Así torturaron a un opositor venezolano que vive en A Coruña: «Me enrollaron un alambre y me electrocutaron las partes íntimas»
A CORUÑA CIUDAD
Edgar José Romero, represaliado por el régimen venezolano, montó la asociación Venezolanos en el Exilio para darles voz a aquellos compañeros capturados que no la tienen
24 ago 2024 . Actualizado a las 18:29 h.Frente a la Delegación del Gobierno, se reunieron este sábado diferentes asociaciones venezolanas para solicitar la creación de una comisión humanitaria por parte de la Administración española, para interceder a favor de los presos políticos en Venezuela.
Frank Vega, integrante de Soberanía Ciudadana, es contundente: «las elecciones en Venezuela son una apariencia, no son reales. Siempre ha sido así. Esta vez se les ha ido de las manos el control del exilio, entonces ahora está habiendo unos cambios en Venezuela muy drásticos, pero también la triste realidad es que en este momento la dictadura está consolidada».
Continúa diciendo que «el Supremo de Venezuela comunicó, en su sentencia de ayer, que reconoce a Maduro. Entonces hay que pasar a otro tipo de modelo de oposición. Aquí se puede hacer mucho. Y una de las cosas es esa comisión humanitaria. Hemos presentado oficialmente una petición de reunión con el delegado del Gobierno, junto con el exilio venezolano. Pero estamos hablando de asociaciones legalizadas en España, institucionalmente hablando. Nosotros vamos a llevarle jurídicamente el planteamiento de todo el derrotero legal de esa comisión».
Ante una posible negativa, el siguiente paso sería «llevarlo a lo contencioso, y que se multiplique en todas las ciudades; primero gallegas, y después ojalá que de toda España. Porque esto no es de una asociación, es del exilio en general, es impersonal».
Otro de los presentes era Edgar José Romero, miembro de Venezolanos en el Exilio. «Es la plataforma que estamos conformando. Nuestra máxima es darles voz a ellos, a los presos del régimen de Maduro, que no tienen voz», declaraba.
«Allá, para empezar, cualquier persona que sale a protestar ya es un enemigo del régimen. Yo estaba estudiando nutrición y por el descontento que veíamos de cara al futuro, empezamos a protestar en el 2014», comenzaba Edgar su relato. «Caí preso, porque me pusieron como líder de protesta. Casualmente mi apodo resonó, y me sacaron de mi lugar de trabajo. Yo trabajaba en un café dentro de un colegio. El capitán Armando Perche Párraga me sacó junto a tres soldados. Luego, cuando me llevaron al comando de la Guardia Nacional, ahí estaba el comandante Jerry Camacaro. Al llegar allá, me empezaron a moler a palos».
Sus métodos de tortura son crueles y diversos: «Me pusieron una bolsa en la cabeza con Baygon, que es como un insecticida, lo echan en la bolsa y te la colocan en la cabeza. Luego, me daban con una porra en la cara, porque querían que les diera los nombres de mis otros compañeros. Realmente yo ni siquiera sabía quiénes eran. Y como mi nombre ya estaba anotado en una pizarra desde el 2014, ellos me adjudicaron cosas que ni siquiera yo había hecho, porque también había más personas que tenían mi apodo», dijo.
Acto seguido, le enviaron al Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), «y ahí empieza lo peor: corrientes, golpes, me tapan la cara, me ponen foam y esposas en las muñecas, me colocan los dedos atrás, me los enrollan con un alambre y me empiezan a dar corriente. En mis partes íntimas, también. Los golpes nunca se ven. Me metieron los pies en un cubo de agua, y corrientes ahí también. Te ponen como una especie de alfombra en el tórax y te dan golpes, para que no te quede marca. Fueron 7 horas de esa manera: golpes y golpes, que quién me pagaba, que con quién estaba yo, dónde estaban los demás… Y a nosotros realmente nadie nos pagaba. Uno salía a la calle simplemente por un descontento y para luchar por un mejor futuro. Tú estudias, y quieres ejercer y crecer en tu país. Pero bueno, no resultó», confesó.
Al día siguiente, lo trasladaron al comando de la Guardia Nacional. «Y cualquier guarda que llegara, decía: "este es el chico del 2014. Hizo esto, esto y esto». Y una paliza tras otra. Cada vez que yo les provocaba, agarraban y te sacaban, o te escupían. Ellos mascaban tabaco, que es negro, y te escupían con eso como para humillarte. Así fueron más de 100 días, con el mismo método», comentó Edgar.
Sin embargo, su historia tiene un final feliz: «Yo tuve la suerte de salir por influencia de profesores y de abogados. Estamos aquí simplemente por mis compañeros. A uno de ellos, amigo mío, lo pusieron como si hubiera participado allá en una revuelta, y todavía está preso. Él es un ingeniero informático, se llama Gabriel Barro, y lleva ya 7 años encarcelado. Tiene más de 20 audiencias diferidas, y de 500 pruebas documentales, sacan 1 semanal. Estamos aquí por él, y por otros compañeros que también están retenidas hace años y tienen un retardo procesal grande. Queremos ver si se puede hacer una convención humanitaria donde ellos puedan tener un chequeo médico, y constatar si tienen buena salud», finalizaba Edgar su relato.