De desplomarse sin sentido a correr 100 kilómetros: «No sabes lo fantástico que es salir sin miedo a la calle»
A CORUÑA CIUDAD
El Hospital San Rafael de A Coruña aplica una técnica pionera de cardioneuroablación para evitar los síncopes vasovagales
16 jun 2026 . Actualizado a las 15:35 h.Por ahora no es una técnica demasiado extendida, pero en el Hospital San Rafael de A Coruña han comenzado a aplicarla con buenos resultados. Se trata de la cardioneuroablación para tratar a pacientes que, de repente, sufren un síncope y, literalmente, se desploman. Explican los especialistas que estos episodios vasovagales, que condicionan y limitan de forma importante a aquellas personas que los sufren de forma reiterada, se producen por una respuesta exagerada del sistema nervioso autónomo, lo que provoca una caída brusca de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, lo que desencadena una pérdida momentánea del conocimiento. Hasta ahora, y en los casos más graves, se recurría a implantar un marcapasos, algo que no siempre resolvía el problema, ya que este dispositivo actúa sobre la frecuencia cardíaca, pero no sobre el componente vasodepresor, la bajada de tensión.
Frente a ello, este nuevo sistema es un procedimiento mínimamente invasivo. «Sí, es parecido a lo que hacemos con las arritmias —confirma Gonzalo Peña, el responsable de cardiología del centro privado de A Coruña—; de hecho, surge de los resultados de la práctica: cuando lo haces muchas veces ves cómo se comporta el corazón, ves que adquiere un nuevo ritmo cardíaco y que, aparte de quemar músculo cardíaco, con la ablación puedes quemar esas estructuras nerviosas relacionadas con los síncopes. A través de las técnicas, localizamos dónde están esos nervios y somos capaces de enervarlos, porque el síncope es el resultado de una descoordinación entre cerebro y corazón: el primero le envía órdenes confusas al segundo, que deja de latir, colapsa y el paciente pierde el conocimiento. Quemando esos nervios, conseguimos que ya no sea capaz de enviar esas señales confusas», explica el especialista.
Hasta un 20 % de la población sufre un síncope alguna vez. A la mayoría, le sucede una vez en la vida, pero «hay un grupo de personas, generalmente jóvenes, que los tienen recurrentemente y les condiciona su vida en momentos muy comunes: si están mucho tiempo de pie, en momentos de estrés, en días de mucho calor, si duermen poco o en situaciones que no controlan; en realidad, el problema no es que vayan a tener una parada cardíaca, porque se recuperan, sino los daños por la caída. Es típico de pacientes que se levantan de noche al baño y acaban cayéndose contra el lavabo», ejemplifica el doctor.
La cardio neuroablación «es para un porcentaje pequeño de personas y en casos seleccionados», agrega antes de indicar que «para esa gente que a lo largo del tiempo sigue teniendo esos problemas tan invalidantes es la única solución, porque no hay tratamiento farmacológico, y generalmente no puedes dejar de estar de pie, por ejemplo, o de hacer actividades cotidianas… A veces, se les indica un marcapasos porque el corazón va demasiado lento, pero tampoco te asegura que evites la bajada de tensión, el marcapasos solo evita la bajada de la frecuencia cardíaca», explica Peña.
Para aplicarla, antes realizan pruebas para descartar otras causas y se llevan a cabo estudios específicos previos a la intervención «para ver cómo responden a la atropina», señala. El procedimiento, aunque invasivo, «es menos agresivo que poner un marcapasos, está reglado y controlado» y, según Peña, «es sencillo: entramos por la ingle, pasamos de la aurícula derecha a la izquierda, y a través de cartografía de los nervios, se hacen quemaduras con radiofrecuencia en puntos adecuados; con otro catéter a través de la yugular estimulamos el nervio vago y vamos probando la respuesta», describe de un procedimiento en el que emplean de hora y media a dos horas. «Al día siguiente el paciente se va para casa», recalca. Asegura que en la sanidad privada gallega son los primeros en realizar una técnica pionera que hasta el momento ha dado muy buenos resultados. «Les ha cambiado la vida», concluye.
«No sabes lo fantástico que es salir sin miedo a la calle»
«Estoy estupendamente», espeta nada más iniciar la charla José Alberto Carballo Louzao. Tiene 50 años y corre hasta maratones y pruebas de resistencia. La última, los 101 kilómetros de la Peregrinos de Ponferrada. No se acaba de creer del todo cómo le ha cambiado la vida desde que se ha sometido en el San Rafael a la técnica. Siempre ha hecho mucho deporte, sufre una «pequeña hipertrofia del ventrículo izquierdo» y desde hace años soporta, o soportaba, síncopes frecuentes. «Me bajaban las pulsaciones a 32, me caía redondo». El último episodio que le decidió a someterse al procedimiento le dejó una brecha de seis grapas en la cabeza y un susto monumental a su pareja, que se temió lo peor cuando se lo encontró tirado en el suelo de la cocina en medio de un charco de sangre, con los ojos como platos, empapado en sudor frío y sin responder durante un largo minuto a ningún estímulo.
«Me pasa desde hace años, pero antes eran más espaciados.Primero solo tenía mareos, luego los veía venir y me daba tiempo a sentarme, pero últimamente me iba al suelo en dos segundos, y cada vez eran más frecuentes»,
El último episodio lo tuvo ingresado en el Modelo cuatro días. «No sabían qué hacer conmigo», resume, hasta que una doctora le habló de la neuroablación. «No sabía ni qué era eso, nunca lo había oído», comenta. Aunque pensó que se lo harían en el Chuac o en el Cunqueiro de Vigo, finalmente lo llevaron al San Rafael. «El doctor Peña me explicó todo maravillosamente, me dijo: “Es como si tuvieras un cable muy gordo que lleva mucha electricidad a tu sistema nervioso, te vamos a reducir el calibre, pero antes vamos a ver que todo esté bien y probar alternativas". «Me hicieron un montón de pruebas y probaron, pero no funcionaba nada». A principios de febrero, se decidió.
«Salí de allí con un pulso de 100, más alto de lo normal, y tenía una sensación rarísima, en las sienes, en los tobillos…me notaba súper acelerado, tuve días complicados, y llegué a pensar que igual no había sido tan buena idea, casi me arrepentí, pero Peña me dijo que las cicatrices estaban recientes, que había que darle tiempo y que iría mejorando». Y así fue. Pasaron unas semanas, y el pulso se regularizó. «Ahora mismo estoy en 62 pulsaciones, si camino mucho, subo a 80-85, estoy súper contento. No me han vuelto a dar síncopes, ni siquiera mareos, ni se me va la cabeza».
Tal ha sido la mejoría, que hace un mes «terminé una carrera de 100 kilómetros, con permiso del doctor, y no tuve ningún problema. Poder salir a la calle sin no caerme, sin tener que dar explicaciones a la gente de mis síncopes es...». Alguno llegó a verbalizar lo de «seguro que estás borracho», cuenta.
«Salgo con tranquilidad absoluta, ahora ni tan siguiera tengo que pensar si me voy a marear o no, no he vuelto a tener nada», insiste sobre el cambio que significa no vivir con el temor constante a desplomarse cruzando un paso de peatones, o yendo en bici, o, lo peor, conduciendo. «Yo cogía el coche y decía ‘por favor que no me pase nada'. Si veía que me empezaba, paraba, pero pensar en lo que puedes provocar si te vas contra una terraza llena de gente No sabes lo fantástico que es salir sin miedo a la calle», concluye.