Tango, el labrador recogido nueve veces por los laceros y ahora atado a las puertas de la perrera de Abegondo

R. Domínguez A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

Las cámaras de Servigal captaron a una persona dejando al animal y a un samoyedo registrado en Asturias enganchados a la verja de la residencia  Do Pazo. El Seprona investiga el caso y en el centro canino no dan crédito: «Los dos tienen microchip; el que lo hizo no vio Barrio Sésamo», ironizan

12 jun 2024 . Actualizado a las 11:58 h.

La imagen de los animales, de pie desde las cinco de la madrugada porque el metro de correa con el que los ataron no les permitió acostarse, apena. Así se encontraron los empleados del centro canino Do Pazo, en Limiñón (Abegondo), a dos perros este martes a las nueve de la mañana. A un par de metros de ellos, un táper con pienso que tampoco podían alcanzar. La sorpresa fue todavía mayor cuando se acercaron, ya que uno de ellos es un conocido de la casa. Ya había estado no una, ni dos, ni siquiera tres veces, en la perrera de Servigal. Tango, un labrador mestizo de 10 años, había sido recogido por los laceros en nueve ocasiones, la última el pasado 29 de diciembre.

«Nuestra sorpresa fue comprobar que los dos tienen microchip», confirma Rosa Guerra, gerente de la instalación que da cobijo a los animales de los concellos del Consorcio As Mariñas, en A Coruña. «Quien lo hizo, no vio Barrio Sésamo», ironiza la veterinaria, Noemí Seijo. Aunque «no vienen maltratados», ambas están visiblemente indignadas por el suceso, que ya está siendo investigado por el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil. Para ello, cuentan con los datos de los dispositivos implantados en ambos perros, que han permitido saber, por ejemplo, que el samoyedo blanco está registrado en Asturias. De Tango, negro como su destino, ya casi ni les hizo falta mirar. Conocen el nombre de quién figura como su propietario, al menos oficialmente, y se trata de un vecino de Cambre.

«Esto no se hace, es un despropósito; a Tango lo tuvimos que recoger de la calle nueve veces porque a su dueño se le escapó, pero si a ti se te escapa tu perro, llamarás para preguntar por él, ¿no?», se pregunta Guerra con claras dudas sobre los extravíos previos ahora que se lo han vuelto a encontrar atado a sus puertas. «Cuando le notificábamos al dueño que estaba aquí, pagaba la tasa de recogida y punto. Siempre dicen que se les quedó el portal abierto», incide Seijas. «Nueve veces son muchas», apuntan, y no quieren ni pensar qué hubiera pasado si los animales hubieran logrado soltarse del portal: «Si consiguen escapar y salen a la carretera, podían haber provocado un accidente».

Los agentes ya han visionado, además, las imágenes grabadas por las cámaras de vigilancia, aunque poco aportan. «Solo se ve a una persona con capucha que llega en coche de noche, los amarra y se va; va con la cabeza tapada y conocía bien el ángulo muerto de la cámara, no se le reconoce, y la matrícula tampoco se lee», explican desde Servigal. 

Serán las autoridades los que contacten con los propietarios que figuran en el registro electrónico del microchip mientras en el centro Do Pazo cuidan de ambos perros. Será por la costumbre, pero Tango «está bastante tranquilo», asegura Noemí. No es el caso de del samoyedo blanco, que «está fatal». Mientras los agentes hacen su trabajo, en Servigal ya se han puesto manos a la obra para tratar de dar un hogar a sus dos nuevos inquilinos. «Intentaremos que los los adopten, devolverlos a sus dueños no se contempla», dicen. 

.Ante lo ocurrido, ambas explican que en caso de no poder hacerse cargo de una mascota no es necesario recurrir ni a la nocturnidad, ni a estos métodos. «Es tan sencillo como acudir a Servicios Sociales, ellos se harán cargo si tú, por razones económicas, por enfermedad o por cualquier causa justificada, no puedes cuidarlo; te lo recogen y ellos ya se ocupan de traérnoslo y no te cobran nada».  Aprovechan, además, para hacer un llamamiento a la sensatez y a la humanidad: «Hay que ponerse serios, esto ya no es una cuestión de una sanción administrativa; estamos hipersaturados, no nos caben más animales como para que la gente se lo tome a la ligera y te deje a dos perros mayores amarrados a la puerta», concluye la gerente.