Belén López Cillero, escritora: «Mandaban a las niñas al centro de Adoratrices como castigo»

Antía Díaz Leal
antía díaz leal A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

GONZALO BARRAL

En su libro «El Patronato de Protección a la Mujer y su junta provincial coruñesa», López Cillero recoge testimonios de los reformatorios para niñas durante el franquismo

15 jun 2025 . Actualizado a las 00:22 h.

El Patronato de protección a la mujer se creó a principios del siglo XX para atender a las jóvenes en riesgo de caer en la trata de blancas. Pero el régimen de Franco retomó su actividad mucho más allá de la prostitución, y creó un entramado de control férreo sobre decenas de menores en reformatorios de órdenes religiosas. En A Coruña funcionaron dos, las Adoratrices en el Agra del Orzán y las Religiosas de María Inmaculada en Puerta Real y Bañobre. Belén López Cillero acaba de presentar un libro que recoge documentación y testimonios.

—El Patronato estaba organizado desde el Ministerio de Justicia. Existe una memoria que indica que en A Coruña, entre 1941 y 1965, hubo 490 internamientos. La mayor parte llegaban por orden gubernamental o de las propias familias. ¿Por qué eran internadas?

—Cuando se constituyó en el año 41, se decía que había nacido para la dignificación moral de la mujer, especialmente de las jóvenes, para impedir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de la religión católica. En realidad estaban trabajando para reincorporar a la mujer «caída». Empezaron un poco con la idea de rehabilitar a las prostitutas, pero luego eso se amplió a mucho más. Había una serie de personas, yo las llamo chivatos, podía ser el alcalde, la policía por supuesto, un señor que ellos consideraban de alta dignidad... que informaban, por ejemplo, de una chica que iba por la calle con su novio, que a lo mejor se besaban en el cine. O circunstancias familiares: que la madre se había divorciado y que convivía con otro hombre, y la niña vivía en un estado de peligro. O el haber sido violada, la encerrada eras tú.

—¿Qué ocurría cuando una de estas chicas ingresaba en un centro? Hay testimonios terroríficos de otros puntos de España. ¿Aquí también están documentados?

—El fondo del Patronato de A Coruña está descrito pero no se ha podido encontrar, hubo mucho destrozo de fondos. Yo he podido ver casi 400 expedientes en el archivo provincial de Pontevedra y el maltrato era continuo, absoluto. Todas ellas eran «imbéciles», «retrasadas», «muy ligeritas»... Era un desprecio desde el primer momento. Les hacían fregar el suelo de rodillas toda la noche, les daban palizas Luego había otro tema, que era el trabajo esclavo. Realmente las horas de clase eran a lo mejor hasta tres horas, como mucho. La tarde era para trabajar cinco, seis, ocho horas.

—Hay víctimas que cuentan que las enviaban a las Adoratrices como castigo.

—Las mandaban como castigo porque era un centro mucho más severo que otros. No podían dejar de fregar el suelo hasta acabar la pastilla de jabón. Si se hacían costras es las rodillas, les ponían unas hombreras con unas gomas y les decían que siguieran. El maltrato físico, los insultos. Pasaban bastante hambre porque no les daban de comer lo suficiente.

—Recoge un testimonio de una niña que llegó en 1987 al reformatorio de las Religiosas de María Inmaculada y salió en 1993. Esto es antes de ayer...

—El Patronato desapareció en 1985 y las menores pasaron a depender de la Xunta. Pero seguían las mismas religiosas. Cambiaron las directrices, pero el trato siguió pasando. Ella decía: «Lo peor era cuando nos dejaba la monja en el mercado de A Grela para que fuéramos por los puestos pidiendo comida. Me daba muchísima vergüenza. Era una humillación [...] Limpiar, limpiar, estudiar, coser y limpiar. A la más mínima, zas, me daban pero bien. Solo recuerdo una monja buena».

 «La gente no lo sabía, eran las monjas buenas que cuidaban a niñas»

—¿Cree que la gente de A Coruña sabía lo que estaba pasando en estos centros?

—No, no, no lo sabían. El año pasado estuvieron Consuelo García del Cid [una de las víctimas más activas, autora de un libro que relata el horror de los centros del Patronato], y Loli Gómez [su padre la violó y se quedó embarazada, y la ingresaron en un centro], y decían que se levantó gente del público, en concreto una chica que dijo que vivía al lado de Adoratrices e iban a comprar dulces y no tenían ni idea. Otro chico me dijo en una ocasión que fueron a comprar dulces y se encontró con una chicas que se estaban escapando por la ventana y le pidieron a su madre si les aguantaba las maletas para saltar. Pero en general no, eran unas monjas buenas que cuidaban a niñas con problemas.

—La Junta provincial del Patronato en A Coruña se creó en 1942. En los primeros informes hay una obsesiva fijación con las playas de la ciudad.

—Decían cosas muy curiosas, como por ejemplo que «por ser ciudad veraniega se dedica especial cuidado a las playas, y si bien es cierto que en la capital se obtuvo un resultado satisfactorio, no puede decirse lo mismo de las playas cercanas, en donde no ha sido posible desterrar el desnudismo». Y esto es una memoria del año 50.

—O sea que seguían obsesionados con las playas.

—Sí, claro, las playas las vigilaban señoritas de Acción Católica y daban sus informes. Esporádicamente el Patronato hacía unas memorias de moralidad, pasaban una serie de cuestionarios tanto a la Junta provincial como a la policía. En A Coruña no pasamos nunca de moralidad mediocre, allá por el año 50, y luego ya volvimos a caer en picado. Siempre era malo.