Los molinos de Acea de Ama de Culleredo recuperarán su imagen y la parra

El Concello los acondiciona como foco del asociacionismo y de difusión etnográfica


El aspecto exterior de los molinos de Acea de Ama no era en los últimos tiempos una buena tarjeta de visita para un recinto que el propio Concello de Culleredo califica de joya patrimonial del siglo XII. Las pintadas, sobre todo, deslucían la entrada .

Estos días la brigada social ha iniciado las tareas de renovación y mejora de los distintos espacios que desde el consistorio se quiere impulsar como foco del asociacionismo y la difusión etnográfica del municipio. Labores como el pintado de las verjas, papeleras y fuentes, la renovación de los interiores y la mejora en la iluminación o el pintado de sus dependencias pretenden hacer más habitables y confortables por las asociaciones que allí ejercen su actividad, como en la actualidad hacen en uno de los edificios.

El otro está destinado a visitas educativo-etnográficas para los centros escolares de Culleredo. Allí, el historiador de la localidad les explica a los estudiantes los objetos que allí se recogen, así como el contexto histórico de construcción de los molinos y su evolución a lo largo de los siglos.

Este lunes está previsto acometer la renovación de la estructura de la parra exterior, elemento muy deteriorado con el paso del tiempo y que históricamente ha dotado de significante estético exterior a este conjunto patrimonial. El proyecto municipal, una vez ejecutada la renovación, pretende impulsar este espacio como lugar en el que confluya una importante parte de la actividad de asociaciones de Culleredo y programas de difusión cultural del municipio. «Queremos poner en valor y recordar una parte muy importante de nuestra historia, seguir compartiendo esta pieza con las futuras generaciones», señala el alcalde, José Ramón Rioboo. Esta actuación forma parte de los planes de mejora y recuperación de espacios municipales patrimoniales.

De fábrica a museo

Los molinos estuvieron en funcionamiento ocho siglos y fueron construidos por el monasterio de Sobrado, que en la época poseía una gran influencia. Aunque la mayoría de los molinos eran controlados por señores feudales y monasterios, también existían algunos pertenecientes a pequeñas comunidades de labradores. Con el avance de la tecnología y con la industrialización cayeron en desuso y en su lugar es instalaron tres molinos de vapor con una gran chimenea. En el siglo XX, Andrés Pan Camino, alcalde y propietario del recinto intentó poner allí en funcionamiento una fábrica de harina, cogiendo lo que posteriormente sería el edificio de Servizos Múltiples. Sin éxito empresarial, los molinos pasan a manos del Concello que los convirtió en un museo.

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