Riazor abraza el San Xoán más familiar mientras el Orzán se entrega a la juventud

Elena Silveira
Elena Silveira A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

Los 6.685 pasajeros del Arvia se topan con una ciudad en ebullición y con los arenales ya ocupados para celebrar la noche más mágica del año

23 jun 2026 . Actualizado a las 18:33 h.

El San Xoán ya se respiraba desde primera hora de la mañana en las playas urbanas de A Coruña, aunque con dos ambientes bien diferenciados. Mientras el Orzán presentaba una imagen mucho más animada tras una noche en la que numerosos grupos habían permanecido sobre la arena para asegurarse un hueco, Riazor despertaba con una estampa mucho más tranquila, dominada por familias y con apenas algunos rezagados que habían decidido hacer guardia hasta el amanecer.

Entre esos pocos grupos que pasaron la noche se encontraba incluso algún padre de familia. Es el caso de Andrés, que el lunes por la tarde, alrededor de las 16.00 horas, descendió desde la zona de la calle Barcelona para hacerse con una parcela de arena. Después de marcar una cuadrícula, ya pensaba en la celebración que le esperaba. «Vendremos toda la familia. A ver si cabemos todos aquí. Cuando llegué ya estaban los buenos sitios cogidos. Pasaremos el día en la playa y después haremos unas sardinas, cuando traigan la parrilla para la noche», explicaba mientras vigilaba el espacio reservado.

La escena se repetía a lo largo de Riazor. Cerca de la Coraza, Catherine y María disfrutaban de la mañana bajo una sombrilla, pendientes de la niebla que comenzaba a entrar desde el mar rozando el mediodía. Ambas confirmaban que esta playa es la opción preferida para quienes quieren vivir la noche más mágica del año acompañados por niños y en un ambiente familiar. «Nos encanta esta fiesta porque podemos compartirla con los amigos y la familia, y nos encanta hacer el asado en la playa, algo que nunca se puede», comentaban.

En su caso, fueron Maolin y Xiomara, unos amigos, quienes se encargaron de la guardia nocturna para asegurar el sitio. «Vinimos el lunes a las dos de la tarde y fue difícil encontrar una parcela libre para 30 personas», señalaban. María y Catherine llegaron a las ocho de la mañana con los niños y con un desayuno a base de arepas con huevo. Tienen previsto comer allí y, entrada la tarde, encender las brasas «para asar la carne, con la madera que nos van a entregar del Ayuntamiento». Aunque ellas son venezolanas, alrededor de la mesa se reunirían amigos procedentes de Colombia, Perú y Brasil. «Somos un grupo grande y no siempre podemos reunirnos todos», comentaban.

Turistas sorprendidos

Ese carácter internacional también se dejó sentir en el paseo marítimo. El trasatlántico Arvia desembarcó en la ciudad a sus 6.685 pasajeros, que se encontraron con una ciudad en plena ebullición y con las playas tomadas por los preparativos del San Xoán. Muchos se detenían sorprendidos ante las barandillas del Orzán. «¿Por qué hay tanta gente en la playa? ¿Se puede pasar?», preguntaban algunos a los efectivos de seguridad y limpieza desplegados desde primera hora de la mañana en los accesos a los arenales.

La familia del escocés Robert McInally llegó a A Coruña en el trasatlántico Arvia
La familia del escocés Robert McInally llegó a A Coruña en el trasatlántico Arvia Eduardo Pérez

Robert McInally y su familia reconocían que la imagen era «muy sorprendente y agradable a la vez». En su Escocia natal no existe una celebración semejante y desconocían que se trataba de la gran fiesta coruñesa. «Nadie nos informó en el barco», explicaba. Pese a ello, la primera impresión fue positiva. «Es bonita y hace mucho calor», resumía.

Convivencia de usuarios

Más acostumbradas a estas estampas están Marina y Estrella. A sus 77 años, las dos vecinas de la calle Barcelona mantienen la costumbre de bajar a pasear por las playas urbanas día sí y día también. Los jóvenes del Orzán les parecen «muy majos», aunque les piden que mantengan el «sentidiño» y recojan los residuos al terminar la fiesta. Por la tarde regresarían para disfrutar del ambiente y contemplar la quema de la falla. «Nosotras nos apuntamos a todo. En medio de los jóvenes nos sentimos bien. A ver si esta noche no hace su aparición el viento, que es lo que podría estropear la fiesta, como ocurrió hace cinco años», señalaban.

Marina y Estella, de 77 años y vecinas de la calle Barcelona, acudieron este martes al Orzán para pasear por la orilla del mar
Marina y Estella, de 77 años y vecinas de la calle Barcelona, acudieron este martes al Orzán para pasear por la orilla del mar Eduardo Pérez

También María Ares, que a primera hora extendía su toalla en la zona del Orzán más próxima a Matadero, reconocía que le encanta la celebración, aunque apelaba al civismo. «Me encanta que se reúnan los jóvenes. Pero la imagen al día siguiente no me gusta tanto. Por eso hay que intentar dejar la playa lo más limpia posible», pedía.

Orzán y Riazor despiertan con más jóvenes que nunca en la antesala del San Xoán de A Coruña: «La playa ya estaba abarrotada esta noche»

Los arenales coruñeses amanecen entre parcelas limpias y otras llenas de residuos tras una noche marcada por la gran afluencia de jóvenes

Elena Silveira

Apenas despuntaba el día sobre el Orzán y Riazor cuando las playas de A Coruña ofrecían la estampa clásica de la víspera del San Xoán: arena removida, mantas recogidas a medias, restos de una larga noche de espera y jóvenes que comenzaban a ordenar, todavía con sueño, el escenario de una celebración previa que este año, según repetían varios de ellos, reunió a más gente que otras veces. «La playa ya estaba abarrotada esta noche», explicaban unos jóvenes todavía con cara de recién despiertos, resumiendo la sensación compartida por muchos grupos que, al llegar al arenal, se encontraron un ambiente más concurrido que en otras ediciones.

