Los furtivos desaparecen de la ría de O Burgo ante su nula productividad

Los mariscadores dicen que la capacidad de los bancos se desploma hasta el 20 %


A Coruña / la voz

«Hoxe en día, por desgraza, non hai furtivos na ría do Burgo. E digo por desgraza porque non hai produtividade. Para gañar 15 ou 20 euros xa nin eles se arriscan e buscan outras rías». Manuel Baldomir, directivo del colectivo de mariscadores de a pie, resumía ayer así la situación del estuario coruñés. Explicó que la capacidad productiva se ha desplomado hasta el 20 % haciendo la vida de los mariscadores «imposible», con pérdidas de puestos de trabajo y capturas que ni siquiera rozan los topes. Concretó que de almeja fina se está recogiendo una media de dos kilos por mariscador (el tope está en siete); de berberecho, tres kilos (diez) y de almeja babosa, unos siete kilos (diez). Las escasas capturas se traducen en bajos ingresos, por lo que muchos deciden renunciar al pérmex ante la imposibilidad de pagar el seguro (194 euros al mes).

Baldomir denunció ayer una situación que el PSOE ha llevado a los parlamentos gallego y estatal. El diputado nacional Ricardo García Mira anunció que su grupo hará una enmienda a la totalidad de los Presupuestos Generales del Estado, que este año solo incluyen una partida de un millón para la limpieza de la ría. También el diputado autonómico Juan Díaz Villoslada incidió en la falta de financiación y el retraso que acumula el proyecto. El año pasado se aprobó la declaración de impacto ambiental y la Demarcación de Costas remitió el pasado diciembre a Madrid la resolución de las alegaciones, «pero non sabemos nada máis». Con el cierre de la ría por toxinas de telón de fondo, la Plataforma pola Rexeneración da Ría de O Burgo convocará para el día 4 la mesa de alcaldes. 

«No, no. En casa no comemos marisco»

E. s.

Estefanía Torres Becerra, de 22 años, y Jennifer Álvarez Silva, de 27, son las mariscadoras más jóvenes que faenan en la ría coruñesa

Ella son las mariscadoras más jóvenes que faenan en la ría coruñesa. Estefanía Torres Becerra tiene 22 años y Jennifer Álvarez Silva tiene 27. Ambas son hijas de mariscadores. Y Jenni también es nieta, prima, hermana, sobrina... y hasta bisnieta de esta profesión. Lo llevan en la sangre y cuando se les pregunta por qué siguen entrando en la ría a pesar de los nulos ingresos ellas no dudan: «Es lo que nos gusta». Jennifer explica que, a pesar de ser muy joven, pudo ser testigo del declive de la ría coruñesa. «Antes la ría daba para vivir bien, muy bien. Yo he visto cómo al llegar final de mes se pagaban coches al contado. Se ganaba mucho dinero. Y ya ves... ahora yo lo que saco de la ría me da para pagar el seguro y la mitad de la factura del teléfono móvil». Aunque tiene pareja ni se plantea independizarse. «Es imposible. Vivo en la casa de mis padres en Perillo. Y el fin de semana trabajo en un bar. Por si fuera poco, por tener una segunda actividad la declaración de la renta me da a pagar, teniendo unos ingresos de 300 euros al mes cuando las capturas son buenas. ¿Y si cierra la ría, como pasa ahora? No tienes derecho a nada. Y la seguridad social hay que pagarla religiosamente todos los meses. Fani vive con su pareja en Suevos (Arteixo) y explica que sobrevive gracias al sueldo de su novio y a la ayuda de sus padres. «Hace tres años, cuando empecé a faenar, más o menos iba sacando un dinerillo. Pero cada vez es peor. Para nosotros ahora ir al cine o tomarte una coca-cola es un lujo». Tanto ella como Jennifer no entienden y sufren por el deterioro de la ría de O Burgo. «Este es nuestro huerto; en él no crece nada si uno no lo cuida y trabaja. Y eso es lo que está pasando, el fango ahoga todo. La ría se muere», explica. Y con la esperanza de que las diferentes Administraciones den un impulso definitivo a la regeneración de este huerto, aguantan el chaparrón: «¿Por qué lo tengo que dejar? Esto es lo que sé, lo que vivo, lo que me gusta y para lo que estoy preparada. Me he formado para trabajar aquí [relata todos los estudios y cursos realizados] y mis abuelos pelearon toda su vida por conseguir regular el sector y obtener los pérmex. No vamos a renunciar a la ría», clama Jennifer. Y paradójicamente, tanto les gusta su profesión que no tienen reparo en confesar lo inconfesable. «No, no. En casa no comemos marisco», dice Fani.

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