Hugo Gómez-Chao, director del Festival Resis: «Hoy en Galicia tenemos a algunos de los mejores creadores de España»
A CORUÑA CIUDAD
El festival de música contemporánea se celebra en A Coruña y Santiago entre el 23 de abril y el 24 de mayo
18 abr 2026 . Actualizado a las 21:40 h.Su idea era la de establecer un punto de encuentro entre creadores, público e intérpretes alrededor de la música contemporánea. Bajo esta premisa creó Hugo Gómez Chao (A Coruña, 1995) el festival Resis, que cumple su octava edición. Seis conciertos, una performance, dos instalaciones sonoras y una residencia en el programa, que se desarrollará en A Coruña y Santiago.
—¿Cómo definiría esta edición?
—Este año vamos a hacer un homenaje a Morton Feldman, en el centenario de su nacimiento. Se trata de un compositor de la escuela de Nueva York muy vinculado a artistas plásticos de su tiempo como Mark Rothko o Philip Guston y muy vinculado también a pensadores y escritores como Samuel Beckett. Realmente . Es una figura trascendental en la música de los últimos 70 años, que plantea un lenguaje y una reflexión sobre la música muy personal. Él la aborda desde una dimensión muy plástica, como material pictórico.
—¿Qué destacaría del programa?
—El concierto de inauguración, el jueves 23, es muy especial. Hacemos la que posiblemente es la gran obra de Morton Feldman, la Capilla Rothko, la pieza que dedicó al pintor Mark Rothko. Un concierto que se completa con tres cantatas de Dietrich Buxtehude, un compositor de la escuela alemana del barroco medio, y dos estrenos de dos compositores contemporáneos. Por otro lado, tenemos el concierto de la Real Filharmonía con el estreno en España de Void, la pieza de Rebecca Saunders, la ganadora del León de Oro de la última Bienal de Venecia y el estreno en Galicia de Coma Berenices, una obra de Francisco Guerrero muy importante dentro de la composición española contemporánea. Y en el concierto de la Sinfónica de Galicia juntamos tres preludios orquestales de Richard Wagner con el estreno en España de dos obras contemporáneas: Ars Umbrae, del gallego Jacobo Gaspar, y Dark dreams, del austriaco George Friedrich Hass.
—¿Hay ser un erudito para disfrutar de la música contemporánea?
—La prueba de que no es que ya tenemos todas las entradas vendidas en todos los conciertos. Llevamos nueve ediciones y cada año tenemos más público. Eso significa que la gente está más abierta. Cualquier amante de la música, del estilo que sea, tiene que estar abierto a que algo nuevo le pueda seducir. Disfrutar no tiene que ver con entender de una manera erudita. Al final se trata de estar atento y dispuesto a escuchar.
—¿En qué nivel está Galicia respecto a la música contemporánea?
—Ahora mismo, Galicia es uno de los territorios más fértiles de España. Tenemos dos orquestas que están haciendo una labor de difusión muy importante y, al margen del Resis, formaciones como Arxis Ensemble, Vertixe Sonora o Pulso Ensemble, conjuntos de cámara que abordan la creación contemporánea desde interesantes puntos de vista. Creo que Galicia está saldando una deuda pendiente. Estamos ganando terreno con una música que a lo mejor no estaba tan habitualmente dentro de las programaciones, pero que merece estar. Por su propia historia, por poner en valor el patrimonio que tenemos y por apoyar a la nueva generación de compositores y compositoras. Hoy en Galicia tenemos a algunos de los mejores creadores de España.
—Una de las máximas del festival es la Integración de propuestas musicales de vanguardia en armonía con espacios singulares. ¿En qué se concreta esa voluntad?
—La ventaja que tenemos como festival es que no somos una institución que tenga una sede fija. Y nosotros siempre configuramos la programación pensando en el lugar en el que va a tener lugar su puesta en escena. La pregunta que nos hacemos siempre es: «¿Qué espacio puede funcionar para este concierto?» Y yo creo que eso es un punto a nuestro favor. Porque además tenemos la creencia de que la música clásica tiene que intentar salir del auditorio. O al menos intentar volver a hacer algo que creo que ocurre con otros muchos tipos de música, pero que tal vez la clásica no se ha parado a reflexionar sobre ello, que es volver a hacer comunidad. Al final, el espacio donde se hace un concierto es un ágora, un punto de reunión de gente que va a escuchar y a sentir al unísono. Y me parece que el tema de sacarlo de los auditorios nos favorece a todos.