Manuel Arenas: «Este año cumplo los cincuenta y me caso por la iglesia»

CORUÑESES

MARCOS MÍGUEZ.

Propietario de la librería Arenas y apasionado de la historia militar, dice que lleva «en la sangre» la batalla de Elviña

12 ene 2020 . Actualizado a las 17:49 h.

Es un libro abierto. «Es que no tengo nada que ocultar», afirma. Responde con el corazón a cualquier pregunta. El próximo 18 de febrero cumple 50. «La gente cree que tengo más edad, y me fastidia. Pero llego un poco cascado, con mucho peso encima. Estoy operado de las dos caderas y tengo artrosis galopante. De hecho, estoy haciendo muchos viajes porque tengo miedo a no poder andar en un futuro cercano», confiesa Manuel Santiago Arenas Roca. Pero hay más. Este coruñés apasionado de las recreaciones históricas y de los episodios napoleónicos también tiene heridas de guerra. «Por culpa de los cañones tengo tres hernias discales. Date cuenta de que viajé con ellos a Trafalgar, Bailén, Austerlitz o Waterloo, y pesan 800 kilos. Van en piezas, pero te crees un campeón y... Acabé destrozando la espalda. Me fastidié una uña porque una parte del cañón me cayó en el pie y tengo cortes y quemaduras derivadas de las recreaciones. Siento calambres y hormigueos y a veces el dolor es intenso, pero no me quejo en público. Intento llevarlo con buen humor», comenta. Charlamos en el Cantón 23, al lado de su librería.

Herencia paterna

Cumple 50 y tiene pensado perder peso. «Me recomendó un cliente la dieta de la sopa. Atiborrarme de sopa de fideos o de verduras para estar saciado», comenta con inocencia. Es como un niño grande. En el 2020 los de su promoción de Maristas van a celebrar un cumpleaños conjunto. «Yo me voy a encargar de editar un libro de recuerdos», asegura este coruñés grandullón que de pequeño quería ser bombero y de mayor acabó comprándose un camión de verdad. «Tuve una fascinación infantil por los coches de bomberos hasta que me empezaron a gustar los temas militares. Mi padre tenía en su despacho una colección de soldaditos de plomo guardada en un vitrina. Una vez entré, le di un codazo sin querer al mueble, y se cayó y rompí todo. Había brazos, caderas, armas y piernas mezcladas de ejércitos napoleónicos, romanos y de la Segunda Guerra Mundial. Mi padre me obligó a arreglarlos y para ello tuve que documentarme. Después empecé a coleccionar y ahora tengo toda mi casa llena de soldados. Mi madre siempre dice que cogí todas las manías y aficiones de mi padre. No tengo un gran chalé, pero sí mis caprichos», asegura.

Película de vaqueros

Una charla de una hora con Manuel Arenas da para escribir un libro. «Mi vida es una película de vaqueros. Cambió cuando murió mi padre el verano del 90. Pilotaba mi Yamaha Special, lucía patillas y tupé, y tenía novia. Poco después me tuve que hacer cargo de la librería. Mi padre me enseñó la mejor profesión del mundo. Es un negocio que me dio los caprichos que yo quería, aunque ya no se venda como antes y hayan pasado dos crisis. Mi hijo Fernando tiene 19 años e intento inculcarle el amor por este mundo. Voy a pelear por mi negocio, que sigue siendo rentable. Yo no debo dinero a nadie», asegura. Hablando de amor, esta primavera tiene pensando casarse por la iglesia con la brasileña Marlene de Araújo, su esposa por lo civil desde hace más de dos decenios. «Tuve un primer matrimonio. Me casé con Silvia, mi primera pareja, cuando tenía 23 años. Nos separamos poco después. Ahora conseguí la nulidad y sé que a la madre de Marlene, que ya no vive, le hubiese hecho ilusión el enlace religioso», resume Manuel, que conoció a su mujer en Oviedo, donde había ido a hacer un curso de gestión informática. Presidente de la Asociación de Amigos del Museo Militar, del colectivo The Royal Green Jackets y del club de Jeep Clásico y militar de Galicia, esta semana estará muy ocupado con los actos del aniversario de la batalla de Elviña. «Soy editor y librero y llevo más de 180 publicaciones, muchas de ellas de temática coruñesa. Los actos y las recreaciones es tiempo que le entrego a mi ciudad y no pido nada a cambio. Creo que dejo mi semillita», sentencia este casi cincuentón que presume de haber conocido a grandes escritores. «Hay gente que me tacha de loco, pero el mundo es una locura, lo estamos viendo», reflexiona.