Pedro Vázquez: «Cualquier cosa que se pueda comer con cuchara me vuelve loco»

A CORUÑA CIUDAD

Pedro Vázquez, en el Mesón de Hervés en la calle Fontán, en A Coruña
Pedro Vázquez, en el Mesón de Hervés en la calle Fontán, en A Coruña MARCOS MÍGUEZ

Amigo de pescar y navegar, dirige junto a sus dos hermanos el Mesón de Hervés, última generación de la casa de comidas fundada por su abuelo en Carral

26 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

«Nací debajo de la barra de un bar», asegura. En realidad vino al mundo en un hospital de A Coruña el día de san Isidro de 1973, pero es una forma de decir que su vida está ligada a la hostelería. «Mi abuelo le compró a un familiar el local de Herves, en Carral, que había sufrido un incendio. Y ahí empezó todo.

En 1959 ya figura en la licencia como casa de comidas. Él estuvo hasta 1988 y después siguió mi madre y ahora sus tres hijos, Patri, Cris y yo», resume Pedro Vázquez Espiñeira, del Mesón de Herves, desde el 2018 en la calle Fontán. «En febrero hacemos 8 años aquí y estamos contentos. Los locales tardan un tiempo en asentarse y tuvimos lo del covid por el medio. Pero A Coruña es una ciudad maravillosa con una gente encantadora. Fuimos corrigiendo detalles y adaptándonos a los tiempos, aunque sin perder nunca la esencia de un restaurante o una casa de comidas de producto, de cocina tradicional. El dinero es importante, pero mi mayor pago es cuando viene una familia a comer y se marcha contenta. Es la propina más grande que existe, un grupo de gente que se marcha satisfecha. Es lo máximo. Y tengo la suerte de que tenemos clientes de toda la vida, que te cuentan anécdotas de mi madre, del abuelo...», relata Pedro, que es de los que le gusta hablar. 

Los productos de otoño

Casado con Josefa, tienen tres hijos que se ve que no van a seguir la senda hostelera. El mayor, de 23 años, es matemático; la segunda, de 22, estudia Medicina, y la pequeña, segundo de veterinaria. «Es una pena, pero ellos no van a seguir con el negocio, a lo mejor alguno de los cuatro hijos que tienen mis hermanas», reflexiona.

Hablamos de su vida y del restaurante, que insiste en denominar casa de comidas. «Me gusta ese concepto. Hay gente que viene a tomar sus pinchos y sus cañas, y otros, a comer», apunta. Dice, que al ser cocina tradicional, todos los días tienen cuatro o cinco pescados y carnes y siete u ocho propuestas de picoteo.

«El día que el marisco está bien de precio también tenemos. El cabrito, que gusta mucho, lo traemos de A Rúa, y ahora estamos empezando la temporada de otoño con las setas y la caza. Están saliendo muy ricas las perdices. Y en noviembre empezamos con los cocidos. Está claro que somos un restaurante de producto, pero no tan encasillados como antes, es decir, no solo de jarrete y lenguado, también apostamos por otros platos de corte más moderno», analiza. 

Pasión por la pesca

Me habla de A Casa do Fogueteiro, el primigenio mesón que era de una prima hermana de su abuelo y que empezó en el siglo XIX. Le gusta contar historias y hablar del negocio, de la empanada casera, de los calamares tipo rabas, del chuletón... «Nosotros somos de los que comemos después del servicio e intentamos que sea una cocina equilibrada porque si no... Soy de esos a los que les gusta comer y soy más de peixe que de carne. Un guiso de pescado, una caldo de berza, unas fabes, unos callos como los que hicimos esta semana, una sopa de cocido... Cualquier cosa que se pueda comer con cuchara me vuelve loco», relata.

«En lo sencillo está la esencia», sentencia. En el tiempo libre practica yoga y va al gimnasio «para poder tomarme un vino», confiesa. El trabajo y la familia le ocupan muchas horas y apenas dispone de oportunidades para dar rienda suelta a su gran pasión, la pesca. «Soy pescador. Es mi máxima afición. Tanto truchas como lubinas. Me gusta el río y el mar. También me encanta salir a navegar y, aunque no tengo barco, sí amigos que lo tienen, que es lo más importante», asegura sonriente.

De nuevo me vuelve a hablar de platos que le encanta comer como los mejillones o los chinchos en escabeche. Escuchando a Pedro se te hace la boca agua. Un hostelero que sigue una tradición que no se sabe exactamente cuándo empezó pero siempre marcada por la cocina de calidad.