Así fue la exclusiva boda de la gallega Gala González, la primera gran «influencer» española: «Mi familia venía de Galicia con expectativas muy altas con el menú»

Paulino Vilasoa Boo
P. VILASOA REDACCIÓN

A CORUÑA CIUDAD

Gala González, en la alfombra roja de la 1.ª edición de los Premios de la Academia de la Moda Española
Gala González, en la alfombra roja de la 1.ª edición de los Premios de la Academia de la Moda Española A. Pérez Meca / Europa Press

La coruñesa, sobrina de Adolfo Domínguez, se casó con el ilusionista John Steiner en una isla privada en Cadaqués, donde su nombre tiene una evocación especial: «Pude conectar mi familia de Galicia con el Mediterráneo»

11 jul 2025 . Actualizado a las 18:29 h.

La coruñesa Gala González no pudo elegir para casarse un lugar donde su nombre tenga mayor cualidad evocadora. En Cadaqués, a apenas un kilómetro de la casa donde Salvador Dalí vivió hasta el fallecimiento de Gala, mujer y musa del pintor surrealista, la influencer y diseñadora gallega se dio el «sí quiero» con el ilusionista John Steiner. Fue una boda de ensueño, exclusiva, en la casa de localización inmejorable que la madre del novio tiene en la localidad catalana, y donde se crio buena parte de su infancia. «Tiene un emplazamiento único porque la casa y el jardín forman una península envuelta por el mar», destacó la novia a la revista ¡Hola!, que le dedicó por completo su última portada y donde desgranó los detalles del enlace, para el que pensó, en cada pequeño detalle, en su familia de Galicia.

La coruñesa no podía fallar. Sabía que las expectativas estaban muy altas. Gala González no es una cualquiera. Sobrina política del diseñador ourensano Adolfo Domínguez —su mujer, Elena González, hermana del padre de Gala, acudió a la boda como invitada—, su trayectoria ha estado siempre vinculada a la moda, como no podía ser de otro modo. No es casual que se convirtiese, en su día, en la primera gran influencer de España, cuando tal palabra ni siquiera existía. Nacida el 16 de marzo de 1986 en A Coruña, inició con solo 21 años su blog Amlul, que se erigió en icono y referente para las influencers que estaban por venir en los años siguientes, y que acabaría dando nombre a su marca de moda ética y sostenible.

En su exclusiva boda no faltó detalle. A pesar de ser en pleno Mediterráneo, la coruñesa quiso tender un puente único a su familia de Galicia. Eligió la noche más mágica del año, la de San Juan, que tanto predicamento tiene en su A Coruña natal, para desposarse. Y el mar, aunque fuera el que baña las costas de Cadaqués, le servía para conectar con la tradición marinera de su tierra. «Pude conectar mi familia de Galicia con el Mediterráneo», destacó sobre el emplazamiento único del enlace.

También pensó especialmente en ellos para el menú. Es consciente de que el paladar gallego está malacostumbrado a la altísima calidad culinaria, especialmente en producto del mar. Y no podía defraudar, a pesar de que muchos de los invitados eran extranjeros y eso establecía ciertas complicaciones. «Queríamos un menú fácil para todos los que venían de fuera», explicó a la revista, «y creo que supieron plasmar perfectamente lo que queríamos y hacerlo muy ameno y atractivo también para mi familia, que venía de Galicia con expectativas muy altas».

También en los regalos que ofrecieron a los invitados hubo un toque que conecta con el marisqueo gallego. Como homenaje al mar de Galicia dieron como obsequio unas zamburiñas de cerámica realizadas por el artesano Diego Nino, amigo íntimo de Gala. Con ese presente homenajeaban también al perrito adoptado de la pareja, Zambu —apócope del bivalvo tan apreciado en nuestra gastronomía—, que además tuvo un papel central en la ceremonia, ya que, enfundado en un simpático frac, llevó las alianzas para el enlace.

