Un libro rescata la segunda circunnavegación de la historia, pilotada por Elcano rumbo a las Molucas para abastecer a la Casa de Contratación de Especiería concedida por Carlos I a la ciudad
07 may 2025 . Actualizado a las 18:36 h.Zarparon 450 tripulantes a bordo de cuatro naos, dos carabelas y un patache. Gallegos, andaluces, vascos, alemanes, flamencos, italianos y griegos. Hombres de mar y de armas, pero también carpinteros, herreros y albañiles para la segunda misión del viaje. La primera era llegar. De A Coruña a las Molucas, las preciadas islas productoras de especias que se disputaban los reyes de Castilla y Portugal, tres décadas después de repartirse el mundo en el Tratado de Tordesillas.
Partieron de A Coruña porque esta ciudad de 3.500 almas y su puerto privilegiado se habían catapultado a la vanguardia de la era de los Descubrimientos de la mano de un joven rey, Carlos I, necesitado de dineros para cumplir su sueño de ser coronado emperador. Y las Cortes celebradas en A Coruña se los entregó. Riquezas y lealtades. También dos peticiones. Recuperar el derecho de voto en Cortes y una Casa de Contratación de Especiería, como la que lucraba a Sevilla entera. «Cuando Galicia habló con una sola voz, fue escuchada», escribe Santiago Juega Puig, autor del volumen Galicia y la segunda circunnavegación a la Tierra. Siglo XVI, editado por Cartamar con motivo del V Centenario.
Con la sede de las especias en su poder, la ruta a Asia le pertenecía a A Coruña. Eran muchos los interesados en romper el monopolio sevillano y abarloarse a los colosales beneficios que iban a traer quintales y más quintales de pimienta, canela, vainilla, nuez moscada y clavo de olor al socaire de la Torre. La ciudad abrazó la causa como no se recuerda, construyendo hornos y atarazanas, mientras tomaba forma la expedición al Maluco, la segunda, tras el fracaso de la primera, en busca del Paso del Noroeste.
Elcano, primer piloto
Al frente de los pilotos iba Juan Sebastián Elcano, el marino de Guetaria que tomó el mando de la primera circunnavegación a la Tierra a la muerte de Magallanes en 1521 y el que mejor conocía la ruta endemoniada que aguardaba a la Armada coruñesa. Porque no era noble, no pudo ser capitán. Lo fue fray Francisco José García Jofre de Loaísa, quien además de linaje ofrecía buenas cualidades diplomáticas para trabar relaciones con las autoridades locales.
En la madrugada del 24 de julio de 1525, las siete naves levaron anclas e izaron velas en aguas coruñesas. El rey, los banqueros alemanes Fugger y Welser, el financiero Cristóbal de Haro y el conde de Andrade financiaban la expedición.
Lo que ocurrió en los 11 años siguientes fue un abismo de tempestades, traiciones, muerte y honor. Una nave se fue a pique y dos desertaron antes de atravesar el laberinto del Estrecho de Magallanes. Una tormenta dispersó a las restantes al salir al Pacífico y nunca más se reencontraron. El 26 de julio de 1526, un año después de dejar A Coruña, la capitana cruzó el Ecuador de sur a norte. Fue la última visión de Loaísa y Elcano, que otorgó testamento y ordenó donaciones al monasterio de San Francisco y la iglesia de Santiago.
Enfermos de escorbuto, muy debilitados y con la ropa hecha jirones, los supervivientes llegaron al Maluco y, lejos de recuperar la paz, durante cinco años resistieron hasta el último aliento los ataques de los portugueses asentados en Malaca. Hasta que alguien mandó parar. El rey los había abandonado por 350.000 ducados.
Eran 450. Volvieron 12. Entre ellos, Andrés de Urdaneta, el joven ayudante de Elcano que años después consiguió completar el tornaviaje, de Filipinas a México, fundando el Galeón de Manila, la primera ruta comercial que conectó tres continentes.
El Reino Unido presume de que Drake culminó la segunda circunnavegación de la historia en 1577. A Coruña parece no saber que el mérito le corresponde a la suya, completada cincuenta años antes.
Santiago Juega: «Honor es hacer lo correcto aunque nadie se entere. Y estos señores lo tenían»
«Tire usted ese libro, quémelo, no dice más que mentiras», le respondió un inglés a Santiago Juega cuando este le refutó con pelos y señales la errónea atribución a Drake de la segunda circunnavegación de la historia, conquistada por la expedición de Loaísa y Elcano. «Los ingleses están como locos con Drake y nosotros no le damos importancia, no lo sabemos», lamenta el escritor, que lleva 20 años a vueltas con el tema, «como un curioso impertinente», rastreando lo poco que guardan los archivos gallegos, lo mucho del de Indias, y lo inimaginable, como la obra The Lost Caravel que adquirió en una subasta en Australia y donó al archivo municipal para ayudar a los que vengan atrás indagando.
Juega, capaz de encontrar belleza en una expedición terrible, comparte sus dos personajes favoritos. «Me fascina Andrés de Urdaneta. Dice un amigo mío que un gigante siempre reconoce a otro gigante. Elcano lo reconoció con 17 años y lo llevó de ayudante, y estuvo hasta el final cumpliendo como un campeón. Y el otro es Martín Ignacio de Loyola. Los dos se caracterizan por cumplir hasta la abnegación. Hay una definición de honor que no sé de quién es, pero que a mí me gusta, porque es muy sencilla y muy clarita. Y dice: “Honor es hacer lo correcto, aunque nadie se entere”. Y estos señores lo tenían».
Santiago Juega presenta su libro sobre la expedición este jueves, a las 19.00 horas, en la sede de la Autoridad Portuaria