El quién es quién de los edificios del Cantón Grande: «El Cine Avenida fue el que cambió la escala»
A CORUÑA CIUDAD
Este 2025 está prevista la apertura del emblemático edificio diseñado por Rafael González Villar, tras un cuidadoso proceso de rehabilitación. Este hito marcará el final de la renovación de todo el conjunto, que comenzó a mediados del siglo pasado. Solo quedaría la enésima reurbanización de la vía, que comenzará este año
12 ene 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Y, por fin, el Cine Avenida recuperó su fachada. Como el final de un cuento, el edificio que catalizó la escala que engrandece al Cantón ha sido el último en recuperar su mejor versión. En terminar, por fin, el marco que ha envuelto al Obelisco, a la espera de su enésima reforma; que devuelva a su paseo —tercer por fin— su esencia de bulevar. Una meta que se creyó alcanzada a finales del siglo pasado. «Si cambian las casas viejas, ¿por qué no el suelo?», dijo a La Voz Antonio Malvido Fernández, jubilado de 73 años, durante la transformación de 1998.
El Cine Avenida cambia la escala
El recuerdo del señor Malvido era nítido. Él fue testigo de la sustitución inmobiliaria del Cantón Grande. Hasta la inauguración del Avenida, en 1941, esta fachada era un conjunto de veintitantas casas, de tres o cuatro alturas, que bien representaban las galerías que hoy hacen grande a A Coruña. «Fue el primero que cambió la escala. Todos los que vinieron después se fueron igualando. Y el resultado del conjunto hay que considerarlo positivo, una vez que ya se perdió toda la arquitectura histórica anterior», afirma Alfredo Vigo Trasancos, catedrático de Historia da Arte de la Universidad de Santiago de Compostela (USC).
Ese carácter casi original no es la única cualidad que da valor a la edificación. Trasancos asegura que el inmueble «es un referente de la arquitectura art decó coruñesa». Y también ejemplifica la falta de interés que hubo durante la mitad del siglo pasado por replicar las galerías coruñesas, imagen actual de la ciudad y espíritu del resto de edificios del Cantón Grande construidos a partir de los setenta. «En los años treinta, cuarenta y cincuenta, el tema de la galería había pasado a un segundo plano. Prácticamente casi había desaparecido del panorama. El Cine Avenida o el banco Hispano Americano, que también es de los años 40, no interpretan la galería», añade.
El otro valor de edificio estaba en su interior. «Los edificios no solo son caretas. Y el espacio del cine era muy valioso, muy interesante y avanzado en su tiempo. Tenía tapizados franceses. Rafael González Villar era un hombre muy culto, muy sofisticado», explica Fernando Agrasar Quiroga, arquitecto y doctor por la Universidad de A Coruña y miembro del COAG. Eso se perdió en 1998, un año después del cierre de la sala. Un incendió se lo llevó todo por delante. Elsa Urquijo, la arquitecta de confianza de la familia Ortega, es la que tiene la tarea de devolver el lustre al espacio.
El primero pero no el pionero
El Cine Avenida fue el edificio que inició la transformación del Cantón Grande. Pero fue la respuesta ante un coloso de hormigón de casi 40 metros de altura, un paracaídas con origen en Chicago, que se implantó a pocos metros de distancia, en el Cantón Pequeño. «La inauguración del Banco Pastor en los años veinte es lo que hace subir la escala de la ciudad y marcar la senda del Cantón Grande», explica Alberto Fuentes-Valcárcel, arquitecto. Hoy es la sede del Banco Santander.
La construcción de Antonio Tenreiro, encargo de Pedro Barrié de la Maza, marca la altura y el estatus de la floreciente urbe de los años veinte. «Para A Coruña fue un subidón, estamos hablando de una ciudad que siempre había tenido ganas de despegar, que registraba un incremento de población fuerte en los años veinte y que tenía un incremento económico. Una situación que se ve reflejada físicamente en este edificio, como un templo de la nueva cultura económica, de un banco a la altura de los americanos o los ingleses. Fue una apuesta de futuro muy clara, fue como una profecía que luego se cumplió».
