El siglo XXI no ha llegado a la estación


Un experto en movilidad contaba la semana pasada en Radio Voz que tenemos un problema cuando seguimos pensando que el autobús se deja de utilizar cuando se tiene coche: es como un defecto de juventud, como un grano molesto, que se cura con la edad y el carné de conducir.

Un paseo por la estación de autobuses o un viaje en la línea 14, la más utilizada de la ciudad deja claro que no. Que los buses se usan porque sí, con o sin coche, por múltiples razones, por ejemplo que resulta más cómodo utilizar la nueva parada de Entrejardines que buscar sitio para aparcar si se viene desde O Burgo.

Aunque a alguno le parezca un comportamiento marciano, hay quien viene desde Madrid en autobús. Y después de la paliza de viaje, llega a la ciudad y esta le saluda con la imagen de una estación que hace mucho tiempo dejó atrás el calificativo de deprimente. A pesar de las obras que han reparado los socavones, el pasado fin de semana una máquina seguía trabajando en la dársena de salidas, inutilizando una de las escaleras mecánicas. Nada que objetar si es para mejorar. Pero también continuaba apagada la pantalla principal de información en el hall de entrada. La escasísima información hace pensar que ir a la estación es para iniciados. Como tengas una duda, a ver a quién preguntas. La mayor parte de las veces, al resto de usuarios. Que si tienes suerte, estarán mejor informados que tú porque son de los que, oh milagro, usan el bus todos los días.

 Después de las últimas visitas a la estación, resulta todavía más descorazonador descubrir que vamos a tener que esperar más por la intermodal. De todos los trenes y buses que perdemos, este último tenía como destino el siglo XXI. Ese en el que el transporte público se percibe de verdad como un medio de transporte digno, que se potencia y se valora. Pero no de boquilla. En este siglo XXI al que el tren y el bus (sobre todo) no llegan, todavía nos sorprenden los titulares que cuentan que los representantes públicos utilizan para moverse algo que no es un coche oficial. Motivos de seguridad aparte, qué exótico resulta un alcalde, ya no digo un ministro, que va a trabajar rodeado de la gente a la que gobierna.

Me pregunto hace cuánto tiempo que el alcalde y la conselleira de Infraestruturas no cogen un bus en la estación. Hace cuánto que no tienen que preguntar cuál es su dársena, porque no está indicado, hace cuánto que no se les cae el alma a los pies cuando entran en la estación. No dudo que conozcan cuáles son las necesidades de los usuarios. Pero tal vez mientras se echan la culpa mutuamente del último retraso, podrían coger un bus de incógnito en la estación. A ver qué pasa.

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