Alberto Taracido, dibujante de A Coruña: «Mi primer álbum para Europa es una historia que transcurre en Labañou»
A CORUÑA CIUDAD
Ha conquistado el mercado europeo con un cómic ambientado en su barrio natal
12 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Al barrio de Labañou lo conocen en estos momentos en numerosos hogares de habla francesa. El motivo, el éxito que está teniendo en el competitivo mercado europeo el cómic de Alberto Taracido (A Coruña, 1961) L’echo des jours brisés, editado originalmente por la francófona Paquet y publicado recientemente aquí, en gallego, por Demo Editorial como O eco dos días rotos. Una historia ambientada en el popular barrio coruñés en el que creció el dibujante —que sigue viviendo con la bahía de Riazor de fondo— detrás de la cual hay otra historia igualmente fascinante.
—¿De dónde sacó la idea de ambientar la historia en Labañou?
—La culpa es del confinamiento. Como tenía ganas de calle, hice un dibujo de una plazoleta de Labañou en la que pasé mi infancia, con unos chavales jugando al huevo, pico, araña, que es a lo que jugábamos entonces. Lo colgué en las redes y tuvo mucha repercusión.
—Pero de una ilustración a un cómic hay un trecho.
—Es que siempre me anduvo en la cabeza hacer un trabajo de autor, pero es muy complicado. Sobre todo que te lo publiquen. Vi que en ese dibujo había una historia, un homenaje a mi barrio y sus gentes. Así que le di forma a los personajes, la estructura, y me preparé un dosier para presentarlo en el mercado franco-belga. Porque, ya puestos, mejor empezar por arriba, por lo más difícil. Aunque con las expectativas en su sitio, porque no creía que les fuera a interesar una historia de las gentes de un barrio de A Coruña en los años setenta.
—Y les interesó.
—Me respondieron rapidísimo, en menos de un mes, tres editoriales: una belga, una francesa y una suiza. Y me quedé con la más pequeña, me dieron libertad creativa absoluta. Bueno, pequeña entre las grandes. Así que tengo la gran suerte de que mi primer cómic en Europa lo hago como autor completo y para colmo con una historia que transcurre en mi barrio de Labañou.
—¿Qué cree que le vieron en el exigente mercado franco-belga a esa historia ambientada en Labañou?
—Que es algo universal. Con una ambientación local, sí, pero una historia que funciona en cualquier lugar. La intención era que este barrio fuese reconocible en Francia, porque en toda Europa hay barrios que pueden identificarse con Labañou. Y los personajes, lo mismo. La abuela es una abuela de Labañou, pero puede recordar a una abuela de Varsovia o de Milán.
—¿Cómo es esa historia local y universal a la vez?
—Está ambientada en los años setenta, en unos años en los que todavía estábamos en una dictadura. Una panda de niños, un viaje iniciático con el trasfondo de esa política que no nos contaban, y la aparición de un viejo, en unas vacaciones de verano, que va a traer todos los recuerdos de posguerra. Pero todo amenizado con fiestas, comidas, vino y música.
—Ese personaje, Belarmino, y el resto, ¿están basados en personas reales del barrio?
—No. El paisaje es real, pero los personajes son ficción. Evidentemente están inspirados en personajes pintorescos que había en Labañou en mi infancia, pero no hay nombres ni caras reconocibles.
—Parece que ha llegado al cómic europeo para quedarse.
—Pues sí, lo que en un principio iba a ser publicar un cómic y listo va ya por tres álbumes y con vistas a un cuarto. La editorial tiene una colección en la que adaptan textos de Agatha Christie, y me propusieron participar. Y yo, como director de arte, que me dejen ambientar una historia así es un auténtico caramelo. Lo primero que hice fue un cuento corto, El pudding de Navidad, ambientado en una mansión inglesa en los años treinta. Se publicó en octubre del año pasado, y ya estoy trabajando en otro de la misma colección, La muerte de Roger Ackroyd. Y hay alguna cosa más que por ahora no puedo contarte...
—Espero que pueda contármelo este verano en Viñetas desde o Atlántico. Porque le invitarán, ¿no?
—¡Pues espero que sí, claro! Me encantaría. Todo depende de Manel Cráneo, el director del festival. Al que, por cierto, le estoy eternamente agradecido. Porque la guinda de este magnífico pastel que ha sido el cómic de Labañou es haberlo podido publicar en gallego en su editorial.
«Dibujar superhéroes fue un reto, pero sentía que tenía que hacer algo mío»
Alberto Taracido es uno de los grandes nombres de la ilustración, el diseño y la dirección de arte de nuestro país. Su vastísimo currículo incluye grandes éxitos en la publicidad o el cine, pero tenía una carencia: el cómic.
—¿Por qué se decanta ahora por la banda diseñada?
—He hecho de todo. Muchos trabajos de diseño gráfico en la década de los noventa, cuando se pagaba muy bien. Estuve muchos años en Dygra, donde fui director de arte de El bosque animado, la primera película 3D europea y que se llevó dos Goyas. Pero llegó la crisis del 2008 y arrasó con todo. Empezaron a caerse los rodajes y volví al diseño gráfico, que fue siempre un salvavidas en mi carrera. Pero con todo esto, me faltaban años de dibujo y narrativa. Hice mucha ilustración, mucha comunicación visual, márketing... Pero eso de dibujar para narrar, me faltaba.
—Y editó en el 2018 «Mr. Crabb y el paraíso», su primer cómic.
—Lo fui haciendo en tiempos muertos. En un principio sin ánimo de publicar, era un ejercicio personal. Y al final me quedó un tomo de 200 páginas.
—¿Y cómo terminó trabajando para el mercado americano?
—Me puse en contacto con una editorial francesa, pero resultaron estar más interesados en que trabajase para su filial americana. Para mi fue un máster, porque nunca fui de superhéroes ni había dibujado tipos musculados dando mamporrazos. Así que hacer Eternal Warrior fue un reto. Pero seguía sintiendo que tenía que hacer algo mío y en Europa. Y de ahí la historia de Labañou.
—¡Vaya cambio!
—Me identifico más con estas cosas más nuestras. Y es un estilo en el que me siento mucho más cómodo que dibujando superhéroes.