La última amiga en ver con vida a la víctima del crimen de O Birloque, en A Coruña: «Ella le dijo [al acusado] que se fuera y le devolviera las llaves de casa, pero no lo hizo»

A CORUÑA CIUDAD

A.G.

La policía considera que se trata de un caso de violencia de género «de manual»

16 oct 2024 . Actualizado a las 12:58 h.

El juicio contra José Ramón Guerreiro, el acusado de matar a Mónica Marcos en septiembre del 2021 en el barrio coruñés de O Birloque, continuó este miércoles en la Audiencia Provincial de A Coruña, donde varios testigos declararon que la mujer le había manifestado al hombre su voluntad de dejar la relación y le pidió que abandonara la casa, pero el encausado no hizo caso.

La primera en declarar en la segunda sesión fue una peluquera que era amiga de la fallecida y la vio en su casa el día de su muerte, el 15 de septiembre. «Cuando me abrió la puerta estaba nerviosa y preocupada. No estaba como era ella, una persona sonriente y sociable», recordó la testigo, que desgranó el relato que le hizo Mónica ese día sobre la discusión que habían tenido la noche anterior. «Me dijo que la relación iba muy mal, que él era posesivo y celoso. Él quería toda la atención para él y ella necesitaba más espacio», apuntó la mujer, que añadió que la víctima le confesó que «le había dicho (a José Ramón) que se fuera y que le devolviera las llaves de su casa, pero no lo hizo». «Yo le dije que se fuera adonde su hijo y que cambiara la cerradura cuanto antes, pero nadie sabía que esto iba a terminar así», lamentó. Según su relato, el procesado llegó a decirle a la víctima que «si ella no continuaba con él, él se quitaba la vida». Mientras ambas estaban juntas, dijo, el varón llegó a la casa «muy chulo», se quitó la camiseta y se sentó junto a ellas. A las preguntas de los abogados, esta testigo aseguró que no vio ese día al supuesto agresor drogado, ni borracho: «lo vi normal, con prepotencia».

Otra amiga de la fallecida sostuvo en la vista que «la relación ya estaba terminada». Así se lo dijo, según su declaración, cuando fueron a comprar un regalo para otra amiga. «Ese día la note muy agobiada. Ella intentaba quitarle hierro a la situación, pero quería terminar la relación. Ella ya se lo había dicho a él. Le dijo que se alquilara un piso o lo que fuera, pero estaba terminado», remarcó. Esta testigo veía a la pareja todas las semanas porque acudían a comprar a la frutería que regentaba y se derrumbó en el juicio cuando contó que Mónica la ayudaba a recoger para irse juntas a tomar algo. Debido a su estrecha relación, la ahora fallecida le había contado que conoció a José Ramón, que vivía en Canarias, por redes sociales. Él había venido para pasar unos días con ella, pero se quedó a vivir con Mónica en su domicilio, apuntó la testigo, que aclaró, a la pregunta de la fiscala sobre qué le parecía a ella esa decisión, que «surgió, pero no era lo que ella pretendía. Ella pretendía ir más despacio y él era muy dependiente de ella».

También acudió a declarar un vecino del edificio de O Birloque que escuchó la discusión del día anterior al crimen. «Mónica le decía a su novio que se fuera de su casa», aseguró. La fiscala le preguntó si la frase concreta pronunciada fue «vete a la puta calle, vete, no te quiero en mi casa» y el varón respondió que sí. «El chico le decía que se iba a arrepentir», rememoró este vecino. Luego declaró su pareja, que estaba en la vivienda el 15 de septiembre y se despertó cuando el hijo de Mónica encontró su cuerpo. Escuchó gritos de «¡abuelo, abuelo!» y más tarde, a una vecina que dijo «está muerta».

En el taxi, «exaltado»

El siguiente en hablar fue el taxista que lo llevó al aeropuerto de A Coruña para coger un vuelo a Madrid, ya que el acusado que ahora se enfrenta a 25 años de cárcel huyó tras supuestamente cometer el crimen. «Entró exaltado y me dijo "rápido para el aeropuerto"», cuenta el conductor, al que el procesado le contó que estaba en Galicia solucionando una herencia y que se marchaba enfadado. «Olía a alcohol pero no iba borracho. Era consciente de lo que decía, no se tambaleaba ni nada, como si se hubiera tomado una cerveza», consideró el taxista. Tras él, tomó la palabra en la sesión un trabajador de una compañía aérea que le vendió un billete a Madrid a José Ramón y lo vio «nervioso».

Esta segunda jornada contó también con las aportaciones de dos policías. El primero fue el responsable de la unidad de Violencia de Género, que señaló que la víctima presentaba «tres lesiones muy claras» y «no había en ella evidencia de conducta defensiva». Además, concluyó que este crimen es «una muerte violenta en el ámbito de la violencia de género, de manual», porque se trata de una persona que tiene dos antecedentes y «hay semejanza entre lo que ocurrió en el 2020». «Es una persona que todo apunta a que es violenta, no repara en el uso de las armas blancas a lo largo de su vida. Es acosador y controlador. Usa la amenaza como arma. Utiliza la influencia sobre la víctima. El intentar dar compasión, ese chantaje emocional, es muy propio de la violencia de genero. También es propio el uso del suicidio para generar ese sentimiento de culpa», indicó.

Finalmente, un agente de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) confirmó que en la inspección ocular no vieron «ninguna herida de defensa o sorpresa», por lo que apreció que debió ser «un ataque sorpresivo».

Está previsto que el juicio, que se celebra con Tribunal del Jurado, continúe hasta el 24 de octubre y el acusado ya declaró el martes, cuando alegó que actuó bajo los efectos del alcohol, pastillas y fentanilo. La Fiscalía y la acusación particular piden para el encausado 25 años de cárcel por asesinato, mientras su defensa reclama la libre absolución al sostener que está eximido de responsabilidad penal porque tenía alteradas sus capacidades cognitivas y volitivas.