Ella es una de las miles de hijas que sacrifican su vida por cuidar de sus padres: «Atiendo a mis padres porque tengo que devolverles lo que ellos han hecho por mí. Pero también es lo que se esperaba de mí como mujer e hija mayor. Y lo asumes»
19 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Belén cuida de su madre Teresa a tiempo completo. También de su padre, aunque no tiene un nivel de dependencia tan elevado como el de ella. «Está empezando con la demencia, aún está en los estadios primeros, y tiene algún despiste, pero es más independiente. Tengo a los dos conmigo, lo que pasa es que mi padre a veces se va a su piso y está allí unos días. Pero ella es la que depende más de mí», comenta esta vecina de Culleredo. «Mi madre tiene ahora 79 años y en abril del 2024 tuvo una hemorragia cerebral. Su capacidad cognitiva está mermada, pero sí te reconoce y está más o menos bien, aunque necesita acompañamiento constante. No puede caminar sola, tiene que ir alguien con ella por si se cae. Con el problema de que en diciembre se cayó y se rompió la cadera...», explica.
Teresa se encuentra en este momento en pleno proceso de rehabilitación. Y Belén pone todos sus esfuerzos por que salga adelante con su ayuda. Jamás se planteó otra opción que no fuera cuidar de ella: «Yo no sé si es por temas culturales o tradicionales, pero yo vivo en una casa, tengo una habitación libre, y se entiende que me tengo que ocupar». Ella lo hace con todo el cariño del mundo, pero también es consciente del sacrificio que supone: «Renuncias a muchas cosas, porque yo tenía una vida fantástica. Iba a donde quería con mi marido y, de repente, ves que ya no tienes esa disponibilidad. Pero es un compromiso que adquieres con tus padres. No te planteas otra opción». Ese esfuerzo y dedicación que Belén hace cada día, le impide incluso atender sus obligaciones laborales. «Yo soy autónoma y tengo mi propio negocio, pero también trabajo por cuenta ajena en un comedor escolar al mediodía. Tuve que pedir una excedencia para tener más tiempo para cuidar a mi madre. Eso fue el primer año. Y ahora he tenido que pedir dos meses sin empleo y sueldo para poder atenderla también, porque necesita que esté más tiempo con ella», explica. «Me volví loca para buscar una persona que me ayude, porque hasta ahora iba al centro de día, pero ya no puede ir y estamos un poco en stand by, buscando una persona de confianza», cuenta.
El peso
La vida de Belén se ha trastocado en todos los sentidos y, aunque explica que tiene ayuda de su hermano, reconoce que el peso lo lleva ella y su marido, José: «Somos los que vivimos aquí. Mi marido es mi gran apoyo en estos momentos. Es el que se encarga de ayudarme con mi madre. Y mi hermano también cuando viene. Entonces, ahí estamos». «Te pasa factura en el sentido de que se te hace a veces un mundo. Y luego todo a lo que renuncias. Si pasas de trabajar fuera de casa a tener que atender a dos personas mayores que dependen de ti... Porque mi padre, físicamente, se mueve por sí mismo, pero luego depende de mí para todo. Y mi madre ya depende en todos los sentidos. Entonces, es evidente que tienes que renunciar a muchas cosas», indica.
Y continúa: «Yo, por ejemplo, para poder ir a comer con unos amigos un fin de semana, o para salir a algún sitio, tengo que llamar a mi hermano para que venga a quedarse con ellos. Porque si no, no tengo otra manera. Muchas veces ya renuncias y decidimos quedarnos en casa». Y pone otro ejemplo: «Mi marido pertenece a una agrupación tradicional gallega. Y nos gusta mucho ir de foliada. Pero, a veces, tenemos que renunciar. O si tiene alguna actuación con el grupo ya no podemos ir. Cuando se cayó mi madre, iba a asistir a la comida de empresa con mis compañeras, pero ya no pude acudir. Esos días tenía una cena con unas amigas y tampoco pude, me tuve que quedar en casa. Tienes que renunciar a muchas cosas. Y mi marido igual. Porque para no dejarme sola, él se queda conmigo».
Belén cuenta que venía de otro matrimonio, y que tanto ella como José se encontraron en la vida de una forma tardía: «La vida nos puso en el camino y somos muy compatibles en todo. Llevamos una vida estupenda. Y, de repente, esa vida se frustra totalmente. Se acaba. Y luego piensas que tienes ya 55 años, y que aunque todavía eres joven, te estás acercando a la etapa final. Entonces, cuando tienes que vivir los momentos más intensamente, pues ves que hay un parón que no sabes cuántos años va a durar». De ahí que acudiera a la Fundación Mujeres, que tiene un programa dirigido a promover el autocuidado de las cuidadoras no profesionales de personas dependientes.
Devolver cuidados
«Cuido de mis padres porque tengo que devolverles lo que ellos han hecho por mí. Pero también es lo que se esperaba de mí como mujer e hija mayor. Es como que lo asumes. Es una responsabilidad más que tienes en la vida y la llevas para adelante como puedes. No te planteas otra opción», comenta. Aunque reconoce que el hecho de que su madre acudiera al centro de día antes de la caída fue de gran ayuda: «Los centros de día son muy necesarios para la gente que trabajamos, porque es un respiro. Pero desde que se cayó ya no puede ir, tienes que sacrificar tu trabajo y tus ingresos para seguir cuidándola. Porque te necesita y tienes que estar ahí de alguna manera, como estuvo ella», indica.
Belén espera que la situación mejore y que Teresa pronto se recupere de su caída para poder volver al centro de día y así poder retomar ella un poco su vida laboral y las cosas que hacía antes: «Yo soy muy optimista y siempre veo el vaso medio lleno. Pero en momentos como estos, de lo que tienes ganas es de escapar, de recuperar la vida que tenías. Te da el bajón, pero tienes que seguir para adelante. Porque por mucho que le des vueltas a la cabeza, la situación no va a cambiar. Entonces, lo que tienes que hacer es buscar soluciones y tirar para adelante. De eso se trata la vida ¿no?». Pues sí, Belén. De eso se trata. Qué gran verdad y qué gran lección.