Montó el taller en el verano del 2015. ¿Cómo le va?

-Bien, pero hay muchos talleres en A Grela y tienes que diferenciarte. Nosotros llevamos gratis los coches a la ITV. Si el servicio pasa de 120 euros, se lo entregamos lavado y aspirado. Y el espray huele como a Nenuco. Ellas dicen: «¡Qué bien huele!», y ellos: «Pero ¿qué me echaste aquí?» [risas].

-¿Tienen algún antecedente familiar de mecánica?

-Ninguno. Mi pasión son los niños. Yo hubiese estudiado Magisterio, pero soy administrativa. Trabajé varios años en Afinsa.

-La del fraude filatélico. ¿También perdió dinero?

-Sí, yo y la familia. Ahí estuve hasta que explotó.

-Y tuvo que cambiar de sector.

-Estuve de delegada en una ETT en A Coruña y después empecé a trabajar en el juzgado, con temas de menores. Decidí tener un hijo, me puse a estudiar la oposición de Justicia y por las mañanas trabajaba de teleoperadora.

-¿Cuándo se decidió a montar el taller mecánico?

-Cuando quebró la empresa de mi marido, Joaquín, que es jefe de taller desde hace veinte años.

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