Escaleras pavorosas, «bujeros» y rituales subterráneos, las leyendas del santuario israelítico de Sinagoga 4 en A Coruña
A CORUÑA CIUDAD
Dos investigadoras hallan material revelador sobre la casa de la «mikvé» y 36 textos inéditos sobre la calle de la judería en un vaciado documental en archivos históricos promovido por el Ayuntamiento
12 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El Ayuntamiento de A Coruña ha encargado un vaciado documental en archivos históricos para identificar y recopilar toda la información disponible sobre la casa de Sinagoga 4-4D donde se ha excavado un baño hebreo, o mikvé, que apuntala la existencia de una pujante comunidad judía medieval en la Ciudad Vieja.
Dos investigadoras de una empresa especializada rastrearon cualquier referencia del edificio y de la calle y, «dado que durante un tiempo, en el siglo XVI, se le denominó calle de la Platería, se prestó también atención a los datos con esta indicación», recoge el informe. Las autoras hallaron 36 documentos inéditos.
El primero está fechado el 24 de junio de 1555 y alude a «unas casas que se dizen da sinagoga, sitas en la calle de la Platería de dicha çibdad». Para encontrar una cita específica sobre la casa (entonces propiedad de la colegiata), hay que esperar al 2 de noviembre de 1798. Entre medias, aparecen obras, leyendas acerca de unas «escaleras negras, hondas y pavorosas que nadie se ha atrevido a bajar», comentarios de «una cisterna abierta en la peña viva» y un anuncio de un bajo «cómodo, decente y por estrenar» en La Voz de 1887, entre otros hallazgos.
1798 y 1809
Reforma por 42 reales de vellón. El 27 de noviembre el albañil Tomás Calvete entrega el recibo de una reforma consistente en «desacer una chiminea asta el tejado y algomar y subirla mucho mas a lo alto y llevantar el ogar y recorrer los tejados de dicha casa». Su salario asciende a 13,4 reales de vellón que, sumados a los materiales y al salario del peón, elevan la faena a 42 reales. Diez años después, el maestro Josef Ferrín pasa la factura de «la recomposición de la casa», iniciada el 8 de agosto y rematada el 26 de noviembre. Quince carpinteros, canteros, peones y herreros trabajan en la obra, por 17.630 reales y maravedíes de vellón.
1810
Se alquila. El cabildo arrenda la vivienda al canónigo Francisco del Río por cuatro reales al día.
1824 y 1829
Más andamios. La casa se somete a nuevas obras. Tejado nuevo, alzar paredes, componer chimenea, fayado y piso, blanquear toda la casa, y pintar vidriera suma, «salvo herror», 3.745 reales y 4 maravedíes. En 1829 vuelven los martillos, las llanas y las gubias para hacer unas reparaciones y «reconponer algunos bujeros». Doscientos años después, el Ayuntamiento ha decidido li citar un estudio para descifrar la evolución constructiva de la casa judía.
1862
Abluciones. Antonio de la Iglesia se refiere en Galicia. Revista universal de este reino a «la calle del Príncipe, tal vez en memoria de Felipe II, y la de la Sinagoga, donde aún se ve un edificio particular con la cisterna de las abluciones judaicas».
1888
Murguía, escéptico. «Es corriente que ocupaban [los judíos] la llamada [calle] de la Sinagoga, y en la cual todavía se enseña la cisterna en la que se proveían de agua. Nosotros creemos, sin embargo, que dicho depósito (...) debió ser el de la antigua fortaleza, cuyo emplazamiento debe ponerse por aquellos sitios», apunta Manuel Murguía en un repaso a la historia de la judería.
Finales del siglo XIX
Pardo Bazán y el padre Fita. El estudio recoge los comentarios del epigrafista jesuita Fidel Fita sobre la casa recogidos por Gloria de Antonio. «Según le habían advertido D.ª Emilia Pardo Bazán y D. José Villaamil y Castro, no lejos del lugar de la Palloza, en La Coruña, donde estuvieron primero las tres lapidas hebraicas gallegas conocidas, se abre la calle de la Sinagoga, cuya casa número 4 ocupa el emplazamiento del que fue santuario israelítico; del cual solo se muestran ahora una cisterna, abierta en la peña viva, y en ella un manantial de agua clara».
1907
La leyenda del monje. Equis (un seudónimo) describe los bajos de «la casa misteriosa (...), haciendo esquina a la plazuela donde vegeta el sauce llorón. Decíase que allí hay una bodega y en la bodega un hoyo con escaleras que conducen no se sabe a donde; que a los que querían bajar les faltaba la respiración en cuanto profundizaban unos cuantos metros, y que, arrojada una bala de cañón por la escalera abajo, se desvanecía poco a poco el rumor producido por el batir en los peldaños, sin que se llegase a oír el choque contra el fondo de la sima. Vayan ustedes a saber si esto fue verdad o mentira, pero durante una larga temporada se creyó como artículo de fe que por allí bajaban los judíos para celebrar sus ritos en una sinagoga subterránea de donde derivaba el nombre de la calle».
1907
Las escaleras pavorosas. «De chico he oído contar en la calle de la Sinagoga de mi pueblo que hay una casa vieja que se levanta donde el antiguo templo se alzaba y que, en esa casa, hay una trampa, por la cual descienden unas escaleras tan negras, hondas y pavorosas, que nadie se ha atrevido a bajarlas; pero que, echada a rodar por ellas, una bola de plomo, el eco de sus saltos dura tiempo y tiempo y va lentamente amortigüándose, sin que se le oiga cesar ya por el choque contra un suelo o un obstáculo», escribe en El Noroeste Micromegas, seudónimo de José Pan de Soraluce, haciéndose eco de la tradición oral.
1928
Subastan la casa. «Es de solar amplísimo, con esquina a la plazuela del mismo nombre», reza el anuncio de la puja, el 3 de noviembre en la notaría de López Rúa.