A este símbolo económico le sigue, después del Cine Avenida, el edificio del banco Hispano Americano, que fue inaugurado en julio de 1950. Trasancos explica que es un inmueble que todavía «busca un perfil más absoluto, incluso más clásico que el del Banco Pastor, con unas pilas de orden jónico, que me recuerdan mucho a lo que utilizaba Antonio Palacios». Juan Pan da Torre es el arquitecto que firma la edificación. Actual sede de la Fundación Amancio Ortega y de Pontegadea, el edificio ganó una planta más a comienzos del siglo XXI, lo que igualó todavía más la escala del Cantón Grande.
La reinvención de las galerías
La transformación de los cantones continúa junto al cine Avenida. En 1970 ve la luz el primer edificio de la nueva remesa que buscará reinterpretar las galerías coruñesas, en el número 6. Le seguirá el Edificio Granada (1974), una apuesta más arriesgada firmada por José María García de Paredes Barreda, con una fachada que utiliza vidrio de color azulado y una modulación dinámica de los perfiles de aluminio, «haciendo un guiño a ejemplos tradicionales en los que la vidriera es utilizada en las zonas altas no practicables», explica Antonio Garrido Moreno, licenciado en Historia del Arte y Arquitecto Técnico, en su obra La galería gallega: una tipología tradicional en permanente evolución.
La paulatina permuta avanza con la edificación de la Fundación Barrié, que ve la luz en 1995. El diseño lo firma el arquitecto Ramón Vázquez Molezún, quien establece la reinterpretación más parecida a las galerías coruñesas. «Es la versión más clásica y más mimética, pero si mal no recuerdo fue una imposición de los propietarios porque el proyecto de Vázquez Molezún no iba por esa línea», explica Vigo Trasancos. Más vanguardista es el trabajo realizado por el estudio Mateu i Bausells en el edificio de la Fundación ONCE, inaugurado a finales de los años noventa, que parece marcar la reinterpretación, más acristalada, del final del conjunto.
El arquitecto Álvaro Romero crea el penúltimo y estrecho edificio del Cantón Grande. Ubicación de la histórica Óptica Americana, confecciona una fachada que destaca por sus finísimos perfiles de acero inoxidable. A continuación, está la obra de Miyar Caridad, quien proyecta para la esquina con calle Nova una fachada «con un sentido alegórico o parlante que acentuaría conceptos relativos a la comunión entre la tradición y la modernidad», explica Antonio Garrido en su trabajo. Ambos edificios también ven la luz a finales de los años noventa.
Todas estas creaciones son reinterpretaciones estéticas de las galerías de A Coruña, pero ninguna es una reproducción constructiva. El gesto mimético se desarrolla a través de los muros cortina, un elemento distintivo de la arquitectura contemporánea que se originó en Estados Unidos en el siglo XX. Los expertos consultados dejan claro que esta solución nada tiene que ver con una galería. La diferencia radica en que el primero es fachada por sí mismo, mientras que la galería es una segunda piel. Detrás de esta hay un muro y una o varias puertas de acceso.
El último en llegar
La actual sede de Afundación, anteriormente la Fundación Caixa Galicia, es el último edificio en incorporarse al conjunto, con el permiso del rehabilitado del Cine Avenida, en 2006. Obra del arquitecto Nicholas Grimshaw, los expertos consultados dudan sobre si, verdaderamente, se trata de una vuelta de tuerca a la idea de galería. «Como mucho, el cristal suspendido podría entenderse como un eco de las galerías. Pero más que interpretar la galería, interpreta la verticalidad», sostiene Trasancos.
Por su parte, Fernando Agrasar Quiroga observa que el edificio es un «testimonio claro de una época en la que los bancos gastaban un montón de dinero». Valcárcel, por otro lado, destaca que la obra es el único edificio que se ha atrevido a hacer arquitectura contemporánea dentro de la ciudad. «Hay ejemplos de arquitectura contemporánea aislada, como la Domus, pero no edificios integrados en la ciudad», afirma.