Pero esto solo fueron un par de detalles de todos los que tuvieron los novios para con sus invitados. Ya desde la víspera, tenían todo preparado para que las jornadas fueran lo más amenas posibles. Para la llegada de los 200 invitados llegados de sitios tan diversos como Estados Unidos, México o Japón, los novios tenían preparadas todo tipo de actividades. «Salidas en barco, cenas, workshops de yoga y pilates para los más madrugadores», enumera la revista sobre la jornada del 22 de junio. Después, preboda en el Cap de Creus, donde cerraron el restaurante para ellos y pudieron disfrutar de vistas únicas. «Se puede ver Francia conectada con España», resaltó la influencer, que llevó a esa cena un vestido de Dior, con casquete joya y zapatos Jimmy Choo.

En la propia fecha del enlace, el escenario cambió a la casa familiar que el mago tiene en Cadaqués. A medio camino entre París y la localidad catalana se crio el novio, aunque nació en Suiza. Su madre, la escultora y pintora danesa Jessi Rask, se enamoró cuando era joven del enclave mediterráneo y compró la vivienda que ahora han usado para el enlace. El padre del chico era uno de los mejores jugadores de póker del siglo XX y muy conocido en la jet set internacional, Eric Stainer.

Se prepararon en habitaciones separadas de la vivienda familiar y, para el enlace, se desplazaron a la pequeña y exclusiva isla contigua de S'Arenella. Él llegó del brazo de su madre, vistiendo un esmoquin de Armani. Muy nervioso, esperaba a la novia. Empezó a sonar entonces Carribbean Blue, de Enya, y Gala sorprendió a todos entrando con un espectacular vestido de Sybilla de satén color marfil. «Quería confiar en alguien que entendiera la costura con un punto de vista muy emocional y sobre todo, que fuera una firma Made in Spain», destacó la gallega, «Sybilla es una mujer a la que he podido admirar a lo largo de estos años».

Incluso su familia de Galicia se sorprendió al ver el vestido. «A mis padres les gustó muchísimo y, al mismo tiempo, les impactó por lo inesperado», confiesa. No era para menos. Llevaba tirantes de joya que recorrían la espalda descubierta y una falda larga y recta con una arriesgada cola de sirena. Pero fue todo un acierto. Lo acompañó de pendientes de oro blanco y diamantes de Cartier, zapatos hechos a medida de Pedro García y un tocado de tul de seda blanco realizado por Betto García. Y un maquillaje sencillo, con sus pecas realzadas, un punto de incipiente bronceado natural propio del mes de junio y los labios en tono nude.

La ceremonia fue oficiada por un amigo íntimo de la pareja, el actor francés Stany Coppet, uno de los protagonistas de la serie El príncipe. Todo ello desde un altar inspirado en el arte surrealista de Dalí, al igual que el resto de la decoración de la ceremonia y el banquete. Había una temática clara, aderezada por la combinación de negro y naranja: «From Sunset to Sunrise» («Desde el ocaso al amanecer»). No en vano fue la luz del atardecer la que bañó la ceremonia y los primeros rayos del sol de levante los que marcaron el final de la velada tan especial. 

Porque después, la fiesta continuó. Pero Gala, como no podía ser de otro modo dada su pasión por la moda, se cambió de vestido para el baile. Se enfundó entonces un un traje negro transparente de Isabel Marant.

Pero no todo salió como habían esperado los novios. Hubo un pequeño, pero divertido, contratiempo ya durante el banquete. La pareja tenía preparada una sorpresa muy especial para sus invitados: un flashmob, como se le llama a una movilización que parece espontánea pero que está milimétricamente preparada. Se suponía que invitados de diferentes mesas iban a participar de un repentino baile al son de Banana Boat, la conocida canción de Harry Belafonte que cuenta con una cómica escena en la película Bitelchús. Pero la cosa no salió bien. «No funcionó nada ni salió como estaba planeado, pero terminamos igualmente todos levantados y bailando encima de las mesas». No puede evitar reírse mientras recordaba ese momento.

Gala González también contó en la entrevista a ¡Hola! cómo se conocieron ella y su ya marido hace ahora siete años. Una cita organizada por un amigo y que, pese a las reticencias de la gallega, acabó en enamoramiento instantáneo. «Un amigo común muy cercano nos presentó, me dijo que había conocido un chico que había crecido en España y que tenía muchas cosas en común conmigo. Yo estaba muy desconfiada, pero cuando nos presentaron fue un flechazo total», explicó. Ahora, ya son marido y mujer, aunque, como ella misma dice, realmente no cambia nada más que haber disfrutado con los suyos de un día para el recuerdo.