El picudo llega al palmeral centenario de Méndez Núñez de A Coruña
A CORUÑA CIUDAD
Un especialista confirma la muerte de un árbol al pie de la formación de 1913. El gobierno local, que cree que todavía es recuperable, dedica 100.000 euros a tratamientos preventivos. «Es lo único que se puede hacer», dice el biólogo
21 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Hay desacuerdo entre los técnicos sobre si el árbol de la fotografía está vivo o muerto, si las larvas del picudo rojo han acabado con las pocas células de crecimiento que le quedaban, como afirma el biólogo Rafael Carballeira, o si, como confía el Ayuntamiento, el insecticida todavía puede salvarlo. De lo que nadie discute es del origen de la enfermedad, un escarabajo de la familia de los gorgojos natural del Asia tropical que llegó a la península ibérica en 1994 en el interior de un lote de palmeras ornamentales transportadas sin control fitosanitario desde Egipto hasta la localidad granadina de Almuñécar. Veintitrés años después, la plaga ya estaba en A Coruña. «Llegó en el 2017», sitúa Carballeira, profesor de Botánica de la Universidad San Pablo-CEU y colaborador del Grupo de Investigación en Cambio Ambiental (Grica) del Centro Interdisciplinar de Química y Biología (CICA) de la Universidade da Coruña.
El gobierno local lleva desde entonces en zafarrancho de combate para proteger el palmeral de Méndez Núñez, plantado en 1913 a 21 pesetas el ejemplar e incluido en el Catálogo Galego de Árbores Senlleiras con la inscripción 13F. La estrategia para salvar las 70 palmeras canarias (Phoenix canariensis Hort. ex Chabaud) del jardín pasa por aplicar insecticida de por vida, con breves intervalos de descanso entre tratamientos, a precios desorbitados —al menos 700.000 euros en siete años— y ni siquiera con garantía absoluta.
«Se puede proceder de dos formas, fumigar el cogollo o inyectar el producto en la base para que la savia del árbol lo vaya transportando hacia arriba», explica Carballeira. En el Relleno se decidió una combinación de las dos: punciones de acetamiprid en la parte baja y ducha no presurizada en la copa 15 días después. Y a los dos meses, vuelta a empezar.
Ojo al verano
«La protección acaba cuando el insecticida deja de estar presente en las células, pero una vez desaparece, el picudo, que está en el ambiente, puede volver. El verano es un período crítico, porque el insecto se reproduce y se dispersa mucho para las puestas. Entonces, si en ese momento alguna palmera no está protegida, las larvas empiezan a crecer. Por eso es una época de especial atención», advierte el botánico, que abunda en la relación entre el escarabajo y la planta.
«Las palmeras no tienen el tejido que les permite a otros árboles crecer a lo ancho. El diámetro de las de Méndez Núñez, que son centenarias, no varió desde su fase juvenil. El tronco es una estructura rígida compuesta por haces vasculares como cables de acero que forman un armazón y tejido viejo en el lugar del cemento. La zona de crecimiento está arriba. Allí se encuentra el tejido activo, los meristemos, que son como células madre que se multiplican constantemente. ¿Y qué ocurre? Que las larvas del picudo se alimentan de ese tejido, que después se va diferenciando para formar los órganos, las hojas, el tallo, etcétera. Son células que se dividen constantemente, con paredes más delgadas, más fáciles de digerir. De hecho, el ser humano también puede comerlas en algunas especies de palmera. Es el palmito», revela el investigador.
La memoria indiana
Las larvas del escarabajo rojo salen adelante a costa de la muerte del árbol que en A Coruña guarda el legado de la emigración y de los indianos que trajeron su capital millonario para construir la ciudad boyante que es hoy. «Las palmeras eran un símbolo, un signo de prestigio, de que allí donde crecían la familia se alcanzado cierta fortuna, y había ido bien», apunta Carballeira.
El futuro posible, añade, vendrá de la investigación, «de un tratamiento más eficaz o específico, para el que hace falta tiempo. Hasta que llegó el bicho no había problema. Pues la solución no va a aparecer de un día para otro», admite el profesor, que apela a la lucha constante. «Es cierto que algún momento el picudo puede ganar, pero hay que ser honestos y pensar que la ciudad está gastando el dinero y haciendo lo único que se puede hacer. Tener 800 palmeras con tratamiento y que todo sea perfecto es realmente imposible. Aunque sean ejemplares con un porte importante, y perderlos, claro, un fastidio».
¿Cómo es el insecto que aquí devora palmeras y en Vietnam es un manjar?
Se llama Rhynchophorus ferrugineus, no vive más de 200 días y es natural del Asia tropical. Los vietnamitas consideran sus larvas un manjar y en el África subsahariana es el escarabajo comestible más consumido. Grande (hasta 5 centímetros) y de color rojizo, sus larvas perforan galerías de un metro de longitud en las palmeras donde se hospedan hasta completar su ciclo biológico, siempre que dure el alimento o, lo que es lo mismo, la vida del árbol.
En detalle
700.000 euros en tratamientos preventivos desde el 2017, año en que llegó el picudo rojo a la ciudad.
850 palmeras censadas en espacios públicos de A Coruña.
10 ejemplares talados al año, según el Ayuntamiento.