La familia más acogedora está en A Coruña

R. Domínguez A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

El cirujano cardíaco Carlos Velasco y Carmen Maceiras, madre de acogida, en el Hospital Teresa Herrera de A Coruña, el materno del Chuac.
El cirujano cardíaco Carlos Velasco y Carmen Maceiras, madre de acogida, en el Hospital Teresa Herrera de A Coruña, el materno del Chuac. Ángel Manso

Hasta 22 niños enfermos han pasado ya por la casa de Carmen y Beli. «Seguiré hasta que aguante», dice la madre que más pequeños ha atendido de los 124 operados en el materno gracias a Tierra de Hombres

12 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Dicen en el Hospital Teresa Herrera de A Coruña, el materno del Chuac, que tienen el récord de España. Si se inscribieran, no hay libro de familia con hojas suficientes ni estantería para tanta foto. Porque Carmen y Belisario, los padres de acogida plusmarquistas, han criado a sus dos hijos, Uxía y Xoel, con otros 22 pequeños. Es la familia de referencia que ha dado calor a muchos de los niños de Tierra de Hombres, esa oenegé que desde A Coruña ha rescatado de un final prematuro a los nacidos donde la sanidad no llega a todos los corazones.

Lejos de sus padres y llegados de Togo, Benín, Mauritania, Mali, Senegal... bajo su techo han pasado los meses de convalecencia para recuperarse de las cicatrices del bisturí. Todos con graves patologías cardíacas sin solución posible en sus países de origen, condenados a un adiós temprano si el Viaje hacia la Vida, que así se llama el programa solidario, no hubiese llamado a sus puertas y si las puertas de casas como las de Carmen y Beli no se hubieran abierto de par en par.

Uxía y Xoel tienen ahora 27 y 25 años, pero de pequeños disfrutaron con todos esos compañeros de plato y cama, lloros y risas, que nada une más que el lenguaje universal de la infancia. El juego, al fin y al cabo, no entiende de idiomas y menos de fronteras.

La última carita de esta familia extensa fue Yousra, de 4 años. Llegó a principios de octubre con el mal azul, una tetralogía de Fallot —cuatro defectos cardíacos en un minúsculo músculo— que impide la correcta oxigenación y vuelve cianóticos labios y piel. «Es la primera que tengo de Níger, pero no es la más pequeña, hemos tenido bebés de un año y la mayor tenía 14», cuenta Carmen. Ninguno estuvo bajo sus mimos menos de dos meses y medio. Y más de uno celebró su cumpleaños a miles de kilómetros de sus apegos de nacimiento.

Desde el 2008

Empezaron en esto de acoger en el 2008, cuando vivían en Los Rosales, y lo hicieron porque «lo vivimos como una obligación para con el resto del mundo: hay un niño que necesita ser operado y si yo puedo atenderlo, ¿cómo no hacerlo?», reflexiona en voz alta la madre de acogida. «Tiene también su lado menos romántico —confiesa— y cuanto te toca despedirte cuesta, pero merece la pena».

Es abogada y cuenta esta historia para ella más que cotidiana con Yousra pintando a su lado, mientras sigue con las tareas del bufete. Es autónoma, y una de las pocas ventajas de serlo la encontró, precisamente, en poder ir organizando la logística diaria de las acogidas temporales llevándose a sus niños al trabajo.

En la conversación, salen varias veces los nombres de Loli y Loreto, sus compañeras de despacho en la calle Caballeros. «Cuando tenía juicios, ellas me han echado siempre una mano quedándose con los niños; tengo esa suerte, como la de haber podido contar con mi madre, que me ayudó muchísimo, y con el padre de mi ahijada, que también venía para sacarlos a pasear, al parque...». Así, fue arreglando las muchas mañanas de conciliación, y por las tardes «la suerte es que Beli es funcionario».

«Hay que animar a la gente a que acoja; se puede, si te organizas, puedes», insiste Carmen, que con cada niño vuelve a sorprenderse. «En poco tiempo, entienden todo, llegan sin saber una palabra, pero acaban hablando como cotorras». Y una de las mayores recompensas es «ver cómo vienen, sin fuerza ninguna y casi sin poder moverse, y cómo se van, corriendo y saltando». Ha visto el milagro de la ciencia 22 veces, y algunas muy al límite. Recuerda el nombre y los abrazos de todos. En especial de quienes peor lo pasaron. Como Precieux, que estuvo ocho meses en casa.

«Ya voy mayor», lamenta con 58. Pero los años, por ahora, no son excusa. «Seguiré haciéndolo hasta que aguante... Si tengo nietos y puedo cuidarlos a ellos también a la vez, será estupendo». 

Profesionales del materno ya han operado a 124 niños de Tierra de Hombres desahuciados en sus países

Carlos Velasco es el cirujano cardíaco que ha cogido el relevo de Claudio Zavanella o Chisco Portela, por citar dos de los médicos que iniciaron la cooperación con Tierra de Hombres. «Empezaron en el 2005 y ya llevamos 124 niños, todos con patologías muy graves, con muy mal pronóstico: morirían si no se les operaba en un plazo corto de tiempo», explica. En uno de sus últimos casos, sin ir más lejos, el avión que traía al pequeño de dos años tuvo que desviarse y hacer parada en Málaga para estabilizarlo. «Aquí se operarían a los 4 o 5 meses de vida para evitar secuelas», explica. «Lo habitual es que nos lleguen en situaciones muy límite, con patologías congénitas muy complejas; y cuando los valoramos, miramos que sean potencialmente curables y que en sus países pueden ofrecerles el seguimiento adecuado». 

De los retos asistenciales que supone dar respuesta a esta infancia alejada de los recursos hablaron los profesionales y las familias en una jornada en el materno. En el hospital, el equipo multidisciplinar ve «fundamental poder colaborar para intentar salvar a pacientes pediátricos que no tienen los medios necesarios ni la suerte de un sistema público que abarca toda la patología». Eso, solo desde el punto de vista profesional. Porque «a nivel humano —añade— supone una gran satisfacción, es vital para ellos».

La localización de pacientes, su traslado y la búsqueda de familias de acogida corren a cargo de la oenegé. «Nos contactan porque somos el único centro que opera cirugía cardíaca infantil compleja en Galicia, y pedimos autorización al Sergas, que solo nos pregunta si el niño es tratable». «En ningún caso —insiste— esta colaboración retrasa o penaliza la atención a los pacientes de nuestra área; por fortuna, nuestra lista de espera es reducida y programamos estas operaciones en períodos con menos actividad».