El piso de la fallecida en Culleredo siguió pagándose cinco años después de muerta

La gestoría dice que el juzgado le denegó entrar en la vivienda dos veces el año pasado


Culleredo / La Voz

María del Rosario O.V., la mujer de 56 años cuyo cadáver apareció momificado en su casa de Culleredo el pasado lunes, tenía familia. Al menos, algún amigo. A pesar de que nadie reclamó de forma oficial conocer su paradero en los más de seis años que estuvo desaparecida, el pasado martes por la noche se presentaron en el 75 de la avenida Miguel González Garcés, en O Portádego, varias personas que aseguraban conocerla a ella y a la madre, muerta en diciembre del 2.011. «Dijeron que eran amigos, que la madre, Jesusa, era de Oroso, que tenían varias primas carnales pero que no se hablaban con la familia porque se llevaban mal», indicó una vecina. Esta circunstancia y el hecho de que ambas mujeres no fuesen muy pródigas en relaciones sociales, podría explicar que la desaparición de María del Rosario pasase casi desapercibida durante un lustro. De hecho, aunque María del Rosario tenía una cuenta en Facebook no la tenía activa. 

Alquiler a nombre de la madre

Jesusa y su hija María del Rosario vivían juntas en el 2.° C,en un piso de dos habitaciones. Y, aunque compartían gastos, era la madre quien tenía domiciliado en su cuenta bancaria el pago del alquiler de la vivienda. Teniendo en cuenta el precio que pagan el resto de vecinos, la arrendataria abonaría a la empresa propietaria del inmueble unos 350 ó 400 euros al mes, cantidad que pagó al menos durante cinco años más después de muerta (entre 20.000 y 30.000 euros en total). Hasta que, claro está, se acabó el dinero en el banco. Sin cuestionar la moralidad de esta práctica, Alfonso Salazar, abogado especialista en arrendamientos, explicó que los propietarios de un piso sí pueden legalmente prolongar el cobro del alquiler a una persona fallecida si no tienen una constatación fehaciente (certificado de defunción) de la muerte de esa persona. En el caso de estas dos mujeres de Culleredo, tendría que haber sido la hija la que solicitara, en el plazo de tres meses tras la muerte de su madre, la subrogación del contrato de alquiler. Pero, evidentemente, no pudo hacerlo al morir ella también. Así que la gestoría siguió emitiendo los giros bancarios porque, al menos oficialmente, no tenía constancia del deceso de Jesusa. Y mucho menos del de María del Rosario.

Los responsables de la gestoría que llevaban los papeles de esta comunidad (dejaron de hacerlo el pasado mes de enero) indicaron ayer que no tenían constatación oficial de la muerte de Jesusa, a pesar de las sospechas e informaciones que les trasladaban los vecinos, por lo que siguieron emitiendo los cobros automáticos. Los problemas llegaron cuando hubo que renovar el contrato, se acabó el dinero en el banco y, según los residentes en el inmueble, se abrió un proceso de desahucio, una circunstancia que ni la empresa propietaria de los pisos (Testa Inmobiliaria) ni la gestoría quisieron corroborar. Tan solo confirmaron que en enero del 2016 había en los juzgados dos procesos abiertos «para que nos permitieran abrir o acceder a la vivienda. Pero nos lo denegaron las dos veces». Fue, en realidad, la denuncia de un vecino en la Guardia Civil la que permitió el pasado lunes desvelar la misteriosa desaparición de María del Rosario durante tantos años.

Los abogados Alfonso Salazar e Ignacio Espinosa explicaron que la familia de ambas mujeres podrá litigar por la devolución del dinero del alquiler. «Si aparece la familia, esta podría reclamar una devolución retroactiva del dinero del alquiler desde el fallecimiento de Jesusa. La propiedad podrá argumentar que no tenía conocimiento del fallecimiento de la mujer para seguir cobrando el alquiler. Habría que averiguar si los procesos abiertos en el juzgado se iniciaron antes de que se acabase el dinero o después», indicó Espinosa.

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