Ángel Stanich: «Tocar en María Pita es como jugar el Teresa Herrera en Riazor»

Fernando Molezún A CORUÑA

A CORUÑA CIUDAD

Ángel Stanich, en los estudios de Radio Voz
Ángel Stanich, en los estudios de Radio Voz Pauli González

Este miércoles abre el festival Noroeste en la plaza del palacio municipal a partir de las 20.00 horas

05 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Inclasificable, mordaz y con una de las personalidades más singulares del panorama musical español, Ángel Stanich (Santander, 1987) regresa a A Coruña para capitanear una de las noches grandes del festival Noroeste

—Este miércoles actúa en el Noroeste. Aquí en A Coruña se está bien, ¿no?

—Se está muy bien. Siendo de Santander, estoy acostumbrado a que haya más de cinco cambios de clima al día. Es nuestra segunda vez en el festival; la anterior también llovió y tuvimos que movernos al Playa Club.

—Presenta su cuarto disco, «Por la hierba», donde toca muchos palos diferentes. ¿Los temas son premeditados o van saliendo de forma natural?

—Como me gustan muchos géneros, no me corto y voy añadiendo otros que voy descubriendo. Me atraen los escarceos que hacían los cantantes melódicos de antes, como Tony Bennett o Elvis Presley. Aunque yo no tenga esa voz cavernosa o sexi, tengo mi propio sello.

—¿Tiene líneas rojas en cuanto a estilos?

—Hay ciertos géneros que no me gustan y simplemente no los hago. Sé que hay precipicios por los que no voy a caer, pero tampoco hace falta marcarlos como una línea roja.

—En este último disco se atrevió incluso con una bachata...

—Lo que hice fue adaptar la historia y mi personaje a ese mundo. Salió algo gracioso y positivo dentro del disco, que en general es más introspectivo y oscuro.

—En sus canciones encontramos una buena variedad de referentes: la serie «Poquita fe», Los Simpson, el Bukowski de tus inicios…

—Son como las etiquetas que aparecen al final de las noticias. Tengo mucho hipervínculo en mis canciones; es una forma de conectar, de saber por dónde voy y qué quiero evocar.

—Lo suyo es mucho más que letras escritas para acompañar a una música. ¿Se planteas hacer un poemario o algo similar?

—Las letras son comeduras de olla importantes, pero son despreocupadas. No le hago caso a la rima, no soy académico ni en la música ni en lo lírico: me dejo llevar por lo que me va pidiendo el cuerpo. Aunque bueno, lo del poemario... nunca se sabe.

—¿Qué se va a encontrar la gente que vaya mañana a María Pita, una plaza con capacidad para 30.000 personas como las que vieron a Luz Casal?

¡Es que la de Boimorto es un tótem! Tocar en María Pita es como jugar el Teresa Herrera en Riazor. Al ser un espacio abierto y gratuito, es un poco como el león en la jaula: la gente va pasando y, si le hace gracia el león, se queda. Espero ser un buen león y que la gente se sienta atraída. No creo que sea un concierto tan emotivo como el de Luz Casal, pero vamos a dejar sangre y sudor en el escenario. Aunque sin lágrimas (ríe). Quien tenga honra y hora libre, ¡que me siga!