A primera hora de la mañana, la imagen era contradictoria: buena parte de los jóvenes habían recogido su basura y dejaban la arena razonablemente limpia, pero en otras zonas seguían visibles botellas de cristal y de plástico, envoltorios y todo tipo de residuos desperdigados tras la multitudinaria noche previa al San Xoán. También había mesas y sillas de locales de hostelería, aunque en menor número que otros años. No era casualidad: desde temprano ya se habían acopiado en las entradas para que los empresarios las recuperasen y volvieran a colocarlas en sus terrazas. Algunos jóvenes, sin embargo, las vieron apiladas y decidieron cogerlas al bajar a la playa a primera hora de la mañana. «No sabíamos que no se podían coger. Pensábamos que nos las habían puesto ahí para poder desayunar», explicaban alumnos del Eusebio da Guarda, aún sorprendidos por el malentendido.

Noche tranquila pero ruidosa

Quienes habían dormido sobre la arena coincidían en que la noche fue tranquila, aunque no precisamente silenciosa. Dormir, decían, había sido complicado en algunas parcelas, donde la música sonaba con tal intensidad que «parecía un pub». No hizo frío, apuntaban, pero la humedad se dejó notar. «Cayeron algunas gotas», comentaba uno; «quizás fue la sensación de la calima», le corregía otro compañero, tratando de precisar la incomodidad de una madrugada marcada más por el ambiente que por el termómetro.

Con solo 15 años, Paloma, Amelie, Jacobo y Diego explicaban que ellos no durmieron en la playa. «Nuestros padres no nos dejaron. Se quedaron los de 16», comentaban resignados pero entendiendo la situación, recordando que el año pasado fueron a los arenales sin reservar parcela y que esta vez ya estaban más preparados. Aun así, admitían que la emoción de estas fechas no pasa tanto por la fiesta en sí como por la posibilidad de convivir de forma continuada con el grupo de amigos. «Lo más emocionante es poder estar con tus amigos», resumían. Y añadían una certeza muy compartida entre quienes van y vienen del arenal durante estas jornadas: «Pero bueno, a partir de que se saltan las hogueras las parcelas desaparecen».

Otros, algo mayores, ya habían organizado la jornada con más previsión. Con 17 o 18 años cumplidos, un grupo del Calasanz reservó una parcela en el Orzán para reunir a unas 20 personas alrededor de la hoguera durante la noche de San Xoán. Ocho chicos se quedaron a dormir para guardar el espacio y las chicas llegaron a primera hora de este martes para hacer el relevo. «Les trajimos para desayunar cruasáns, napolitanas, galletas...», explicaban tras haber recogido ya las mantas, sacos y sillas para llevarlos a casa y evitar así tener que hacerlo más tarde. «Y porque esta noche no lo vamos a necesitar...», dejaban caer y pensando en la celebración de la noche. En su parcela, aseguraban, no quedaba rastro del paso de la noche. «Estamos muy concienciados. Nosotros recogemos todo», decían, orgullosos de haber dejado la arena impoluta. En otro de los grupos, los gastos de estos días estaban medidos al milímetro. Alguna de las jóvenes confesaba que el presupuesto era «el mínimo posible, porque el verano es muy largo». En otro corro de bañistas nocturnos, la idea era aún más austera: los gastos no podrían pasar de los 50 euros. «Y vamos a casa a comer», remataban, calculando el coste de la fiesta sin perder de vista el resto del verano.

También Jon, Lope, Candela y Nacho, alumnos del Eusebio da Guarda y de Compañía de María, relataban una noche de turnos, vigilancia y cansancio. Su grupo llegó el lunes a las seis de la mañana del lunes y desde entonces se fue relevando en la playa. Uno de sus compañeros les llamó porque, en su caso, la noche se hizo especialmente dura. «Uno de los que se quedó me llamó de madrugada y me pidió que fuéramos ya porque no aguantaba más», explicaba Nacho. Y cuando llegaron, «se fue corriendo a casa a dormir». Ellos, en cambio, pasarían la jornada jugando a las palas y, sobre todo, charlando, esperando la llegada de la noche grande. 

Preparando la parrilla

Más cerca del agua, otro grupo de Salesianos ya preparaba la parrilla para la noche. «Solo la estamos colocando», precisaban, todavía en fase logística. «Más tarde iremos a por la carne al Mercadona», comentaban, conscientes de que las sardinas se les salen del presupuesto. Bruno, María, Lucas, Iago, Alicia y David también tenían la parcela limpia porque «fuimos a llevar la basura a los contenedores», al mismo tiempo que reclamaban más papeleras y un mayor incentivo para mantener limpio el arenal. «Podían ofrecer bolsas a todos los que bajan para que metan los restos dentro», proponían. También pedían más zonas de música y baños operativos desde la noche anterior, «porque como están cerrados al final la gente va a la orilla del mar». La queja apareció más de una vez entre los jóvenes, que consideraban insuficiente el dispositivo para una afluencia tan grande. «Son muy pocos baños para tanta gente. Y este año hay más gente que nunca. Quizás porque el tiempo acompaña», comentaba otro chaval, resumiendo una impresión generalizada de que la víspera de San Xoán calurosa y que está siendo especialmente concurrida. De hecho, a las diez de la mañana los termómetros marcaban 23 grados centígrados y ya comenzaban los primeros baños en el Orzán.