La dueña del bar de A Coruña arrollado hace un año por un coche: «Aún tengo miedo y recuerdo ese día cada segundo»

Caterina Devesa A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

Gislene, que regenta O Pinchiño, lleva gastados más de 11.000 euros de su bolsillo y todavía no ha podido reparar todos los daños. El suceso causó seis heridos

26 jun 2026 . Actualizado a las 15:33 h.

Ha pasado un año, pero Gislene Inacia Vieira, dice que recuerda «cada segundo» la jornada en la que un conductor embistió con su vehículo su bar, O Pinchiño, situado en la calle Europa, en el barrio de Os Mallos de A Coruña. «No he dejado el negocio porque todavía tengo que pagar los desperfectos, si no, ya me habría ido. Es muy duro para mí seguir aquí», dice la hostelera.

En el establecimiento hostelero todavía son visibles las marcas de aquel día. «En las paredes se ven las señales que dejó el coche al chocar contra el bar. Tuve que cambiar toda la cristalera de la entrada, las mesas, las sillas... todo el mobiliario y la tragaperras. Todavía me quedan los laterales del negocio por reparar». En ellos se ven todavía las marcas que dejó el coche, un BMW. Gislene ha abonado la mayor parte de los gastos de los desperfectos de su propio bolsillo. «Llevo gastados 11.600 euros. El seguro me dio poco más de 2.000. Como dicen que los daños son producto de un hecho intencionado, el responsable es el autor de los desperfectos». Este hombre, de acuerdo con Gislene, está en prisión. «Está en la cárcel, pero de él no voy a recibir ni un euro, ya que tal y como me había avanzado mi abogado, se declaró insolvente. Así que, como ni él ni el seguro se hacen cargo, me toca pagarlo a mí», lamenta la mujer, que añade: «El Ayuntamiento me obliga a pagar a una aseguradora por si se produce algún daño en la terraza, pero luego esta no responde, así que no entiendo por qué tengo que seguir teniendo un seguro para ello».

Daños de más de 11.00 euros

El suceso se saldó, además de con los numerosos daños materiales, con seis heridos leves, pero, tal y como señala, Gislene, pudo haber sido peor. «Estábamos nueve personas, yo me rompí dos costillas, otra clienta sufrió daños en un pie...todos tuvieron algún problema. Y tuvimos suerte porque pudo haber algún muerto», indica la hostelera. Más allá de los daños físicos, Gislene subraya las consecuencias psicológicas del siniestro. «Yo todavía tengo miedo. Muchas veces me agobio estando dentro del bar y quiero irme», manifiesta.

Para ella, que llegó hace casi veinte años desde su Brasil natal a Coruña, el día que el conductor arrolló con su coche su negocio todo cambió. «Desde que vine a España trabajé siempre en la hostelería, pero desde que pasó esto ya no me gusta. Cuando algún coche para justo delante de bar, ya me entra angustia. Si estoy sola, cierro el local porque lo paso muy mal». Gislene lleva al frente de O Pinchiño desde hace seis años. «Tengo alquilado el local, entonces no puedo dejarlo hasta que reponga todos los daños. Cuando lo haga, lo más seguro es que lo deje», apunta.

De hecho, la hostelera dice que, si ese día llega, es muy probable que abandone para siempre la hostelería. «De por sí es un trabajo sacrificado, pero desde que ocurrió esto no me siento segura. Creo que llegué ya a mi límite y no tengo ganas de seguir», doce Gislene, que intenta estar siempre acompañada en el local por el temor a que pueda ocurrir algo similar.

La hostelera no conocía al autor de los destrozos, que agredió a la supuesta expareja de su mujer

Sobre el hombre que se empotró con su coche en el negocio hace justo un año, Gislene, responsable de O Pinchiño, indica que no era cliente del bar. «No lo conocía. Llegó y aparcó el vehículo delante. Entonces empezó a darle puñetazos a otro varón, que sí venía frecuentemente al local. Este chico estaba con una chica que supuestamente era la mujer del agresor. Ella tampoco era clienta, vino alguna vez ocasionalmente», relata Gislene. De acuerdo con otros testigos, el agredido sería la expereja de la chica.

El varón que embistió el bar llegó muy furioso, pero en ningún momento los presentes se imaginaron lo que iba a ocurrir. «Yo no sé si estaba o no borracho, pero tenía mucha fuerza para estarlo porque le dio varios puñetazos al otro hombre. Los dos cayeron al suelo», señala Gislene, que dice que no ha vuelto a ver a ninguno. «Cuando el hombre estampó su coche contra el bar, al que agredió previamente le cayeron varias botellas de las mesas y se cortó la nariz. Estaba sangrando», recuerda la mujer, que dice que el conductor también la amenazó a ella. «Me dijo que me iba a matar».

Los hechos ocurrieron a medianoche y el autor fue detenido al mediodía del día siguiente. Cuando declaró dijo que había mezclado vino y pastillas. Tenía antecedentes penales, con 24 detenciones previas. Fueron dos veces las que estrelló su coche contra el bar. Cogió velocidad metros antes y entró hasta la mitad del negocio, después, dio marcha atrás y volvió a chocar contra el local y se dio a la fuga. En su huida colisionó con un vehículo estacionado. Tras el suceso, Gislene reabrió el local 57 días después, todavía con el susto en el cuerpo.