«Mi madre no se creía que hubiese dejado de mordérmelas»


No hay mal que por bien no venga, porque lo que no consiguió un médico hace años -que le demostró con una endoscopia que las uñas que se comía Mairove le estaban haciendo daño al estómago-, lo logró un leve dolor de garganta que sintió durante el confinamiento. Fue mano de santo. Ya no se ha vuelto a comer más las uñas.

«Sí, me entró miedo. Una noche, cuando empezamos con la pandemia, me desperté con molestias en la garganta y me asusté porque empecé a pensar en la de veces que me llevo la mano a la boca para comerme las uñas y que podía coger el bicho y pasárselo a mi niña pequeña, que tiene 2 años y todavía duerme conmigo. Los cuido tanto [a sus tres hijos] a la hora de salir a la calle y luego resulta que estoy todo el día metiéndome la mano en la boca».

Fue así como esta venezolana afincada en Culleredo desde hace casi dos décadas cortó por lo sano. Un vicio en el que ahora ya no cree que vuelva a recaer tras más de dos meses de abstinencia: «Estuve el otro día viendo una película y me las llevé a la boca y pensé: ‘¡Qué asco!‘. Y ya me las saqué inmediatamente. Estaba emocionante la película, pero ahora que las tengo largas no me las pienso volver a morder».

Ni siquisiera su madre, que vive en Venezuela, le creyó cuando le dijo que ya no se mordía las uñas: «Ella siempre me vio con las uñas fatal y cuando le dije que ya no me las comía no me creyó. Le tuve que enviar fotos para que lo viera con sus propios ojos. Incluso le envié una que salía con las uñas pintadas y pensó que eran postizas. Tuve que enviarle otra con ellas sin pintar».

La pandemia también le ha servido a Mairove para ponerse en forma: «El primer mes hacía hasta 3 y 4 bizcochos a la semana y no duraban ni 24 horas. Y empecé a coger peso. Así que como mi hijo hace ejercicio, tiene pesas, y mi marido se compró hace tres años una cinta que la usó el primer mes y estaba cogiendo polvo en casa, me puse a hacer ejercicio. Ahora hago cinco kilómetros en la cinta y luego mi hora de pesas y ejercicio. También veo tutoriales en Internet y cada vez voy haciendo un poco más», dice esta vecina de Culleredo a la que ya se le notan los resultados: «Noto que tengo bastante definidas las piernas y los brazos». Mairove sale del confinamiento totalmente renovada.

«El confinamiento me ayudó a dejar de fumar»

SUSANA ACOSTA

Adiós a los malos hábitos. ¿El tabaco forma ya parte de tu pasado?, ¿has logrado dejar de comerte las uñas? o ¿te has deshecho de esos kilos de más? Conoce algunas de las cosas buenas que ha traído este tiempo de encierro

Solo quien haya sido fumador entiende el sacrificio que supone dejar de fumar. También los que todos los días encienden su cigarro sabiendo que difícilmente podrán renunciar a él, a pesar de todo el daño que le provoca en su cuerpo. Les puede más la adicción que sienten hacia ese enemigo invisible que el daño que la nicotina provoque en su organismo o lo que le diga su familia. Por eso, la hazaña de Vicente tiene más mérito, si cabe. Él que era un fumador empedernido, de dos cajetillas diarias y que disfrutaba fumando logró someterse al tratamiento que financia el Sergas para dejar de fumar y lo logró. Además, al contrario de lo que pueda parecer, el confinamiento le ha servido para reforzar su fuerza de voluntad y le ha ayudado en su particular batalla contra el tabaco.

Seguir leyendo

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

«Mi madre no se creía que hubiese dejado de mordérmelas»