Este barrio de Curtis sostiene una sardiñada que genera lazos de unión
14 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El olor a brasa ya se intuye en el ambiente. El barrio de Os Quenllos, en Curtis, celebrará el próximo viernes su sardiñada anual, una tradición sanxoaneira con la que cuatro vecinos prendieron las ascuas para crear comunidad en 1987. El próximo año harán cuatro décadas de una tradición que se mantiene contra viento y marea, y que reivindican en una sociedad que se resiste a perder los lazos grupales que se conservan más en los entornos rurales. Para quien no lo sitúe, Os Quenllos es ese grupo de casas en las proximidades del tanatorio.
De ese puñado de pioneros se mantiene todavía colaborando Sagrario Cernadas Sánchez; el resto ya fallecieron, pero su legado sigue vivo. «O primeiro e o segundo ano os veciños da rúa decidimos xuntarnos pola noite, unha levaba galletas e outro café, o que había pola casa, pero ao terceiro ano xa collemos dous quilos de sardiñas», rememora esta vecina de 56 con una sonrisa nostálgica. Cuenta que cada casa donó material que fue quedando para el resto de años, desde una cafetera a bancos o pocillos. «Santos e Maruja prestáronnos sempre o seu baixo dende o principio para gardar todo», relata sobre un trabajo comunitario que fue ganando adeptos y les ha obligado incluso a ampliar la carpa para dar cobijo a más comensales.
También a ampliar el menú, que ahora es un auténtico festín. «Agora temos sardiñas, churrasco, criollos, pasteis e pan de broa, viño, refrescos e queimada», explica José Antonio Freire, que también colabora desde hace más de 30 años al pie del cañón. Todos los gastos que genera la sardiñada lo dividen entre los comensales. Depende de los que acudan, pero está entre los 18-19 euros, aunque hubo años de «derrama» dependiendo de las compras. Lo sufragan todo con fondos propios y piden permiso al Concello para que les permita cerrar la carretera, convirtiendo el asfalto en un comedor vecinal. Este año la previsión son unos 20 kilos de sardinas, 30 de churrasco y 15 de criollos. Presumen, con orgullo, de comprar todo en lo local.
Unos 80 vecinos
Cada dos años se renueva una comisión para la fiesta, que siempre se celebra el viernes más cercano al San Xoán y comienza a prepararse en junio, cuando los días son más largos. Llegaron a juntar a 120 vecinos, pero ahora, en un momento que reconoce que hubo pérdida de población, se juntarán unos 80. José Antonio explica que, aunque se notó la caída poblacional, en los últimos años el tirón del polígono de Teixeiro ha posibilitado que los trabajadores se asienten y aumenten la población, insuflando aire fresco al barrio.
Ambos reconocen, con cierta resignación, que los venideros no se suman a la fiesta. «A que ven é a xente que queda de toda a vida», admite Sagrario, y José Antonio apostilla que intentan «por todos os medios que isto non se perda, que siga ano a ano». «O que se pretende é que polo menos os veciños nos reunamos unha vez ao ano para relacionarnos. Hai xente que en todo o ano no falas con ela, e a sardiñada é un punto de unión», remarca este hostelero, consciente de que la prisa moderna a veces nos aísla.
El proceso comienza a partir de las cuatro de la tarde con la limpieza de las sardinas y la preparación de la carne, todo un ritual. Reconocen que también es una celebración que sostienen con el apoyo voluntario de muchos vecinos y de colaboradores que les donan material, como la madera, o tiempo. Siempre hay música y una gran lumeirada y, como en toda fiesta que se precie en Galicia, echan pólvora.
En Curtis solo se celebra otra sardiñada, promovida por la comisión de fiestas de las patronales el propio día de San Xoán para recaudar fondos. Antes había más de pequeños grupos, pero se fueron perdiendo como el humo de las hogueras viejas.
Sagrario y José Antonio afirman que al día siguiente les toca recoger todo, barrer las cenizas y guardar los bártulos hasta el siguiente año. La del 2027 ya se prevé por todo lo alto para celebrar cuarenta años de resistencia, vecindario y fuego.