Pedro, el trabajador reciclable

Empezó en el campo y trabajó 30 años en la construcción. Un curso de asistencia sanitaria le devolvió a la senda laboral


Culleredo / La Voz

Si Charles Darwin conociese a Pedro, diría que es el ejemplar perfecto de adaptación al medio. No en el sentido biológico, sino laboral. Porque la trayectoria profesional de este vecino de Culleredo, oriundo de Malpica, ha recorrido los tres sectores clásicos de la economía: fue ganadero en la casa familiar en la Costa da Morte; trabajó en la construcción en varios municipios de la provincia; y desde hace siete años se dedica a la atención sociosanitaria de ancianos tras estudiar un curso del Concello. «Sé reciclarme», sentencia.

Pedro Santiago Regueira fue uno de los muchos que se instalaron en las oficinas del paro por la burbuja inmobiliaria. A él le tocó en la peligrosa edad de 45 años, cerca de una frontera complicada para reactivarse laboralmente. La construcción ha ocupado buena parte de su vida profesional. De las operaciones básicas en edificios en Carballo y alrededores, las obras le fueron acercando a A Coruña y desde hace 26 años es vecino de O Portádego. A Pedro la crisis del ladrillo le pilló montando fachadas ventiladas. Entre la última jornada retribuida y su inscripción en el paro sufrió seis meses de incógnita junto a cien compañeros. «Teníamos que acudir al trabajo sin cobrar, no sabíamos qué iba a pasar», recuerda este hombre de 52 años, soltero y que comparte piso con un amigo que ya considera como «un hermano».

En el 2009 le tocó reiniciarse. Atrás quedaba un sector tocado y casi hundido por la especulación, al que le resultó imposible regresar. Tampoco volvió a sus inicios en Malpica, donde trabajaba con ganado vacuno ayudando a sus padres.

Las manos de Pedro han hecho todo tipo de trabajos: ganadería, construcción, cocina y ahora, desde hace varios años, cuida con ellas a los ancianos de un geriátrico de Culleredo.
Las manos de Pedro han hecho todo tipo de trabajos: ganadería, construcción, cocina y ahora, desde hace varios años, cuida con ellas a los ancianos de un geriátrico de Culleredo.

Su currículo era bueno en la construcción, pero limitado en lo académico para los tiempos que corren. «Estudié hasta la EGB en Carballo e hice un año en la Escuela Agraria de Coristanco», explica.

Pero Pedro no necesitó de libros para adaptarse a todo. Pasó semestres colaborando como ayudante de cocina en restaurantes de Oleiros y A Coruña. Pero siempre desembocaba en el paro.

Y entonces se produjo uno de esos encuentros que cambian la vida. Pedro se encontró con una amiga que trabaja en el Concello de Culleredo. Esta conoció su situación en el paro. Y le dio un consejo que tiene consecuencias hasta el día de hoy. «Me dijo que acababa de salir un curso de atención sociosanitaria y que yo daba el perfil por mi forma de ser. Y me apunté», recuerda Pedro. Era el año 2014. Aquel curso comenzó en julio y acabó en octubre. Y llegaron las prácticas. A Pedro le tocó la residencia geriátrica Asden, en Almeiras. «Y ya no dejamos que se marchara, es un crac», sentencia Loli Vázquez, la directora del centro. «No es una profesión en la que abunden varones, por eso los usuarios le recibieron con recelo pero se los ganó a todos en una semana», añade Vázquez.

Pedro reconoce que aquel curso y aquella experiencia en el geriátrico, y su posterior contrato, le cambió la vida. «Descubrí que era lo que me gusta, soy feliz haciendo este trabajo», apunta este hombre, que dedica su tiempo libre a caminar y a visitar las ferias de animales, «como las de Parga».

Su polivalencia parece no tener límites. En una reciente conversación telefónica, se despide con cierto apuro:

-Disculpa, es que estoy haciendo una tarta.

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