El sacerdote que se gastó y desgastó por la Iglesia

Muere Antonio Roura, vicario de la Iglesia de San Jorge


Se gastó y se desgastó por la Iglesia y por sus feligreses. Así podría resumirse la vida de don Antonio, coruñés (1937), sacerdote diocesano (1963), doctor en Sociología Religiosa (Roma 1966), y destinado en 1966 como coadjutor a la parroquia de San Jorge, de la que fue párroco desde el 23 de enero de 1975.

Fue bautizado en la iglesia de Santa Lucía y, al igual que sus hermanos, alumno del colegio de la Grande Obra de Atocha. Ingresó en el seminario de Santiago en 1957, donde sería ordenado sacerdote por el cardenal Quiroga Palacios. Destacó por su gran inteligencia práctica y su fidelidad a la Iglesia y por su entrega sin límites a sus feligreses. Fue miembro del Consejo Diocesano de Presbiterio, arcipreste y predicador incansable y de gran categoría. Cuidó la liturgia como nadie, cuando para muchos era algo sin rigor, y fue confesor multitudinario, a lo que dedicó miles de horas en su ministerio. ¡Las homilías de domingo! comentadas necesariamente en tantos ambientes pues no dejaban a nadie indiferente. También predicó los retiros espirituales a sacerdotes en muy diversos lugares de la diócesis, ya que además atendió durante años las parroquias de Coirós y de Orro, en Culleredo.

Don Antonio, cuyo funeral tendrá lugar hoy a las cuatro de la tarde en la iglesia de San Jorge, fundó una Escuela de Teología para seglares, la primera de Galicia. Organizó ciclos de conferencias de gran altura en la Fundación Barrié de la Maza. Participó en el Concilio Pastoral de Galicia, acogió en su formación pastoral a seminaristas y a sacerdotes extranjeros, y promovió e impulsó las cofradías y las procesiones de Semana Santa.

Su amor a la Virgen le lleva a colocar en el puerto de la ciudad y en la fachada de la iglesia imágenes de la Virgen del Carmen y de la Mater Civitatis. También promueve, cultiva y fomenta vocaciones diversas para la Iglesia de lo que pueden hablar en Sobrado dos Monxes, las clarisas de Cantalapiedra, el Carmelo de Eirís y tantos otros.

En fin, don Antonio, que será enterrado en el cementerio parroquial de San Martín de Portosín (Porto do Son) fue un constructor: el templo de San Jorge y sus instalaciones, el local parroquial de San Jorge sobre todo pensando en los pobres de Cáritas. Los pobres fueron siempre su debilidad: no sabía ni podía dejarlos con las manos vacías.

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