Trabajadora de cara al público desde 1979 y los últimos diez años al frente de Calzados MR, liquida el comercio para jubilarse en septiembre
24 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Los carteles de «liquidación por cierre» anuncian el final. «Cuando los puse, la clientela me empezó a decir, ¿qué vamos a hacer sin ti?, ¿en serio te vas a jubilar? De tantos comentarios que me hicieron me subió la tensión», asegura Mercedes Rodríguez Mosquera, propietaria de la tienda Calzados MR (por sus iniciales) en la céntrica calle Alfredo Vicenti. «En septiembre cumplo los 65 y me jubilo. Llevo desde 1979 trabajando ante el público y reconozco que me gusta, me aburro si no tengo gente», comenta. Poco tiempo para aburrirse tiene en este local donde charlamos, o lo intentamos. Cada poco rato entra alguien. Una señora pregunta por unas zapatillas de toalla y se las lleva. Un chico con look moderno se interesa por unas J’hayber de las que no hay su talla. Y una madre entra con su hijo antes de clase de inglés para saber si hay unas Victoria para él. «Están de oferta a 10 euros, pero son pares sueltos», informa Mercedes, que sabe todo sobre la mercancía que tiene, a pesar de que en el reducido espacio en el que trabaja se amontonan cajas, catálogos, todo tipo de calzado, bolsas, papeles, un bote de gel hidroalcohólico vacío, unas gafas, el datáfono... «Aunque la tienda está desordenada sé dónde están las cosas. Me gustaría tener un bajo de cien metros, pero solo dispongo de 44», explica. Viendo el goteo constante de clientes parece difícil poder mantener cierto orden. «La pena es que nadie quiera seguir con este negocio», se lamenta.
Fernández y Tojeiro
Otra clienta que viene a por unas alpargatas se sienta en la única silla de la tienda y habla un rato con Mercedes. «En los comercios pequeños ejercemos de psicólogos», asegura esta mujer que empezó a despachar antes de ser mayor de edad. En 1979 estudiaba en el Eusebio da Guarda y lo compaginaba con su primer trabajo en el Bazar Fernández. «Había de todo, droguería, perfumería, juguetes, vajillas... Estuve allí 26 años. Después empecé en Calzados Tojeiro, que tenían cuatro negocios en Ferrol y en A Coruña: en la calle Barcelona y este, al que me mandaron en el 2009. Hace 10 años que la familia que lo tenía se jubiló y me quedé yo y le cambié el nombre por indicación de la gestoría», relata. Entran dos mujeres que piden dos pares de zapatillas de toalla, que se ve que siempre son tendencia. Con la ayuda de un palo que acaba en un gancho logró bajar de la estantería lo que demandaban. Segundos después aparece otra clienta que le muestra unas sandalias que dice que compró hace poco y que tienen la suela muy deteriorada. Mercedes le comenta que debe de ser un defecto del fabricante, que las devuelve y le consigue otras. «La mayoría de la gente es maravillosa, pero hay de todo. Nunca tuve problemas con nadie, y eso que no soy la alegría de la huerta. Lo que más se vende es la zapatilla de señora, y después, la de caballero. Y lo más complicado, lo de niño. Tengo mucha mercancía que creo que voy a perder», avanza.
Volver al gimnasio
Entra en el local a media mañana y no sale hasta las nueve de la noche, cuando la viene a buscar su marido. «Traigo la comida en un táper y como aquí. Si voy a casa me cuesta mucho volver por la tarde», explica esta mujer que tiene cuatro hijos de 40, 36, 31 y 28 años, y dos nietos. «A partir de septiembre voy a tener más tiempo para la familia, para aprender a palillar, leer y volver al gimnasio». La nueva clienta que entra pide unas zapatillas de la talla 40 para su marido y le dice: «Que sean descalzas y anchas». Mercedes sabe, lo busca al instante. Nació en Oza-Cesuras y hasta los 5 años vivió en París con sus padres, emigrantes. Volvieron y se instalaron en la calle Fuente Álamo, que sigue siendo su lugar en A Coruña. Entre cajas con calzado con precios que oscilan entre los 12 y los 65 euros se desarrolla la vida de Mercedes, al menos hasta después del verano, cuando se pondrá las zapatillas de casa.